28 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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“Jojoy”

25 de septiembre de 2010

Los portavoces mediáticos del uribismo empezaron a señalar las diferencias existentes entre la política de “seguridad democrática” del presidente anterior y la incierta política de seguridad que hacía posibles las últimas ofensivas guerrilleras, con notables bajas en ejército y policía y nuevas muestras de barbarie en los ataques. “Eso pasa dizque porque ya se fue Uribe”, comentó graciosamente un portero de mi edificio.
El golpe de las Fuerzas Militares se produce después de que las Farc pusieran condiciones a la posibilidad de un diálogo con el nuevo gobierno. Algunos de esos puntos, a su manera, los había incluido Santos en su agenda de gobierno. La ofensiva guerrillera pretendía mostrar a una organización todavía fuerte. El golpe de ayer jueves demuestra lo contrario: la tremenda vulnerabilidad de la organización.
Se supo que la operación había sido posible con la colaboración de guerrilleros infiltrados. Como en la operación “Jaque” y en otras operaciones exitosas de la fuerza pública, el impacto negativo es militar y psicológico. A la desmoralización de saberse vulnerables desde dentro, se añade el efecto que producen la búsqueda de culpables y las medidas de retaliación dentro de la organización.
Es un flanco abierto por las fuerzas del Estado, difícil de cerrar con la llamada “mística revolucionaria.” A mayor represión interna, mayores posibilidades de deserción y colaboración con el “enemigo” externo.
La muerte de “Jojoy” aleja por ahora la posibilidad de nuevas conversaciones de paz. Los analistas de la revista Semana lo decían de manera más precisa: “A menos que el Gobierno envíe un mensaje a las filas de la guerrilla para que en ésta se imponga el ala política hastiada de la guerra, y haya una respuesta positiva, la posibilidad de una negociación está más lejana.”
Después de este golpe, la guerrilla no está en condiciones de imponer una agenda de diálogo. Lo que muchos saben y pocos quieren aceptar, es que, golpeada de esta forma, se replegará por un tiempo, reordenará sus fuerzas y asomará la cabeza con acciones terroristas puntuales. Este es un comportamiento previsible en toda guerra irregular.
La teoría de las “patadas de ahogado” con que el optimismo celebra el debilitamiento de la guerrilla, tiene más de predicción espantosa que de pronóstico tranquilizador. Las “patadas de ahogado” pueden durar mucho más de lo que se desea y hacer mucho más daño del que se espera.
El gobierno colombiano tendrá que aceptar que los triunfos militares son un camino para llegar a la solución política. Y, a la inversa, las Farc tienen que pensar que el escalonamiento de sus derrotas, exige la responsabilidad política y moral de la paz. Si no es así, al no tener base política que justifique sus acciones, sobrevivirá con la desesperación de sus acciones terroristas.El Universal.

*Escritor