25 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Homo Homini Lupus.

23 de septiembre de 2010

El filósofo inglés Thomas Hobbes, en el siglo XVII, en su obra Leviatán la popularizó, cuando sostiene “que el egoísmo es básico en el comportamiento humano, aunque la sociedad intenta corregir tal comportamiento favoreciendo la convivencia”
Dicha locución se cita con frecuencia para referenciar los bajos instintos de las personas, aún para consigo mismo.
Es muy plausible la continuidad cuando está demostrado plenamente sus logros benéficos y encaminada inequívocamente a preservar y a mejorar a diario la calidad de vida de la comunidad, bajo un mínimo de respeto y consideración a la dignidad humana, de lo contrario, sería irresponsable, caótica y deplorable. Esta es una obligación inherente a la democracia y a un Estado Social de Derecho, que no puede ser trasgredida por gobernante alguno.
No se puede pretender y, además, casi un imposible el exigir que un gobernante piense, actúe, hable, camine o se vista igual que lo hacía su predecesor. Pretensión o exigencia que de manera velada se empezó a ejercer sobre el Presidente por parte de algunos parlamentarios, y uno que otro columnista, pertenecientes al mismo partido del mandatario, pero de irrestricta confianza y bajo la férula de Álvaro Uribe.
Esta situación se avizoraba en nuestro mundo político. La tranquilidad que produjo la convocatoria a la Unidad Nacional con resultado positivo por el aglutinamiento de las fuerzas políticas alrededor de programas concertados con el gobierno de Santos, empezó a tener conatos de resquebrajamiento por celos políticos infundados y voracidad en la rancia práctica clientelista, desbordado por apetitos burocráticos en los miembros del partido del Presidente.
Si bien es cierto que el partido de ‘LaU’ eligió al Presidente con una votación histórica, una bancada ampliamente mayoritaria y que es la columna vertebral de la coalición de gobierno y que cuenta con todas las condiciones para jugar un papel protagónico, también lo es, lo inaceptable e inconcebible que, a través de sus voceros, manifieste su malestar producto del egoísmo, recurriendo a eufemismos deshilvanados ante decisiones e iniciativas concretas del mandatario, asì sean  las iniciativas complementadas con las de otros partidos.
En cabeza del presidente Santos y de los Jefes de partidos o movimientos políticos que conforman la Unidad Nacional, recae la responsabilidad de procurar la consolidación de esta bien lograda coalición para bien de la patria, siendo la manera expedita de sacar avante los ambiciosos proyectos de ley que requiere con urgencia el país, con el concurso patriótico, decisivo, leal e intelectual de todos y cada uno de los parlamentarios que integran el Congreso Nacional.
La tensión o malestar que ha aflorado en algunos consentidos parlamentarios y columnistas del partido de ‘LaU’, y que no han podido disimular, descansa en hechos concretos: la independiente y acertada designación del gabinete ministerial; la recomposición de las relaciones internacionales; el respeto, la armonía  y colaboración  que recíprocamente  se dio con la rama judicial; el proyecto de ley de víctimas y de tierras, acogiendo en éstos tesis del partido liberal y polo democrático (Petro); y para cerrar faena, la distancia con Uribe que marcó Santos en el discurso de Cartagena ante los magistrados, cuando hizo evocación histórica de Santander (1832) en su posesión como Presidente.
Consideran estos obnubilados ‘uribistas’ que el presidente Santos se está convirtiendo en la ‘oveja descarriada’ del mesías antioqueño; que está dando visos de deslealtad a quien le debe la presidencia; no quieren entender ni aceptan la palabreja “prosperidad”; se sienten incómodos en el nuevo escenario político; les estorba en la coalición el partido liberal, su génesis política y al que le pagaron con la felonía; no aceptan las rectificaciones de este gobierno en aspectos fundamentales en los que nunca cedió Álvaro Uribe; se consideran en desventaja con el partido conservador frente al gobierno, o sea, pelaron el cobre como crónicos ‘clientelistas’, etcétera,.
Todas estas situaciones y resquemores oprobiosos e inicuos de la clientela política asilada en el partido de ‘LaU’, se deben proscribir de tajo y sin contemplación a amistad, compadrazgo o padrinazgo, y esto se logra con el castigo del voto por parte de la sociedad, y el gobierno cerrar la puerta a cualquier petición o exigencia parlamentaria a cambio de apoyo que tenga visos de corrupción, ya sea a través de puestos burocráticos o gabelas presupuestales.
Se comenta en los mentideros políticos que lo que si sacó de quicio y produjo urticaria en algunos recalcitrantes uribista, fue la parte final de las palabras de Santander retomadas por Santos: “Las autoridades no traspasarán impunemente la esfera de sus atribuciones. El verdadero patriotismo no será despreciado. Se podrá pensar libremente y decir con libertad lo que se piensa. Todo se hará con el voto del mayor número y para la utilidad de la nación. Nuestra gloria consiste en un sometimiento absoluto a la ley, como lo único que puede darnos, tranquilidad, libertad, abundancia, honor y dicha”.
Y, claro, como no se dio ni una sola brizna de lo anterior en el gobierno de Uribe, el relincho fue estruendoso. El ex presidente Uribe, de manera solapada y olvidando su pregón de buen patriota, respondió el discurso santanderista en la pluma de su ‘lobo’ de cabecera, Josè Obdulio Gaviria, en su columna de El Tiempo (Sept. 14 de 2010), en donde se viene lanza en ristre contra Raimundo y todo el mundo.
Por favor, doctor Álvaro Uribe y Congresistas de ‘LaU’, se requiere con urgencia dejar de lado las inicuidades del odio, la envidia y el egoísmo y aunar esfuerzos para lograr un desarrollo integral del país, una convivencia política y fraternal, quedando a un sólo paso de la paz total. El doctor Juan Manuel Santos es el Presidente de todos los colombianos, no de determinada fracción partidista. Los Congresistas representan al pueblo, y deberán actuar consultando la justicia y el bien común, son responsables políticamente ante la sociedad y frente a sus electores del cumplimiento de sus obligaciones propias de su investidura.

Manizales, Septiembre 24 de 2010.