16 de octubre de 2021
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De la ética en lo público

7 de septiembre de 2010

Velasco Ibarra varias veces presidente del Ecuador y otras tantas derrocado, tuvo siempre incuestionable autoridad moral y si bien fué populista, jamás fué corrompido.

Al paso que la vil moneda sigue revaluándose, así mismo en Colombia continúa devaluándose el ejercicio ético en lo público, al punto de hallarnos en un basurero en el que, con rarísimas excepciones, no se da puntada sin dedal y las ratas hacen su festín.

Da pena observar, sin poder hacer nada distinto a lamentarlo, como gobernantes intachables son presa de jaurías voraces que se instalan a su alrededor para depredar los fiscos, con conjurados, llámense contratistas o asesores, unas verdaderas pirañas.

Se trata de pequeños círculos de amistad íntima que, entrenados de atrás en procedimientos criminales, no dejan huellas que delaten sus malos procederes y que, llegado el caso, repelen cualquier cuestionamiento con un “más sufre el velón que el dueño de la olla”,  frase que me resulta graciosa en labios de persona que me es muy cara.

Los perdularios tienen una característica que los delata: en la medida que repletan las cuentas bancarias y de reses sus haciendas, de la misma manera les van creciendo las barrigas y los cachetes, al punto que uno pensaría que van a morir por exceso de sebo.

Pues bien señores. Estamos ante la necesidad de darle un giro de ciento ochenta grados al ejercicio burocrático, para volverlo a entroncar con un profundo sentido del buen comportamiento. Se requiere volver a tener al frente de los cargos de responsabilidad en la administración pública a ciudadanos íntegros, de esos que simple y llanamente se contenten con el sueldo, la secretaria, el carro y el chofer.

Claro que por ahí hay otra categoría de vulpejas disolutas que le roban el tiempo al Estado y el tiempo si qué vale, porque es oro. Y creen que nadie se da cuenta.

Bueno, para comenzar propondría que, a semejanza de los reinados de belleza, el pueblo eligiera los reyes del peculado, del cohecho y de la concusión, para escarnecer a todos esos patibularios y dar ejemplos demostrativos de lo que una sociedad sana no debería permitir que sucediera en sus propios hocicos.

Tiro al aire:
de las investigaciones por corrupción quedan a la par muchas preclusiones y otros tantos millonarios. La total desgracia, exaltados todos al altar de la democracia por falta de pruebas.