15 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Pedagogía: Sexo, Aborto y Drogadicción

28 de agosto de 2010

Así, las consecuencias sociales y de salud, serán menos dañinas, y se crea en ellos, el sentido de responsabilidad compartida frente a hechos cumplidos.  
Este problema, debemos entenderlo y enfrentarlo con criterio de razonamiento lógico, investigación y pedagogía. Cuando suceden casos colectivos que lamentar, aparecen los redentores y predicadores del problema. Debe ser tema permanente y de constante preocupación por parte de Padres de Familia,  Autoridades Educativas, Salud Pública y de Policía. Es el diario convivir, donde está en juego,  el futuro de nuestro sociedad.
Aunque nos cueste creerlo, hay que aceptar que, los tres elementos enunciados, se apoderaron de nuestros jóvenes, generando problemáticas sociales que van íntimamente ligadas y asociadas, debido a ambientes hostiles y comportamientos disimiles de los últimos tiempos, provocados por ausencia de orientación y pedagogía, primariamente en los hogares, y posteriormente en los centros de formación. Lamentablemente, estas conductas son promovidas por comerciantes inescrupulosos, pero, lo más grave,  ante la indiferencia de muchos padres de familia que no les importa el que hacer de sus hijos; la sociedad y las autoridades.
Es importante, que en lugar de propiciar debates sin juicio y sin fundamento, que a nada conducen, se analice con pleno conocimiento de causa, esta grave  situación que está permeando todas las capas sociales, y de cara a las estadísticas que nos muestran la cruda realidad, se busquen urgentemente soluciones que permitan una salida definitiva.
Nuestras juventudes, se están ahogando en medio del sexo, el aborto y la drogadicción; conjugado con frecuentes suicidios y delitos atroces. Es increíble que, por esta causa, los menores de edad de ambos sexos, de todos los estratos sociales sean promotores de conductas delincuenciales dentro y fuera de sus hogares y establecimientos educativos.
Es peligroso para una sociedad como la nuestra, enconcharnos en la mojigatería y no aceptar programas pedagógicos, orientados a solucionar por lo menos en parte, situación tan crítica que prácticamente se ha convertido en: problema de seguridad y de Salud Pública para las autoridades; de dramas familiares en miles de hogares que padecen el embarazo de una de sus adolescentes, o el tener que soportar la drogadicción, el encarcelamiento o el suicidio de uno de sus hijos.
Independientemente de si el aborto, la sexualidad y la drogadicción, entre menores, es delito, y apartándonos del fallo que sobre el tema del aborto profirió la Honorable Corte Suprema de Justicia; jamás debemos impedir que se dicte la cátedra sobre estos tres comportamientos, para que los adolescentes conozcan con verdadero conocimiento de causa, cuales son las responsabilidades que adquieren desde el momento en que deciden ejercer una de estas tres conductas atípicas.
Tenemos que aceptar que por ausencia de principios y valores, nuestras juventudes se están levantando con un desenfreno tal,  que prácticamente se sienten acorralados, por eso hay que tratarlos con pedagogía y profesionalismo, a fin de evitar crearles situaciones de conflictos que muchas veces los hacen desertar de sus hogares, colegios y universidades, para refugiarse en galladas, convertirse en desechables o en delincuentes de la calle; cuando no, es, que ante el rechazo generalizado, se deciden por el suicidio.   
Pienso que el debate que se planteó hace unos meses, no debe bajar la guardia, y debe ir más allá de lo que realmente sucede. Según informaciones recopiladas en centros de formación; de reclusión juvenil; públicos y privados de diversión,  a donde continúan llegando menores de edad de ambos sexos; si el combo de droga y sexo, con el seguro del aborto, no está presente, la fiesta o sitio de diversión, no son garantía y por lo tanto no amerita ser visitado.
El sentido de responsabilidad hay que empezar a crearlo desde los hogares. Sin embargo, es preocupante observar las estadísticas de la delincuencia juvenil, para comprobar que el mayor índice lo arrojan  adolecentes, que han vivido el drama de la destrucción de sus hogares. Un niño que ha vivido semejante drama, queda expósito para coger cualquier tipo de vicio. Muchas veces, lo hace como retaliación contra sus padres separados, porque le negaron el derecho a ser feliz. No olvidemos que este no es un tema únicamente de ciudades, es generalizado, tanto en las áreas urbanas, como rurales. Existen ciudades intermedias y pequeños municipios que son verdaderos laberintos de: sexo, aborto y droga.
No más discursos politiqueros sobre el tema, manos a la obra que este mal nos está acorralando a pasos agigantados.

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