14 de agosto de 2022
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Las fotos no oficiales de Caracas

21 de agosto de 2010
21 de agosto de 2010

En los tiempos que corren, ya no lo matan, solo lo censuran. Lo acaba de hacer Hugo Chávez Frías con el periódico El Nacional de Caracas, cuyos periodistas y directivos son objeto de una investigación gubernamental que podría llevarlos a la cárcel por el simple hecho de atreverse a publicar en primera página una fotografía de la morgue de un populoso sector de Caracas, en la que aparecen decenas de cadáveres apilados, a la espera de que los médicos forenses les practiquen la autopsia para certificar de qué murieron.

Para saber de qué se están muriendo los caraqueños hoy en día no hay que ser experto. Basta con leer un periódico –de esos que Chávez llama opositor, entre ellos El Nacional– para enterarse de la caótica situación que vive la ciudad por cuenta del desmadre de las Milicias Bolivarianas, creadas por el gobierno, las cuales vienen realizando una especie de ‘operación limpieza’ con el fin de eliminar a todas aquellas personas que se atreven a rebelarse contra el régimen que Chávez pretende imponer en Venezuela.

Según estadísticas publicadas por los medios de comunicación no chavistas, que han tenido que crear sus propias redes de informantes ante la manipulación de las cifras oficiales por parte de las autoridades, en Caracas, durante un fin de semana, son asesinadas entre 50 y 70 personas, lo que la ha convertido en la ciudad más insegura de América Latina y una de las más peligrosas del mundo.

Chávez no ha podido, o no ha querido, entender que las escandalosas y escalofriantes cifras no se las inventan los periodistas, sino que ellos simplemente las divulgan.

Y eso es lo que no le gusta al gobernante. Por ello le echa la culpa al mensajero –El Nacional– que se atreve a publicar las fotos que corroboran la violencia que azota hoy a Caracas. “La burguesía está desesperada”, vocifera, mientras funcionarios judiciales al servicio del gobierno allanan las instalaciones de El Nacional en la búsqueda de la cámara con la que fue tomada la imagen, para decomisarla. Nada de raro que la capturen y le hagan un juicio revolucionario por estar al servicio de la burguesía. En la Venezuela de hoy todo es posible. A Chávez –está visto– no le preocupan los muertos, sino la foto.

Ante la arremetida oficial, los periodistas de El Nacional han tenido que salir a dar explicaciones a los funcionarios del régimen. No lo hacen por cobardía, sino como constancia histórica, pues saben muy bien la suerte que pueden correr en manos de un gobierno que desconoce los principios más elementales de la libertad de expresión. Que lo digan sino Radio Caracas Televisión, que se la engulló Chávez porque no decía lo que él quería, y Globovisión, cuyo máximo accionista debió abandonar el país y pedir asilo político en Estados Unidos.

Pero lo que más preocupa no son los desmanes de Chávez contra los medios de comunicación de Venezuela. Lo alarmante es que todos sus atropellos contra la prensa independiente, cada día más frecuentes, los realiza ante la absoluta indiferencia de los organismos internacionales, que deberían velar por el respeto al derecho que tiene todo ser humano de expresarse libremente. ¿Dónde están las Naciones Unidas?, ¿y la OEA?, ¿es que acaso también ellos le temen a Chávez?, ¿son tan débiles como para no soportar un grito del déspota gobernante?

Quienes hoy se hacen los de la vista gorda y dejan que Chávez actúe con absoluta impunidad contra los medios de comunicación de Venezuela deberían saber que su actuación los convierte en cómplices de un régimen que acalla las voces inconformes y silencia a quienes se atreven a denunciar sus atrocidades. Deberían saber que todo sistema democrático se consolida y fortalece a partir de una prensa independiente y libre.

Chávez no es el primer mandatario, ni será el último, que cree que si elimina al mensajero se acaban las malas noticias. En su afán por perpetuarse en el poder –ya anunció que el tercer ciclo de la Revolución Bolivariana se extenderá “más allá del 2030”– ha decidido arremeter contra los medios de comunicación que no comulgan con sus ideas. Aquellos que se resistan, o serán cooptados o serán cerrados. No hay más opción.

Ahora que soplan nuevos vientos entre Bogotá y Caracas, no está de más recomendarles a quienes, en nombre del gobierno de Juan Manuel Santos viajen a la capital venezolana, que se entrevisten con los directores de los medios de comunicación y escuchen de viva voz el testimonio de decenas de periodistas que narran los atropellos cometidos por funcionarios gubernamentales.

Después de visitar Miraflores y tomarse la foto oficial de rigor con un Chávez sonriente, sería muy bueno que fueran a las instalaciones de El Nacional y vieran las otras fotos –las no oficiales– que Chávez no deja que publiquen y que muestran la cara amarga de Caracas. Pero el hecho de que Chávez no las quiera mostrar no significa que el resto del mundo no las quiera conocer. ¿O sí? El Heraldo.