11 de mayo de 2021
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El Quindío y la gesta libertaria

18 de agosto de 2010
18 de agosto de 2010

En realidad, el Quindío tiene poco para conmemorar, pues para la fecha del grito libertario el departamento no existía, ni tampoco se habían fundado los pueblos que lo componen en la actualidad, cuya colonización se empezó un poco antes de la segunda mitad del siglo XIX.

Lo único que nos ata a los acontecimientos es el denominado camino Nacional, paso del Quindío, una de las cuatro más importantes rutas que unían al centro del país con el sur. Las otras tres eran: el camino del Ruiz, el paso de Guanacas y el paso de Barragán, pero para 1810 ya habían prácticamente desaparecido, por falta de uso, y cobraba vigencia el camino del Quindío. En realidad, este, como muchos caminos de Colombia encontrados por los conquistadores, eran rutas indígenas, caminos prehispánicos que utilizaron y, a veces, destruyeron los españoles. Seguro es, aunque se debería de cometer una investigación arqueológica que lo confirme, que el camino del Quindío fue una ruta que utilizaron los quindíos o quindos, los quimbayas y todas las tribus que habitaron lo que hoy se conoce como el Eje Cafetero y el norte del Valle.

Miembros de la Real Audiencia, virreyes, personas importantes lo cruzaron desde 1550, utilizando varias trochas. Por esta ruta pasó la Expedición Botánica de Mutis, sin él, insignia del pensamiento independentista, así como también las tropas realistas y las libertarias. Incluso, Bolívar cruzó el camino a comienzos del mes de enero de 1830, según diversas fuentes. De todas formas, es seguro que en 1810 en el Quindío no vivía nadie, o si acaso unas muy pocas familias que brindaban cobijo y comida en el camino. Por eso, creo que el gran vínculo del Quindío con la conmemoración del bicentenario de la Independencia hay que buscarlo en las metas que se trazaron los colonizadores del siglo XIX cuando pensaron poblar estas montañas vírgenes, de riscos de viento y de palmas de cera, de leopardos, dantas y osos de anteojos; de valles de guaduales y robles, de barranqueros y zarigüeyas. Las metas que se trazaron buscaban la libertad.

Bien cierto es que el país había dado su grito de Independencia el 20 de julio de 1810, pero en Colombia la inmensa mayoría de la población seguía viviendo en condiciones de servidumbre, atados a un amo, a un señor feudal. Estaban obligados a ir, con sus hijos menores, a las guerras, por un lado, y a la sementera, por el otro, sin más retribución que la comida. Por eso, ‘volaron’ hacia las montañas selváticas del Quindío, para escapar de la servidumbre y de la guerra, en busca de un pedazo de tierra propio, en busca de libertad. Así, para esos colonos, el Quindío significaba libertad, la verdadera, no aquella de tipo político, sino la social, la que se refleja en la equidad y la paridad económica del ingreso familiar. Libertad que, ahora, nos la ha robado la pobreza a la que ha sido sometida la población. La Crónica del Quindío.