18 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿El Presidente, no me ha llamado?

12 de agosto de 2010

Intuyo, que todas tus ilusiones políticas y burocráticas, que te ofrecieron los malnacidos de tus jefes políticos, se han ido por los despeñaderos de la desilusión y con ellas nuestros pocos haberes económicos. A lo mejor los granujas esos, te utilizaron prometiéndote lo divino y lo humano. Todos los medios de comunicación hablan sin ninguna compasión de los políticos quemados. Ahí estás Tú. Si no salías de congresista, te prometieron que te daban un ministerio u otro cargo del mismo nivel, sin embargo, fuiste tan ingenio que volviste a caer, a lo mejor te sacaron más dinero. ¿Qué te está pasando Pepe? Dile, a tus jefes políticos que no te engañen más, que te dejen tranquilo, y se vayan al carajo.  
El pobre Pepe, profundamente preocupado, no tuvo más opción, que contarle todos los debacles a su esposa: mis jefes políticos también se quemaron, quedaron en igualdad de condiciones conmigo, no sacaron votos ni siquiera para ser concejal de pueblo. Pero tranquila mi amor, que yo le puse un correo al presidente de mi partido contándole mi situación y quedó de llamarme. Así es que dile al servicio a y los chinos que no ocupen el teléfono para no ir a perder semejante oportunidad.
El pobre Pepe, vencido por tremenda situación económica, no tuvo más, que remontarse de las culebras por unos días, con la esperanza de que el presidente lo llamaría, y le ofreciera un buen cargo. Todos los días hablaba con su esposa para preguntarle, si el presidente lo había llamado:   
No mi amor, el Presidente, no te ha llamado. Creo que no te llamará; eso te pasa por andar fantaseando, diciendo a todo el mundo que eres de los amigos más cercanos al él, cuando ni siquiera te conoce. Vaya tamaña exageración, ya me doy cuenta que apenas fuiste uno de los tantos carga ladrillos y pega carteles. Todos los ministerios, institutos descentralizados, departamentos administrativos y embajadas, las repartieron. Apenas quedan los puestos segundones o mandos medios; pero, con esa egolatría que te mandas a toda hora, dirás que no aceptas un cargo de esos.
Pues tendrás que aceptarlo Pepe, porque ya no doy más, con tus ínfulas de hombre de Estado, que ni siquiera te da para llegar a ser inspector de policía de vereda. No sabía que los trajes, que compraste para tu posesión como ministro o director de instituto, los sacaste al fiado. El señor del almacén ha venido a cobrar la factura varias veces, so pena de tenérselos que devolver, porque no tenemos con qué pagarlos.  
¿Qué vamos a hacer Pepe?, nuestros hijos están que los echan del colegio, porque hace más de tres meses que no pagamos pensiones. La directora nos estaba dando plazo esperando tu nombramiento en el alto gobierno, como esto no ocurrió, ya me puso los puntos sobre las íes, o pagamos o serán expulsados. Como si fuera poco, tenemos varios recibos de servicios con meses de atraso y en los próximos, nos quedaremos sin agua, luz y teléfono. No te parece Pepe, que esta es una vida muy cruel contigo. Desde que te metiste a político sin tener ninguna experiencia y preparación, abandonaste tu profesión de vendedor de la cual vivíamos como pobres, pero tranquilos, estamos todos los días más en la olla. De simples vientos democráticos y palmaditas en el hombro, no vamos a vivir; aterriza Pepe, y vuelve a coger tu maletín de vendedor, que es lo único que sabes hacer, porque, por lo menos, buena labia si tienes.  
Con tus aspiraciones al congreso, nos has hecho más que gastar los pocos ahorros que teníamos; la casa la hipotecaste y ya tenemos varias cuotas atrasadas; esta mañana llamó el abogado del banco, amenazando con mandar la obligación a cobro jurídico; como no tenemos con qué pagar, muy seguramente, la embargarán y la llevarán a remate.  Te pregunto Pepe, ¿Dónde y de qué vamos a vivir? Estamos en la encrucijada sin salida. Nuestros hijos están mal alimentados y mal vestidos.
Fuera de todo, estás debiendo los arriendos, salarios y la propaganda de tu campaña, constantemente timbra el teléfono y en el portón es la cola de culebras preguntando por ti, para que pagues. Eso te pasa por ser tan iluso, aspirar al Congreso sin tener la más mínima posibilidad. Quedaste más chamuscado, que marrano de noche – buena. Quiero ponerte de presente Pepe: nuestro matrimonio de quince años, ya está tambaleando, si no fuera por los hijos pequeños ya se habría ido al carajo.
El pobre Pepe, no tuvo más alternativa, que coger nuevamente el maletín, y salir a continuar vendiendo artículos de refrigeración. Sus clientes y amigos lo saludan con cierta sorna e ironía: “buenos días honorable senador”.

[email protected]
[email protected]