11 de mayo de 2021
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¿Y la Fiscalía qué?

17 de julio de 2010

En febrero de 2009 entregué a la Fiscalía 20 copia de la grabación del programa que motivó mi querella, emitido el 27 de junio de 2008. Estas copias fueron obtenidas mediante derecho de petición del 7 de julio, dirigido a la gerente de la Cadena Todelar, señora Jiménez Campillo.

Aporté copia de mi columna de opinión publicada el 26 de junio en El Tiempo, de Bogotá. A juicio del “periodista”, dadas las coincidencias de mi columna con el editorial de ese importante diario, éste también había sido escrito por mí. La sospecha me honraba pero era falsa: los editoriales los escriben los directores del medio y no sus colaboradores. Pero como se trataba de atacarme en mi honra y credibilidad, el “periodista” arremetía contra mí acusándome de querer robarme “unas tierras en Crespo.”
En el artículo me refería a lo que, a mi juicio, constituía una bien tramada “conspiración” contra la alcaldesa Judith Pinedo, elegida por votación popular a finales de 2007. Sus opositores cuestionaban la legitimidad de la elección, demandada ante el Consejo de Estado, demanda que antes de resolverse a favor de la señora Pinedo mantuvo durante un año en vilo a los cartageneros.
Añadí la certificación del Sr. Luís Antonio González García, presidente de la Asociación Comité Cívico de Crespo, en la cual desmentía afirmaciones hechas por el periodista, en las cuales se decía que dicha asociación me había expulsado prácticamente del barrio de Crespo “por sus pretensiones de apoderarse de tierras de manera indebida (…)”
Hace dos meses volví a tener noticias de la Fiscalía. Se me pedía aportar de nuevo los documentos entregados hacía más de un año, porque éstos se habían perdido. Lo hice ante un investigador del CTI, temiendo que si era posible que se extraviaran las pruebas aportadas por un demandante, también era posible que el Fiscal del caso estuviera actuando con negligencia o de manera indebida en una querella que afecta la honra de un escritor que cada semana se expone al veredicto ético de sus lectores en la prensa local y nacional.
No cito el nombre del demandado porque, más que en lo personal, mi querella busca señalar la inmoralidad de ciertos “periodistas”, cuyas prácticas profesionales han consolidado en las provincias lo que llamo un periodismo mercenario, implacable en los ataques a personas e instituciones que no pautan en sus programas, complacientes hasta el delirio con aquellos que les conceden publicidad.
Me desconcierta que, hasta ahora, mi querella duerma el sueño de los asuntos insignificantes. Para mí no lo es: se trata de un asunto de gran significación dentro del periodismo y la justicia. Y, más allá del periodismo, se trata de buscar y encontrar justicia cuando la honra e imagen pública de un ciudadano ha sido afrentada con calumnias y difamaciones que el respetable ente investigador no puede dejar en la impunidad. El Universal.

*Escritor