11 de mayo de 2021
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Una tumba llena de secretos

18 de julio de 2010
18 de julio de 2010

Rommel Hurtado García

Foto: 'La Crónica del Quindío'
Hurtado García murió instantáneamente. Su sicario, escondido en un humilde sector, murió en enfrentamiento con la Policía.

Hurtado comenzó a ser visible para las autoridades el día en que contactó a un oficial del Bloque de Búsqueda —estructurado por el presidente César Gaviria para dar con el paradero de Pablo Escobar— y puso sobre la mesa su carta: los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela querían someterse a la justicia. Pero, les habría dicho Hurtado, el Bloque debía abandonar la persecución contra ellos. “Nosotros creemos que él era el consejero legal de los Rodríguez, nos sorprendía que hubiera sido viceministro”, le dijo a este diario un ex integrante del grupo especializado.

Hurtado quedó bajo la lupa de las unidades antimafia que poco a poco fueron deshilando la madeja hasta que, en un allanamiento, encontraron comprometedores documentos relacionados con la contabilidad de los Rodríguez Orejuela. La Fiscalía concluyó que la empresa Inversiones Ara Ltda. se había convertido en una gran fachada de los jefes del cartel de Cali para financiar a políticos. Los ex congresistas Armando Holguín, Rodrigo Garavito, Álvaro Benedetti y José Guerra de la Espriella aparecieron en las cuentas y también Hurtado, tras la aparición de diez colillas de cheques a su nombre que sumaban $90 millones.

Los cinco fueron condenados por enriquecimiento ilícito en la efervescencia del escandaloso 8.000. “Para ese entonces ya era vox pópuli en los pasillos de la Policía y del mismo Ejército que Hurtado era uno de los enlaces de los jefes del cartel de Cali”, le dijo a este diario uno de los oficiales que trabajó en la captura de los Rodríguez. Sin embargo, ahí no pararon las polémicas en las que se vio atrapado el político quindiano. En octubre de 1998, miembros del CTI inspeccionaron su casa y encontraron una caja fuerte con 34 comprometedores documentos, todos relativos a la época del Proceso 8.000 y del asesinato del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado.

A pesar de sus orillas ideológicas opuestas, Hurtado y Samper eran grandes amigos. No obstante, paradójicamente, entre los papeles figuraban los rotulados “Análisis del juicio a Samper en la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes” o “Cómo están las relaciones Estados Unidos – Colombia”. En otros, llamados “Acto de poder constituyente” y “El manifiesto de los golpistas” (este último firmado el 10 de agosto de 1995 en la Casa Medina), se leían sendos debates sobre cuál sería la suerte de Samper y quiénes podrían reemplazarlo en el poder. Supuestamente, Hurtado les llevó a los Rodríguez personalmente dicho manifiesto.

En su defensa Hurtado García, hombre de estrechos vínculos con la inteligencia militar, dijo que tales documentos habían llegado a su casa de forma anónima y que, a su vez, se los había enviado al presidente Samper a través del senador Roberto Gerlein. Pero las suspicacias sobre él seguían recayendo. Trece de esos informes habían sido redactados por el coronel (r) Gustavo Castro Peña, miembro de Inteligencia del Ejército y, según la Fiscalía, activo participante en las tertulias que se efectuaron para conspirar contra Samper. Tres más tenían la firma del historiador santandereano Hugo Mantilla. Los investigadores de la muerte de Álvaro Gómez Hurtado también fijaron su atención en estos papeles.

Hurtado se había retirado de la arena pública y había vuelto a su tierra natal, en donde hizo al menos 80 denuncias de corrupción en los últimos tres años. Dos nombres, en particular, lo ocuparon largo rato: David Barros Vélez —ex alcalde de Armenia, detenido en diciembre pasado e investigado por peculado— y Amparo Arbeláez —ex gobernadora de Quindío, senadora electa y a quien la Procuraduría le formuló pliego de cargos por presuntas irregularidades en contratos—. Los investigadores no descartan que su violenta muerte haya derivado de las denuncias que protagonizó recientemente. Aunque tampoco ignoran que, en el mundo del narcotráfico, el pasado no perdona.