13 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Una descentralización descarrilada

16 de julio de 2010

Avanzan en una dirección que tomó cuerpo durante la alcaldía de Lucho Garzón, la de territorializar las políticas al colocar el desarrollo de los territorios de la ciudad como prioridad de la acción estatal. Sin embargo fallan en cuanto a cómo aplicarlas, que acabaría por darles la razón a los críticos. Una aplicación precipitada e improvisada.

Es falsa la afirmación de Peñalosa de que la corrupción es patrimonio de las localidades, como si la burocracia distrital estuviera libre de sospecha. Basta ver los megaproblemas de la contratación del IDU para tener un contraejemplo. Los hay por montones. El problema no es corrupción, es la permanencia de una mentalidad centralista invencible y tan vieja como la ciudad misma, de los recursos humanos, técnicos, institucionales, de credibilidad y obviamente, presupuestales concentrados en las oficinas de las secretarías y los institutos y empresas distritales. El primer paso a dar es la transferencia planeada y progresiva de capacidades y recursos a las alcaldías locales, muy insuficiente a pesar de los avances en los años anteriores, para que éstas puedan gradualmente asumir las nuevas responsabilidades, especialmente en lo que al manejo de plata se refiere. Simultáneamente definir las políticas, acciones y responsabilidades que deben quedar exclusivamente en manos de las localidades, cuáles conjuntamente entre la Alcaldía Mayor y las correspondientes alcaldías locales y cuáles son políticas de ciudad que por su cobertura, costos y complejidad sean responsabilidad exclusiva del centro, que debe incorporar en su planeación y ejecución la dimensión territorial, local si se quiere y el imperativo de lograr una mayor “equidad territorial”.

Se mantiene vigente que la administración capitalina con su burocracia, costumbres y prácticas administrativas aún mira a la ciudad desde el centro y no desde el territorio, desde las localidades. Subsiste la concentración de personal, conocimientos y recursos administrativos. Por eso es utópico e irresponsable pretender que de inmediato, las localidades solas puedan asumir el manejo del 100% de los recursos de inversión asignados a los fondos locales de desarrollo. En mis tiempos como Secretario de gobierno distrital plantee una revolución Copernicana en el manejo de la ciudad, donde las localidades fueran el verdadero centro y no meros apéndices del centralismo burocrático y del poder.

Cambios de esa naturaleza no dependen de la expedición de uno o varios decretos y de unos pocos meses para, con la esperanza vana, darle un giro de 180 grados al manejo de la ciudad. La descentralización es una decisión política que si se toma precipitadamente, sin que las condiciones objetivas estén dadas como ocurre hoy, es susceptible de caer presa de los clientelismos, la corrupción o el simple oportunismo político, máxime cuando se inicia el proceso electoral local. La ciudad debe prender todas las alarmas.

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