10 de mayo de 2021
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Para sembrar el futuro

29 de julio de 2010

Esa idea luminosa y profundamente realista no la atendieron los venezolanos y acabaron fue sembrando Chávez para rato. Un Chávez que sí entendió el cuento, pero para sembrar demagogia y populismo y no progreso y democracia. Para Colombia que se transforma aceleradamente en economía minera, el tema es el más crítico en los próximos años. De su manejo depende que demos el salto definitivo a la modernidad o que nos quedemos atascados en el lodo de la mediocridad y de una politiquería, irracionalidad y corrupción sin horizontes, mientras dilapidamos nuestra común herencia natural.

La renta minera, de 6 billones de pesos anuales y que se duplicará en los próximos años, es el case o capital inicial que le aporta la naturaleza al país para que, invertido juiciosamente, desate y consolide un proceso continuado de desarrollo, más allá del crecimiento económico, generador de una riqueza colectiva que ya no sería simple regalo de la naturaleza sino fruto del trabajo ordenado del conjunto de la sociedad. Trabajo que le abriría posibilidades ciertas de futuro no solo a los municipios productores -32 de ellos producen el 85% del petróleo – sino al conjunto de nuestras regiones, con énfasis en las mineras. Esa renta vuelta regalías será la palanca del desarrollo del país. Regalías y desarrollo territorial. Regalías y estructuración de una economía y una sociedad rural que le cierren los espacios económicos, sociales y aún políticos a la criminalidad y brutalidad del narcotráfico (y del narcolatifundio), para abrírselos a la producción legal, a los campesinos que podrán quedarse y progresar en sus tierras, a los desplazados para regresar de los confines de la selva o del barrio marginal e incorporarse a procesos productivos modernos y eficientes impulsados por el trabajo de los pequeños y medianos productores, columna vertebral de la Colombia tradicional , y que deben seguir siéndolo de una Colombia moderna, productiva e incluyente, plenamente democrática y respetuosa de nuestra riqueza natural, que entiende que ésta no es un capital para dilapidar sino para aprovechar y preservar.

Urge una ley que ordene que las regalías sean invertidas con criterios regionales y no puramente municipales para de una manera ordenada, programada y coordinada con los programas y metas nacionales y legitimada por la aprobación de las fuerzas y actores de las regiones, generar y consolidar la transformación nacional desde los escenarios, iniciativas y fuerzas regionales. No es centralizar su manejo sino orientarlo hacia la otra gran riqueza colombiana, la de sus regiones y las gentes que en ellas y desde ellas, día a día, buscan progresar, a veces con las uñas. Que ahora lo hagan con la herencia familiar, las regalías.

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