19 de agosto de 2022
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La prueba diabólica

31 de julio de 2010

La respuesta de Lleras pasó a la historia como una de las más contundentes y originales de que se tenga memoria: “Apreciado doctor Ospina, no me ponga en el difícil trance de nombrar a Berthica de Gobernadora, para no tener que pasar después por el trance aún más difícil de tener que desnombrarla”.

A diferencia de Lleras, que prefirió desmontarse de un nombramiento que podría convertirse en un dolor de cabeza para su gobierno, dado el temperamento rebelde de doña Bertha, el presidente electo Juan Manuel Santos acaba de seleccionar a tres pesos pesados de la política nacional, todos ellos con estatura presidencial y con tantas calidades como las suyas. Y los tres tan difíciles de nombrar, como de desnombrar.

Y es que Santos, a diferencia de Álvaro Uribe, que casi siempre eligió ministros con vocación de viceministros, prefiere apostarles a funcionarios de primer nivel, con vuelo propio y con enormes ambiciones políticas. Tanto Juan Camilo Restrepo, como Rodrigo Rivera y Germán Vargas Lleras han desempeñado con lujo de competencia diversos cargos dentro del Estado, e inclusive los tres han aspirado a la Presidencia de la República. De ellos sólo Rivera puede considerarse como uribista incondicional, ya que Vargas es uribista independiente, y Restrepo nunca se reconoció como uribista.

El ‘talante santista’ llevó a Juan Manuel a ponerle una vela a Dios y otra al diablo. Con Rivera dejó contento a Uribe y con Restrepo y Vargas le atormentó la vida. Sobre todo con este último, a quien Uribe y sus amigos califican de traidor. De hecho, el vicepresidente Francisco Santos, una vez informado del nombramiento de Vargas en la cartera política, declaró públicamente que con ello Juan Manuel estaba mandando “pa’l carajo” al presidente Uribe.

Pero el Vicepresidente no es el único que piensa que su primo se equivocó. La inmensa mayoría de los uribistas creen lo mismo. Y es que de las tres designaciones, ninguna tiene la trascendencia y las implicaciones de la de Vargas Lleras. Su llamamiento a la cartera del Interior y Justicia es lo que se conoce en Derecho Penal como una ‘prueba diabólica’, puesto que no había ninguna posibilidad de que con esa decisión Santos saliera bien librado y dejara contentos a Uribe y a los uribistas y a Vargas Lleras y a los vargaslleristas. Veamos.

Si Santos no nombraba ministro a Vargas Lleras, después de haber recibido su respaldo para la segunda vuelta, graduaba de enemigo a uno de los políticos más influyentes y con más futuro en los últimos años, y si lo hacía, como lo hizo, se echaba de enemigo –¿como se echó?– al Presidente con más poder y más popularidad en la historia reciente del país.

Vargas Lleras –al igual que Doña Bertha– tiene un temperamento indomable, dice lo que piensa y nunca ha reconocido jefatura distinta a la suya. Ahora, por primera vez en su vida, tendrá que rendir cuentas y nada más y nada menos que a quien fue su competidor por la Presidencia de la República hace pocas semanas. Si nombrarlo le costó más de un desvelo a Santos, desnombrarlo –cuando tenga que hacerlo– le podría tomar varias noches de insomnio. Y es que, como decía Carlos Lleras Restrepo, abuelo de Germán, un presidente no puede nombrar a quien después le va a costar muchísimo desnombrar.El Heraldo.