12 de agosto de 2022
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Enfermedades del carácter

24 de julio de 2010

Es ésta una información ‘sensible’, de importancia militar y diplomática, que no debe ser vuelta pública, a menos que existan unas razones y un marco dentro del cual esto sea imprescindible. Es evidente que afecta fuertemente las relaciones exteriores –y no sólo con el vecino país– y por supuesto determina también decisiones de la subversión en el campo militar.

Lo segundo aún no se sabe cómo se manifestara, pero lo primero produjo ya las reacciones que eran de esperarse, con el llamado a consultas del Embajador y la tensión en las fronteras sin beneficio alguno en cuanto al comercio, al problema del terrorismo o sobre todo al bienestar de quienes ahí habitan.

Muy valederos tendrían que ser los motivos para que un gobierno que acaba en menos de 20 días se vea en la necesidad o la obligación de dar un paso con consecuencias tan profundas como éste. Y aún si existieran unas condiciones que lo justificaran, lo natural sería que tal decisión la tomara con el nuevo mandatario que deberá manejar los efectos que esto genera.

Hasta donde se sabe y por todo lo que se conoce, no ha sido éste el caso. Por el contrario, todo apunta a que lo que se ha buscado además de molestar a Chávez es justamente sabotear la nueva orientación que ha dicho el Dr. Santos que desarrollará.

Que no le gustara la idea de que lo primero que Santos buscara fuera recomponer las relaciones con Venezuela es comprensible en la medida que eso implicaba cuestionar la forma en que antes se habían adelantado.

Grave era ya que le produjera algún desequilibrio al nivel personal el que se invitara a Chávez a asistir a la posesión y que le incomodara al punto de convertirlo en un ataque con calificativos tan agresivos, ofensivos y poco propios de un presidente a la política diplomática de su sucesor como “hipócrita”, “meliflua” o “babosa”.

Si eso lo hiciera un seguidor de Uribe y defensor de sus políticas desde una columna de periódico estaría en su derecho.

Pero otra cosa es usar el poder como Presidente en ejercicio para tomar una decisión que equivale en la práctica a declarar que Venezuela se comporta como si estuviera en guerra con Colombia. Eso sólo tiene sentido si lo que se desea es formalizar una ruptura y un estado de beligerancia entre las dos naciones, con las emotividades que derivan aquí y allá.

Dado que es obvio que no es algo que recién se descubre, que ninguna circunstancia nueva se ha producido y que no estará en sus manos el manejo de las consecuencias, ni en la oportunidad, ni en los motivos, ni en los objetivos que se buscan con esta acción aparece explicación diferente del carácter enfermizo del Dr. Álvaro Uribe.

Equivale también a que, por encima de las consecuencias que produzca para la Nación y sus habitantes, da prelación a su tendencia a pelear e imponer por las malas y las vías de hecho su voluntad y sus convicciones. Es lo más cercano a un delito de lesa patria.