6 de mayo de 2021
Directores
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El Mundial de Sur África

13 de julio de 2010

Aunque me encantan las multitudes, de allí, de las gradas, me alejaron los hinchas furibundos cuya agresividad, cuya intolerancia no tiene límite ninguno y como no soy sectario en nada: ni en deporte, ni en religión, ni en política, ni en nada, prefiero quedarme ante el televisor presenciando el mismo espectáculo, aunque sacrificando emociones, pero estando al menos seguro.

Por donde se mire, el mundial de fútbol de Sur África fue un espectáculo grandioso en todas sus dimensiones. Se vió toda clase de fútbol: del regular, del malo, del peor y del buenísimo, como el protagonizado por Holanda y en especial aquel de Alemania en la eliminación de Argentina y, obvio, el que se vió en la final que dió como campeón a España, digno, dignísimo poseedor de la copa por los siguientes cuatro años. Pocas veces un seleccionado había respondido el favoritismo previo.

Lo que nos resta a los amantes del fútbol será seguir las copas europeas cuyas competiciones son de la dimensión de lo extraordinario, por la constelación de estrellas que forman los equipos y el eficaz juego de conjunto que exhiben, que contrastan con la pobreza del fútbol colombiano, arruinado por la codicia de los dirigentes del los clubes y nivelado por lo bajo, si es que clubes son, si es que dirigentes son, que lo dudo, mientras llega la oportunidad de ver de nuevo un campeonato doméstico competitivo, que arranque emociones valederas y, claro,  que llegue el venidero mundial de Brasil.

Cabe esperar que Colombia esté presente en Brasil de la mano de Pacho Maturana y Hernán Darío “el bolillo” Gómez, de lejos los mejores estrategas nacionales según lo registra la historia, que están de regreso a la dirección de la selección nacional después de los años de ostracismo que les fueran decretados por regentes bogotanos y vallunos que, tan campantes, llevaban ocho años de fracaso en fracaso y que, gracias a ellos, estuvimos ausentes de las dos últimas justas mundiales.

Dicen, y estoy de acuerdo, que no hay que llorar sobre la leche derramada, pero que el reguero sirva de experiencia para hacer las cosas como Dios manda. Dejemos atrás la era del “chiqui”, de Pinto, de Lara y de todos los ineptos que en el mundo fueron.

Tiro al aire: dije que no soy sectario en nada. Pero sí, conozco un sectarismo y lo ejerzo a fondo: el de la amistad. Me hago matar por un amigo y prueba de ello es que por aquí en el cuello llevo una cortada. Por eso cobro duro las traiciones.