14 de agosto de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El culebrón colombo-venezolano

25 de julio de 2010
25 de julio de 2010

Lo cierto es que la hoguera de las vanidades y las mezquindades en la que se ha convertido la relación Uribe-Chávez –a más de delirante– traerá nefastas consecuencias para ambos países: el comercio y los habitantes de la frontera serán los más perjudicados.

En el fondo, Uribe tiene la razón, pero se equivocó en la forma: no hay la menor duda de que Chávez es un auspiciador de la guerrilla, de la ETA, del Hezbolá y de cualquier grupo terrorista que le pida protección y plata; es claro, también, que, al hablar de Chávez, se hace referencia directa a un golpista, dictador y sátrapa maniacodepresivo, que está loco y loca, según dicen algunos venezolanos bien informados; pero era inoportuno e innecesario armar semejante tierrero a unos cuantos días de entregar el poder y cuando se venían haciendo ingentes esfuerzos por parte del nuevo gobierno por recomponer las relaciones bilaterales, con unas pruebas, que, si bien son contundentes, tienen sus meses.

De nada servirá denunciar la complicidad de Chávez con el narcoterrorismo ante organismos internacionales, pues los países miembros de la OEA y la ONU están indefectiblemente condicionados por el petróleo que les vende Venezuela: ésa es la triste realidad. Lo que sí va a ocasionar todo este disparate es que el inefable tirano encuentre la excusa que necesita para iniciar una confrontación armada. Ya lo he dicho antes: Chávez requiere una cortina de humo que le permita exacerbar el nacionalismo y ocultar el desastre interno que vive Venezuela, y Uribe, con su último desafuero, le ha dado los mejores argumentos para hacerlo.

Las razones esgrimidas por Uribe para tomar semejante decisión no me convencen: si la causa de todo este problema fuera en realidad la defensa de la dignidad nacional, hace años Colombia habría roto relaciones con los Estados Unidos, que, a pesar de ser complacidos en todo lo que se les ocurre, nos siguen tratando como la concubina impresentable y, en el mejor de los casos, como su patio trasero. Al final, los únicos beneficiados con este entuerto son los gringos, pues necesitan poner a Chávez contra las cuerdas, sin afectar sus relaciones comerciales mutuas y por eso nos utilizan (fueron ellos precisamente quienes entregaron las pruebas al gobierno colombiano de la presencia guerrillera en Venezuela).

El presidente Uribe, con situaciones tan infortunadas como ésta, mancha el gran trabajo que hizo por Colombia y, de paso, le enreda el caminado a Santos, que ha de estar inconforme con lo sucedido, pues queda en una situación muy compleja y delicada. Ese divorcio será más temprano que tarde.

El gobernante debe entender que los intereses superiores de la Nación están por encima de los odios y los enfrentamientos personales.

La ñapa: El tono de arriero del embajador de Colombia en la sesión extraordinaria de la OEA contrasta con la chabacanería del embajador venezolano. En los organismos internacionales debe haber diplomáticos de trayectoria y experiencia, no políticos de pueblo.El Heraldo.