15 de agosto de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Cínica, ambiciosa y algo más

10 de julio de 2010

Esta arribista, que se descubre ahora también como cínica,ambiciosa y algo más, pretende que Colombia le entregue 12.500 millones de pesos como retribución por el calvario que sufrió, única y exclusivamente por culpa suya y por su actitud irreflexiva.

En su momento le importaron más unos supuestos y pocos votos tras los cuales iba en su desmesurado afán por ser presidenta de los colombianos, que su propia seguridad y la de sus acompanantes.

Por todos los medios posibles quienes tenían a su cargo la seguridad y vigilancia de una extensa zona del Caguán le recomendaron abstenerse de continuar su correría, pero ella –obsesionada por el poder que se creía capaz de alcanzar- desoyó todas las advertencias y por su cuenta y riesgo se entregó, ella solita, a los guerrilleros de Farc.

Y ahora que se da la gran vida en infinidad de sitios paradisíacos, esta ambiciosa sin límites viene a reclamarle al Estado colombiano 12.500 millones de pesos de indemnización por su secuestro, posibilitado por ella y solo por ella y su desmedido afán de figuración.

¿Se imaginan ustedes lo que pasaría en caso de prosperar la irracional y descarada pretensión de Ingrid Betancur?

Con esos mismos argumentos y supuestos derechos, infinidad de secuestrados –sobre todos los políticos que al fin y al cabo son de la misma índole de la Betancur– se lanzarían cual aves carroñeras sobre el erario público para hacerse a sus buenas millonadas.

Qué tal un país con veinte millones de habitantes en la pobreza y  otros diez en la miseria total, pagando esta clase de sumas a personajes como Íngrid Betancur, que de la noche a la mañana olvidaron lo que fue la operación Jaque que los devolvió a la libertad.

No es de extrañar, entonces, el generalizado rechazo que en todos los sectores cudadanos se ha dado a la desorbitada pretensión de alguien que, en su momento, tuvo toda la solidaridad de los colombianos, y ahora, prácticamente, los quiere atracar de manera impune.

Ni un peso debe cancelar el Estado colombiano a quien ahora se revela como una de sus más descastadas e ingratas hijas. No le perdonarían los colombianos a este gobierno o al próximo casi ya punto de iniciarse, que cedieran ante esas desmesuradas pretensiones y no lucharan hasta las ultimas consecuencias, para impedir semejante estropicio.