30 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Semana de reflexión pre-electoral

23 de mayo de 2010

Las elecciones de 2002 y las de 2006 giraron por supuesto en torno a la inseguridad —Uribe es consecuencia de las Farc. La izquierda en cambio nunca ha sido fuerte porque los pobres no están organizados en Colombia— y en estas circunstancias cada pobre se limita a vender su propio voto, es decir, a engrosar el clientelismo.

El clientelismo necesita del gobierno, y por eso los votos amarrados van a ser solamente para Santos. Pero el voto más libre de los jóvenes, de las ciudades y de los educados se está movilizando en torno a Mockus; y es porque la opinión ya no está preocupada por las Farc sino por algo distinto y parecido que se ha dado en llamar “legalidad”. Es parecido porque las Farc son un extremo de la ilegalidad; pero es distinto porque además de las Farc hay muchas cosas ilegales en Colombia –incluyendo los medios que a veces se utilizan en contra de las Farc.

Así que la “ola verde” surgió de los abusos de la seguridad: ocho años de usar todos los medios por fin nos obligaron a reflexionar sobre los medios. En estas elecciones tan extrañas, los colombianos no estaremos votando por miedo ni por hambre, sino por un asunto que ayer parecería muy remoto: la cuestión de si “todo se vale” contra el miedo y si todo se vale contra el hambre.

Las Farc son la expresión de que todo se vale contra la pobreza. Santos es la expresión de que todo se vale contra la inseguridad. Mockus es la expresión de que no todo vale o de que el fin no justifica los medios.

Está lloviendo en Bogotá y los dos candidatos tienen que llegar al debate por televisión. Ambos descienden de sus carros y se van en moto con sus escoltas. Santos, en el afán, olvida ponerse el casco. Mockus, en el afán, se pone primero el casco. Fue un incidente nimio que sin embargo resume a la perfección lo que estamos decidiendo.

Para Santos se vale imitar la voz del presidente en una cuña si la cuña le ayuda a tener votos. Se vale usar los símbolos de la Cruz Roja si esto ayuda a engañar al enemigo. Se vale violar la soberanía del país vecino si esto ayuda a matar a un terrorista. Se vale no renunciar por los falsos positivos sino salir del Ministerio para aspirar a la Presidencia. Para Santos existen “actos de Estado” es decir, situaciones donde el funcionario está exento de la ley que obliga a todos los demás ciudadanos. Existen situaciones personales —como sería el embarazo de una hija adolescente— donde las leyes pueden suspenderse. Para Santos se vale afirmar o implicar cosas injustas si se trata de dañar al contrincante (Rafael Pardo o Carlos Gaviria o Carlos Lleras de la Fuente o el Consejo de Estado o….) se vale dialogar con las guerrillas y los paras si se trata de librarnos de Samper, se vale tener o excluir parapolíticos de su lista según que eso ponga o quite votos, se vale estar tres años contra Uribe y unirse luego a Uribe si éste resulta ser el medio para llegar al poder.

En cada uno de los ejemplos anteriores habrá argumentos más o menos razonables para defender la posición o la actuación de Santos: el fin —podría decirse cada vez— justificaba o justifica los medios.

Pero el fin no justifica los medios. Primero porque entonces no sabríamos cuáles medios siguen siendo inaceptables (¿decir una mentirita o matar a un inocente?). Segundo porque la ética no está para facilitar lo que deseamos sino para vivir juntos. Tercero porque la política no es tan sólo conveniencia sino que también es sueño.

La pobreza no justifica la violencia y la seguridad no justifica la ilegalidad. Es lo que dice Mockus y es una idea que por lo menos merece sopesarse en estos días de reflexión pre-electoral.