28 de septiembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Calarcá para leer

3 de mayo de 2010
3 de mayo de 2010

Allí nos recrearon, en ese imaginario creativo, de filosofía costumbrista, literatos y poetas varios lugares de su infancia, los recuerdos de sus padres y hermanos, los amores, las primeras novias, las travesuras de su niñez y juventud con la silente complicidad de los amigos.

Las inocentes picardías, evocaciones de sus maestros, la nostálgica remembranza de los tiempos idos. Las calles y caminos, las tabernas, los inicios de la vida sexual, el voyerismo, el flirteo, la lascivia. Las complicidades. La repichingas, los sueños y los anhelos, el colegio, la universidad. La ida y el retorno.

He leído saltuariamente, sin orden, varios relatos, la historia del Circo Cóndor, relatada por el escritor y poeta, Óscar Zapata Gutiérrez, “mi maestro” quien describe variados episodios de la vida real de un Cóndor, de Pablo Emilio Cardona, una chilena concejal de Calarcá. Aprendemos algo de la parábola vital de Hebert Melo “tierrera” escudero fiel en la política del Quindío de Alberto Jaramillo Botero y en ese evento del circo el perifoneador del espectáculo. Calarcá “conglomerado macondiano” sostiene el narrador del Circo Cóndor.

Tenía curiosidad por saber como escribía un jurista como Óscar Jiménez Leal y nos trajo un relato de don Jorge Jaramillo Arango, representante a la Cámara, a quien conocí y traté, lo que perpetuó la ilusión de la descripción “agente de Avianca” y otras anécdotas humorísticas donde Óscar mi buen amigo sigue fiel en la vida literaria con la continuidad de su acostumbrada parla socarrona.

El escritor costumbrista Jhon Jaramillo Ramírez, con los atributos literarios semejantes a Tomas Carrasquilla, nos encanta con su prosa “Luis Ángel Villegas” a quien apodaban “mi Dios”, don Guillermo a quien describe con gracia, como “auténtico Petroneo” con “leontina y reloj molleja” ferrocarril de Antioquia.

Los relatos del poeta Elías Mejía, su vida bucólica, las lecturas de Xavier de Montepin, su estancia en París, el humor negro, “la crítica acerba, especialidad muy calarqueña”, “Calarcá de orgullo fatuo, es mi ciudad”.

Las virtudes del regreso de Jaime Lopera Gutiérrez, donde en siete pinceladas, matizadas con bellas descripciones, recuerda a sus padres, sus vecinos, la política “rebeldía ideológica”. Sus experiencias sexuales, goliardo. El recuerdo de su padre. La literatura cuentística. Relatos magistrales.

El arquitecto Enrique Barros Vélez y el Banco Central Hipotecario de Calarcá. El camino al éxito. Las peripecias. Las críticas. Las figuras zoomorfas talladas en madera, las tertulias de la taberna Valentino con Orlando Montoya y Elías Mejía.

El inolvidable Orlando Montoya, con su voluptuosidad de escritor y poeta. Su cultivo literario, sus numerosas lecturas, el manejo adecuado del idioma. Un maestro de la prosa. La voluntad de Priapo. Descripciones sicalípticas. Parecen los cuentos de Apollinaire, las once mil vergas, las tetas de Tiresias. Con su impudicia podía llegar al “collar de la paloma”.
Continuo leyendo, no hay espacio para describirlos, otros relatos históricos de autores del libro. Sus testimonios variopintos sobre esta tierra privilegiada donde se encuentran tertulias musicales, poéticas, filosóficas y literarias. El prólogo magistral de Álvaro López Cortes. Sus pinceladas de Dostoievsky. ¡Enhorabuena!La Crónica del Quindío.