23 de julio de 2021
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¿Al que manda quién lo ronda?

22 de mayo de 2010

Ahora que entre encuestas y apuestas sólo se habla de si Mockus o Santos, me atrevo a llamar la atención sobre otro tema que puede ser igual de importante.

En estas elecciones donde casi seguramente la primera vuelta no consolidará un gobierno de mayorías, debemos pensar en las coaliciones que sería conveniente que se formen –alrededor de qué programas y qué ideologías, más que alrededor de qué personas–.

Pero la fortaleza institucional no depende del temperamento de los jefes de Gobierno. Igual o más importante son los mecanismos de control encargados de que los mandatarios no excedan su mandato.

En Colombia esta función le es atribuida al Congreso de la República, a la Procuraduría General de la Nación y a la Contraloría de la República.

Erradamente se menciona a la Fiscalía como un órgano de control cuando éste no tiene bajo su competencia las acciones de los administradores, sino las de todos y cualquiera de los ciudadanos. Incluye por supuesto actuaciones en las cuales sólo puede incurrir el funcionario público, pero no es un control sobre la gestión sino sobre su comportamiento personal.

Ya que tanta importancia se da a cualquier decisión respecto a la escogencia de Presidente, y que se habla de elegir entre dos peligros –el salto al vacío que representa Mockus, y el ‘malo conocido’ de J.M. Santos– debemos dar la importancia debida a la elección de las cabezas de estos despachos.

Respecto a la Procuraduría, el nombramiento ya se hizo y aunque ha sido bastante cuestionado puede ser aún prematuro un juicio. Sea lo que sea, más se logra insistiendo en llamar la atención sobre lo que debería hacerse (v. Gr. la intervención en política del Presidente) que cuestionándolo o descalificándolo por sus convicciones religiosas.

Pero si el Congreso supone tener el control político y el Procurador el control administrativo sobre los funcionarios del gobierno, es el Contralor quien tiene la responsabilidad de verificar que en lo que respecta a dineros públicos éstos se manejen correctamente.

Y en un país como el nuestro, donde la oposición nunca se hace alrededor de las ideas o de los programas sino de la ‘corrupción’ (entendida ésta como los delitos que afectan al erario público), el segundo cargo de más peso debe ser el de Contralor de la República.

Ese cargo puede ser visto como una cuota política, como lo fue la designación del Dr. Turbay Quintero. Respecto a que él ha desarrollado una gestión mejor y aún mucho mejor de lo esperado, creo que es justo reconocerlo. Pero es igualmente claro que debe renunciarse a que la provisión de estos cargos dependan de los famosos ‘guiños’ presidenciales.

Entre los candidatos que hoy están ‘en el sonajero’ tenemos la fortuna de tener dos muy buenas opciones. Tanto el Dr. Amilkar Acosta como el Dr. Juan Camilo Restrepo tienen la formación, la vocación y la experiencia para darle a ese órgano la jerarquía que se necesita.

La fortuna también es que no sea un cargo de elección popular donde lo definitorio es cautivar al votante no importa cómo. Sí sería en cambio ideal que sobre este tema y alrededor de estos nombres se debatiera casi tanto como sobre los candidatos presidenciales.El Heraldo.