28 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Un Presidente en campaña

24 de abril de 2010

Me parece muy grave que cuando algunos en el país dejaron crecer la guerrilla y el paramilitarismo y no los combatieron, hoy se presenten como los honestos y enemigos de la politiquería para aspirar a la Presidencia de la República.” (Presidente Álvaro Uribe, en Pereira el 15 de abril de 2010).

El miedo trastorna el juicio y lleva a la gente a hacer lo que en su estado normal no haría, a adoptar conductas inusitadas. Y el efecto que causa es aún peor cuando la víctima del temor es persona acostumbrada a mandar, a imponer su voluntad sobre los demás, a hacer de sus deseos o caprichos una obligación general. Es lo que le ha pasado al presidente Uribe, y no por primera vez. Veamos.

Todo el mundo recuerda el incidente protagonizado por un sujeto que era empleado de la Casa de Nariño, a quien sus amigotes apodaban “La Mechuda”. Este personaje, valiéndose de su cercanía con altos funcionarios públicos próximos al presidente, prometió a un narcotraficante impedir su extradición, valiéndose de sus influencias. A cambió, recibiría algunos millones de dólares, diez o veinte. Cuando sus andanzas se destaparon, el presidente tuvo con él una conversación telefónica, en la cual lo llamó “marica” y lo amenazó con “romperle la cara” cuando lo viera. ¿Cuál era la causa del miedo que lo llevaba a usar un lenguaje de arrabal y amenazar como lo haría un bravucón de barriada? Sencillamente, el escándalo que amenazaba a sus inmediatos colaboradores.

Ahora, le da miedo el formidable avance de Mockus en la campaña presidencial, ve en peligro las pretensiones del sucesor escogido por él, y se ha lanzado a intervenir en política en forma descarada e irresponsable.

El pasado 14 de abril, mientras se reunía la convención del partido Conservador, el presidente analizaba con 90 congresistas, la urgencia de unir, en torno al partido de la U, a aquél y a Cambio Radical. No es una mera coincidencia que quien diseñó el festín de “Agro Ingreso Seguro”, el ex ministro Arias, hiciera la misma sugerencia simultáneamente, con angustia que lo llevó a recordar el naufragio del Titanic. ¿Cuánto hace que se ocupan de este tema politiquero? ¿Desde cuándo puede el presidente diseñar en su oficina estrategias partidistas? ¿Acaso cree aquello de “yo soy el rey y hago la ley”?

Ahora ha pronunciado las palabras que se transcriben al comienzo de este escrito. Esa es una intervención en política que le está prohibida y cuya violación es falta gravísima según el numeral 39 del artículo 48 de la ley 734 de 2002, Código Disciplinario Único, que establece que una de ellas es “Utilizar el cargo para participar en las actividades de los partidos y movimientos políticos y en las controversias políticas, sin perjuicio de los derechos previstos en la Constitución y la ley.”

El presidente Uribe, como ciudadano, tiene derecho a votar, y ya se sabe por quien será su voto. Hasta ahí todo está bien. Lo intolerable es su descalificación a quienes, según él, no continuarán con la política de la “seguridad democrática”. Es un acto de mala fe responsabilizar a Mockus porque como alcalde de Bogotá no impidió los ataques terroristas de las Farc, el 7 de agosto de 2002. ¿No era, acaso, esa una obligación del ejército y de los organismos de inteligencia, comenzando por el DAS? Si consideraba que el alcalde Mockus incumplió sus deberes, ¿por qué un año después lo condecoró por su actuación en el campo de la seguridad? No, no hay derecho a mentir por el apetito de perpetuarse en el poder por intermedio de quien sería solamente su testaferro, un verdadero títere.

¿Y qué tal esta infamia de que la “seguridad democrática no es tarea para un caballito discapacitado”?

¿Qué hará el procurador? ¿Cumplirá su deber y lo llamará al orden, como lo hiciera Mario Aramburo Restrepo, antes de las elecciones de 1970, al reconvenir al presidente Lleras Restrepo por atacar a Rojas Pinilla en un discurso en el barrio Quirigua, de Bogotá, reconvención que el presidente aceptó con humildad republicana? No, nada, porque Ordóñez no es Aramburo. Y aún hay más distancia entre Uribe y Carlos Lleras. ¡Qué vergüenza!