28 de febrero de 2021
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Mockus, de cuerpo entero

25 de abril de 2010

La competencia hoy es entre Santos y Mockus. Santos es un animal político; Mockus es un animal moral: esta es la diferencia. El animal político se mueve por el poder, el animal moral se mueve por los principios. Para entender a Santos hay que entender los entresijos del poder; para entender a Mockus hay que entender sencillamente los principios.

El principio sencillo de la vida en común es acatar la ley, porque sin ley la vida es una guerra de todos contra todos. Pero acatar la ley no es lo mismo que ajustarse a las leyes. Del presidente Uribe para abajo, los políticos, los empresarios y, en general los colombianos nos cuidamos de cumplir con el texto y las formalidades de las leyes. Pero a menudo esto se hace precisamente para violar la intención o el sentido de la ley: los contratos simulados o ficticios, la doble contabilidad de las empresas, los decretos pensados para que la Corte no los tumbe, las declaraciones de renta, las autenticaciones en las notarías, y así en todo lo demás.

Acatar la ley es justamente lo contrario. Es actuar con limpieza, sin vivezas y sin pisar a los demás. Es fijarse en el fondo, no en las formas, y es tan sencillo como el “no matarás, no robarás, no mentirás” que nuestros pueblos indígenas enseñan a sus hijos.

El principio que orienta las propuestas y decisiones públicas de Mockus no es guardar los formalismos sino acatar la ley. El Presidente cumple la Constitución, y punto. Por eso no habría bombardeado a Reyes ni su gobierno repartirá favores entre los congresistas, así la gente aplauda el bombardeo o así los congresistas se necesiten para mover los votos y para gobernar. Por eso pide que paguemos el IVA, así los expertos en mercadeo político le digan que hablar de impuestos es un suicidio. Y es porque Mockus responde a todas las preguntas desde los principios y no –como los otros candidatos- desde las consecuencias y los cálculos.

¿Cómo lograr entonces que se acate la ley? Los otros candidatos hablan de mil reformas, o sea de nuevas leyes para lograr lo que las muchas leyes no han podido -que es imponer el respeto por la ley. Santos, en especial, ofrece el método de Uribe es decir, que las Fuerzas Armadas se encarguen de evitar que los bandidos sigan violando la ley.

Mockus en cambio dice que la ley llega a acatarse cuando la gente entiende que debe acatarla porque es la forma más inteligente de vivir y convivir. La legalidad nace de la conciencia de cada ciudadano o ciudadana, y por eso el programa de Mockus, con precisión rigurosa se llama “legalidad democrática”.

Mockus apela al ser moral que hay en cada votante colombiano. Igual que el desarrollo motriz o intelectual del ser humano, el desarrollo moral de un individuo avanza por etapas. Según los clásicos estudios de Piaget y de Kohlberg, el niño empieza por una ética “heterónoma” o donde “las razones para hacer lo justo son evitar el castigo y acatar el poder de las autoridades”, y algunos (pocos) adultos llegan hasta la etapa de “autonomía plena” o donde “la razón para hacer lo justo es que, racionalmente, se ve la validez de los principios y se vive de acuerdo con ellos”.

Juan Manuel Santos pretende prolongar a Álvaro Uribe, la figura paternal y autoritaria que usa el castigo y nos impone normas desde afuera. Antanas Mockus es la figura del maestro que razona y nos invita a obedecer la ley por convicción. Álvaro Uribe nos trata como niños, y esta ha sido su fuerza. Y la de Santos. Antanas Mockus nos trata como adultos, y ésta es nuestra esperanza.

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