23 de julio de 2021
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Justicia santa

25 de abril de 2010

El Doctor “Pachito” se autoproclamó, al asumir como Vicepresidente, en defensor a ultranza de la ley y en adalid de la moral; se convirtió, a lo largo de siete años, en un sabueso que detectaba el crimen y con un ladrido mediático alertaba sobre la ubicación del mismo. Hoy, cuando está sentado en el banquillo de los acusados y es sujeto de una investigación penal, su interés por esclarecer la verdad parece haberse disipado. Hace algunos meses, cuando el ente acusador reabrió el proceso que lo vincula con las desmovilizadas Autodefensas, se mostró molesto e indignado, además de perturbado; cuestionó la investigación y desestimó el testimonio de Mancuso. Extraña reacción en un funcionario público que tiene la obligación legal de acatar las decisiones judiciales y que, en su caso, ha sido un crítico implacable de los vínculos de la clase política con grupos al margen de la ley.

Es inaceptable —como lo pretende el vicepresidente— que la credibilidad de un testigo dependa de quién hable y no de lo que diga y conozca. Mancuso no puede ser calificado como un bandido, cuando señala a “Pachito”, y como un testigo excepcional, cuando de un alcalde o concejal de pueblo se trata. La importancia del testimonio deviene del conocimiento directo de los hechos objeto de investigación y no de la condición de la persona a la cual se está investigando.

El otrora jefe máximo de las Autodefensas, Salvatore Mancuso, ha declarado en distintas oportunidades ante la Fiscalía General de la Nación y la Corte Suprema de Justicia, que el doctor Francisco Santos Calderón fue determinante en la creación del Bloque Capital de las Autodefensas en la ciudad de Bogotá. Si Mancuso hubiese dicho de otra persona lo que dijo del Vicepresidente, seguramente esa otra persona estaría privada de la libertad.

No pido un linchamiento para el doctor Santos (le asisten la presunción de inocencia y el derecho a tener un juicio justo), no pretendo prejuzgar su actuación y no intento fungir de juez; pero es evidente que el Doctor Pachito tiene la obligación constitucional y legal de acatar la decisión de la Fiscalía y cooperar con la investigación, dejando con ello que la justicia opere libre de cualquier presión política o mediática.

Con “Pachito” Santos la historia de la parapolítica se partió en dos, pues, antes de la investigación en su contra, la vinculación de políticos y dirigentes con las Autodefensas era un fenómeno de la provincia, de la periferia. La justicia ya no sólo es para los de ruana; también lo es para los de corbata. Decisiones judiciales como la de abrir investigación al vicepresidente terminaron con el mito según el cual la ley era para los más débiles y los poderosos y encumbrados eran intocables.

Los tiempos en que la justicia era selectiva se acabaron: no hay investidura, fuero, condición social o económica que impida que los jueces actúen, y es eso, precisamente lo que reivindica la existencia del Estado Social de Derecho. Una Nación en la que el aparato judicial funciona para unos y para otros no es, sin duda, inviable. El saber que la justicia no está estratificada y que es independiente es señal inequívoca de que definitivamente las cosas han cambiado.El Heraldo.