20 de septiembre de 2021
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El arte de lo impredecible

18 de abril de 2010

Ni siquiera los políticos profesionales o los que fungimos de analistas, nos aventuramos a hacer cábalas sobre los resultados finales de la elección presidencial. Sin embargo, hay una cosa cierta y segura: el huracán Mockus llegó para alterar aún más los cálculos y las apuestas al respecto, y, por supuesto, para refrescar y volver interesante un debate aburrido –no lo digo por Pardo- lleno de lugares comunes y carente de programas.

Mockus es la prueba viviente de que en la política no hay muertos, hay exilios. Nadie habría dado hace un mes dos centavos por su candidatura; a los que llamaban despectivamente los tres chiflados, hoy son cuatro y tienen en sus manos, una opción real de hacerse al poder.

Mockus es un hombre decente, fue un buen alcalde de Bogotá, que no el mejor. Esta vez necesitará algo más que buenas intenciones y un discurso inteligible: si quiere materializar su triunfo debe concretar las ideas, aterrizar sus propuestas y decirle al país cuáles son sus puntos de vista en temas como la seguridad, la administración de justicia, el manejo de la economía, el intercambio humanitario y las relaciones con Venezuela, entre otros.

En política solo hay una cosa peor que estar equivocado: ser aburrido –ahora sí lo digo por Pardo- . Mockus despierta gran simpatía y entusiasmo entre los votantes, por su condición de profesor, de humanista, y, sobre todo, porque representa y encarna la antítesis de la política tradicional, tan llena de marrulla y demagogia. La gran fortaleza electoral de Mockus, a mi juicio, está en la gente joven y en aquellos que nunca han votado y ven en el ex alcalde el mejor pretexto para hacerlo.

No creo que Mockus sea la panacea -a esta pobre patria no la arregla ni la acaba nadie- pero no comparto la posición simplista de aquellos que lo tildan de loco para descalificarlo: Mockus es un ser “especial y particular”, como todo aquel al que se le ocurre aspirar a la presidencia de Colombia. Si tuvimos un presidente que no sabía que lo era; otro que se escapaba por las noches con camisetas fluorescentes y apretadas para asistir a conciertos de rock; uno al que se le metió un elefante a la casa y no lo vio; otro que, mientras el país se caía a pedazos despachaba desde un famoso restaurante en Cartagena disfrutando de la buena mesa y bellas compañías, y ahora a uno que recibió a varios congresistas norteamericanos, para hablar sobre el tlc, en un caballo tomando tinto, ¿cual es entonces, el problema con Mockus?

Mientras la desesperación se apodera de los demás candidatos y se cuecen alianzas de toda índole, el profesor Mockus sigue cabalgando inatajable en las encuestas, sobre el lomo de su prestigio y la decadencia de la clase política tradicional. Si eventualmente Mockus llegare a ser presidente, el rumbo no se cambiaría del todo: para quienes no lo saben, el ex alcalde es un político ubicado al lado derecho del espectro ideológico; así lo demostró en sus dos gobiernos al frente de Bogotá.

Como sea que resulte el ejercicio electoral que se avecina, adeptos y contradictores del presidente Uribe coinciden en afirmar que a los seis meses de estar por fuera del poder, no habrá ciudad o pueblo en donde la gente no se manifieste pidiendo el regreso del hombre que cambió para siempre la historia política de Colombia.El Heraldo.