27 de enero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

¿Qué les pasa a los liberales?

14 de marzo de 2010

También suscitó especulación sobre las intenciones del candidato, cuya astucia y habilidad para pasar de enemigo a aliado, y viceversa, son bien conocidas. Las interpretaciones de la derecha van desde el rechazo absoluto, hasta la admiración más profunda por la sagacidad de Santos. En la mitad están quienes creen que aunque puede ser una táctica electorera hábil, muestra falta de consistencia y compromiso con los programas y las ideas, que los hace dudar de la capacidad del candidato para continuar en pro de los objetivos de Uribe durante sus dos administraciones. En la izquierda se dice que fue una jugada oportunista.
Cualquiera que sea la interpretación correcta, la decisión parece haber caído bastante bien en general, aunque en la derecha estén todavía rechinando los dientes y se quejan en voz baja. Pero quizás, entre todas las interpretaciones, faltó la más sencilla: que Santos es liberal y se siente incómodo en la extrema derecha.
Algunos lectores habrán soltado la carcajada, pero es en serio que lo digo. Cuando fui candidato a la alcaldía de Bogotá, muy recientemente salido del Ministerio de Hacienda, hubo quienes me apoyaron y aportaron recursos a la campaña porque pensaban que el programa que propondría sería neoliberal. Cuando se hizo evidente que no lo era, uno de ellos se quejó y pidió que se hiciera más énfasis en “ley y orden” y que dejara tanta tontería social.
Los liberales tenemos adentro un dispositivo social demócrata, que toma el control en los momentos más oportunos, y en los más inoportunos. A Rafael Pardo le sucedió al día siguiente de un pacto con Germán Vargas, que posiblemente lo puso a pensar que se había aliado con el ala derecha del antiguo liberalismo y el diablillo de izquierda debió salir a dictarle la carta dirigida a Petro, que le puso fin a esa alianza y lo dejó confortablemente solo, a cargo de una clientela liberal reducida, pero ideológicamente homogénea.
Lo que es verdaderamente singular es que Vargas Lleras también tiene un superego social demócrata que le da línea. Durante la entrevista con el diario La República, en la que participé como sparring, me sorprendía a cada rato con propuestas y posiciones que no correspondían a un candidato de derecha, sino a alguien comprometido con una política económica y social de centro izquierda (intervención del estado, controles al gran capital, compromiso con la seguridad social, la salud, la educación, políticas de tierras, reforma urbana y desarrollo agrario, y mucha preocupación con los problemas sociales). Le pregunté por qué se salió del libreto que lo había hecho popular, que era de apoyo a la fuerza pública y precursor de la “seguridad democrática”. No recuerdo bien qué respondió, pero no se sentía incómodo con sus políticas sociales ni por haber ampliado su alcance ideológico.
La verdad es que ser liberal o haberlo sido parece marcar. Hasta a Uribe, que se había salido del redil, le salió el liberal el día que le tocó decidir qué hacía ante la decisión de la Corte Constitucional.