1 de marzo de 2021
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Los nuevos barones electorales

27 de marzo de 2010
27 de marzo de 2010

Y, a pesar de que esto no era cierto, el pánico cundió entre la mayoría del electorado y éste votó, pensando que así salvaba a Colombia de la catástrofe.
Porque sí, esa es la imagen que le han vendido al colombiano medio: si no gana el uribismo, la izquierda democrática le entrega el país a Chávez o a las FARC o a ambos a la vez.
Eso es lo que se oye en los noticieros, lo que se lee en los editoriales y en las columnas de opinión gobiernistas e, inclusive, en las conversaciones coloquiales, una falacia tan grande como una catedral, que la izquierda acabaría con el país.
La verdad es otra: la izquierda colombiana, la que maneja el Polo Democrático y gran parte del Partido Liberal, a quienes no les gusta la forma de gobernar Chávez, como tampoco les gustó la forma de gobernar Uribe y que denuestan de los procedimientos de las FARC, no son los que llevarán a Colombia a la catástrofe, sino más bien quienes pueden salvarla del abismo en el que ha estado cayendo paso a paso, gracias a la corrupción administrativa y a la impunidad y a tantos otros actos de depredación humana que se han desarrollado en los últimos ocho años.
Sin embargo, con el “coco” de Chávez y con el “coco” de las FARC, la mitad del electorado colombiano se asustó y votó por los candidatos del Partido de la U, por los del Partido Conservador y hasta por los candidatos del PIN. Estos últimos, enraizados con los ex congresistas, ex gobernadores y ex funcionarios presos por la parapolítica.
Para ese contubernio no existió miedo alguno. Entonces, esto ¿qué significa? Pues que, tal como se dijo al principio, la publicidad negativa contra la oposición, desatada desde el alto gobierno (con tantos asesores que tiene), surtió sus efectos. El pueblo, asustado, no comparó las falacias de la publicidad oficial con la alternativa real que se gesta a diario: más de ocho millones de desempleados, cerca de doce millones en la miseria absoluta, con el índice más alto de desequilibrio social en América -después de Haití-, con la probabilidad de morir por no disponer de ahorros con qué pagar un tratamiento médico, la posibilidad de no tener mañana con qué alimentar a los hijos, la incertidumbre de que un día de estos se sea víctima de un falso positivo y tantas otras atrocidades derivadas de lo legislado por el partido de la U o lo decretado desde los ministerios que controla el mismo partido, bajo la batuta del príncipe.
Y yendo más allá, nadie ha reprochado la alta votación del PIN ni el millón y pico de votos de Arias en la consulta. Parece mentira que tantos millones de colombianos continúen ciegos y sordos ante tanto corrupción

P. S. * Los conservadores, en su consulta interna, eligieron entre dos males el menor. No habría tenido presentación que a Andrés Felipe Arias le hubieran perdonado lo de Carimagua y lo de Agro Ingreso Seguro. O, ¿sería la oposición la que le dio el triunfo a Noemí? A propósito de AIS, resulta que ahora los culpables son los asesores del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y no el ex ministro Arias y su jefe Uribe, que desoyeron en su momento las recomendaciones del Centro de Estudios Ganaderos y Agrícolas (CEGA) que, desde el 2006, les mostraron lo absurdo y lo aberrante del proyecto. ¿Por qué sería?
** ¿A qué se deberá la insania de Uribe contra el Registrador del estado civil? ¿Tendrá que ver con la posición de éste cuando se estudiaba la inviabilidad del referendo reeleccionista?
*** ¿A qué se debe el afán de Rodrigo Rivera de exculpar con tanta anticipación a Juan Manuel Santos, con respecto a su responsabilidad en los falsos positivos?