3 de febrero de 2023
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Atisbos desde «El Refugio»

19 de marzo de 2010

Porque ésta se confunde con la historia del pueblo. Es decir, el autor principia por advertirnos cómo nuestro partido -el liberal- siempre ha luchado por impulsar, sostener y levantar, en victoria, las luchas populares. No hay que buscar otros antecedentes. Sus libros terminan por señalar cuáles son las orientaciones ideológicas de la comunidad en el siglo XXI, con fuertes y reiteradas guías en un humanismo social -según su y nuestro partido– para liberar a la comunidad nacional de las imposiciones crueles de la marginalidad.

Jaime Posada, el autor de tan capital obra, ha ocupado, desde muy joven, una influyente posición en el examen de los problemas nacionales. Ha sido un constante divulgador de las doctrinas del liberalismo. Nos encontramos, – por fortuna para mí, – para anudar una amistad que me enorgullece, desde mis primeros días en Bogotá. El, organizaba simposios con gente muy joven, que venía de diferentes regiones colombianas, para señalar las posturas frente al destino nacional. Se repasaban las más audaces posturas mentales de los autores de izquierda en el continente y en el universo. Andábamos comprometidos en múltiples estudios para acercarnos a las más complejas propuestas sociales, políticas, culturales. Pero éstas, las sometíamos a las exigencias nacionales. Posada no permitía que se divagara sin conocimiento de nuestra realidad. Era, desde entonces, un minucioso y audaz trabajador.

Así fue llegando a Jefaturas locales en Bogotá y, luego, a las nacionales. Tuvo experiencias cercanas a la alta cultura al ser Secretario del Maestro Germán Arceniegas y del Expresidente Eduardo Santos. Dirigió el periódico “Batalla”, como integrante del grupo intelectual que acompañó la candidatura del gran colombiano Gabriel Turbay.

Ha tenido larga y fecunda experiencia en el manejo de la formación cultural de Colombia y de Indoamérica. Fue Ministro de Educación de Alberto Lleras en el primer gobierno del Frente Nacional, después de dirigir, durante muchos años, el suplemento de “El Tiempo”, “Lecturas Dominicales” que, cuidadosamente, promovió grandes valores nacionales: Baldomero Sanín Cano y Luis López de Mesa, para poner sólo dos ejemplos. A la vez, impulsó las generaciones que, actualmente, tienen mayor influencia, en los diferentes órdenes de la inteligencia, en el país.

Fue, luego, Secretario de Educación, Ciencia y Cultura de la Organización de Estados Americanos, O.E.A. con una amplísima labor en las raíces de Indoamèrica. Después, ocupó la Gobernación de Cundinamarca.

Desligado de la acción pública, fundó y ejerce la Rectoría de la Universidad de América. Es Miembro de la Academia de Historia. Es el Presidente del Colegio Máximo de Academias y el Director de la Academia de la Lengua. Ha publicado varios libros que la crítica ha señalado con carácter de supremacía intelectual. Ha recibido el premio Príncipe de Asturias, de España, y el Elio Antonio Lebrija de la Universidad de Salamanca.

Hemos recordado estos datos acerca de Jaime Posada, para destacar una vida al servicio de la alta cultura. Su libro, “Historia, actualidad y porvenir del liberalismo colombiano”, necesita un repaso crítico en un ensayo amplio. Pasan la lucha de los palenques contra la esclavitud; capitanes de la plebe como José Antonio Galán; Mutis y Valenzuela; Antonio Nariño como profeta de la democracia; la imprenta como símbolo de la revolución. Francisco de Paula Santander en su grandeza de creador de la república y defensor, en el gobierno, de la libertad; Ezequiel Rojas y su programa; los hombres del Radicalismo: José Hilario López, Manuel Murillo Toro, Santiago Pérez, Santos Acosta, Aquileo Parra, etc. etc.; Rafael Uribe Uribe, Benjamín Herrera, Olaya Herrera, López Pumarejo, Eduardo Santos, Carlos Lozano y Lozano, Darío Echandia, Alberto Lleras y Carlos Lleras Restrepo, Alfonso López Michelsen, Gabriel Turbay, Gaitán y Galán.

Hay un esencial capítulo, “Santander desfunda la espada”, para acometer la tarea de ordenar civilmente a la Republica que fundaba y defendía de los apremios dictatoriales de Bolívar y otros militares. Esta es la razón para el odio de derecha a su obra ejemplar en Indoamèrica. Hace la exaltación de José Hilario López. Nos cuenta cómo fue la segunda emancipación que adelantaron los Radicales Liberales. Al Olimpo Radical lo señala como el grupo de la honradez histórica.

Más adelante, destaca a los fundadores de la civilización política y advierte que las batallas no han terminado. Es, pues, un ensayo que resplandece en el brillo de una prosa excepcional por la erudición que levanta en homenaje a la patria. El Mundo, Medellín.