21 de septiembre de 2021
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Uribe intenta acercamiento con Correa

9 de febrero de 2010
9 de febrero de 2010

 Analistas colombianos como Alfredo Rangel, de la Fundación Seguridad y Democracia, y el politólogo Fernando Giraldo consideran que la visita de Uribe a Carondelet será determinante en esta  recomposición de nexos, que empezó el 24 de septiembre pasado en Nueva York, entre los cancilleres de ambos países.

A partir de esa fecha, cuando se retomó el diálogo bilateral, el escenario de hostilidad, que se desencadenó  desde el   incidente fronterizo, dio paso a posiciones de prudencia en  ambos lados.

Quito y Bogotá han cumplido con una suerte de pacto de no agresión, que se ha combinado con medidas y acciones de cooperación mutuas.

La necesidad de comprar más electricidad a Colombia, a raíz de  la crisis energética de inicios de noviembre,  y  la reciente eliminación anticipada a las salvaguardias a productos de este país, son dos medidas   concretas que pueden medir el buen momento de las relaciones de vecindad.

En este proceso de diálogo, hay por lo menos dos razones con peso específico que explican por qué ambos presidentes ablandaron sus posiciones.

El fin de la denominada “campaña mediática” de desprestigio al gobierno de Correa, por supuestos nexos de algunos de sus  miembros con la guerrilla, fue uno de los factores decisivos que ha abonado en el acercamiento de los dos gobiernos.

En la diplomacia ecuatoriana se decía que,  a pesar de que la mayoría de información  que salía desde Colombia no estaba debidamente sustentada y comprobada, el hecho de  ser difundida en medios internacionales perjudicaba la imagen del país.

Para Ecuador ha sido clave   que  Bogotá se haya comprometido a dejar de deslizar ese tipo de información. De hecho, desde el 24 de septiembre, las denuncias de  presuntas relaciones entre miembros del Gobierno ecuatoriano y la guerrilla, que meses atrás se recogía en distintos medios de comunicación, prácticamente han desaparecido.
En este punto, el reciente informe del Centro de Evaluación de Estrategia Internacional (IASC), donde se denuncian posibles vínculos entre el Gobierno, las FARC y el crimen  organizado, si bien incomodó a Carondelet, sus funcionarios no acusaron a Bogotá  de tener intereses en esa publicación.   

Para Colombia también es determinante bajar  la temperatura con Ecuador, en momentos en que sigue al rojo vivo su  tensión con Venezuela.
En la diplomacia colombiana se comenta en voz baja que su  escenario geopolítico resultará menos incómodo si se logra recomponer la relación con el Gobierno ecuatoriano. Así, la agenda  del canciller Jaime Bermúdez  podrá  enfocarse, básicamente, en  sortear las   fricciones con Caracas.

Calmar las cosas con Quito se ha vuelto una prioridad para el presidente Uribe. Él   ha reiterado su disposición de hacer lo necesario para recomponer la relación con Quito. Y ha dispuesto a sus ministros y colaboradores que manejen con absoluta prudencia cualquier tipo de asunto que tenga relación con Ecuador.

Con estos antecedentes y hechos, la cumbre de hoy se presenta como el escenario propicio para marcar el acercamiento definitivo entre ambos mandatarios. De momento,  a Correa y Uribe les une una causa común: proyectar un liderazgo internacional a propósito de la crisis de Haití.

Correa, como presidente pro témpore de la Unasur, viajó a ese país y convocó a la reunión extraordinaria de hoy.  Lo mismo quiso hacer el Mandatario colombiano, pero el viaje a la devastada nación  se frustró por temas logísticos. La diplomacia colombiana  ha buscado posicionar en su agenda la ayuda a Haití. Precisamente, ayer, Uribe  recibió   en su despacho al ministro del Interior, Paul Antoine, para  discutir la propuesta colombiana de ayuda que  presentará hoy en Quito.