30 de enero de 2023
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Peligros de la Internet gratis

18 de febrero de 2010

Algo semejante puede vislumbrarse si prospera la iniciativa propiciada con fervor mesiánico por internautas a favor de la libertad total -es decir, gratis total, porque la libertad es otra cosa- de descargas culturales en la Red. En este caso lo que va a recobrarse, si los dioses virtuales no lo remedian, es la figura de los mecenas artísticos y literarios.

Gayo Mecenas fue un distinguido caballero que ejerció como consejero y hombre de confianza del emperador Augusto, aunque seguimos conservando su apellido en nuestro léxico para conmemorar su empeño como patrocinador de escritores: Virgilio, Horacio, Propercio, Vario y otros varios fueron beneficiarios de su munificencia. Algunos le debieron su independencia creadora, como Virgilio (al cual sugirió el tema de sus Geórgicas), y otros posesiones nada desdeñables, como la granja sabina de Horacio. Los poetas le devolvieron el favor en forma de loores al régimen imperial.

Mecenas murió ocho años antes del comienzo de la era cristiana, pero el mecenazgo continuó a lo largo de los siglos. Pintores, escultores y literatos tuvieron que buscar el amparo de los reyes, de la Iglesia, de la nobleza con ansias de grandeza o de simples burgueses enriquecidos. En cualquier caso, vivían dependiendo de los caprichos e intemperancias de quienes financiaban sus obras y su misma subsistencia. Así fue hasta que nació un público que apreció y retribuyó su trabajo, independizándolos de las directrices ideológicas impuestas y de la interesada tutela de los poderosos.

Ahora parece que gracias al "gratis total" facilitado por Internet vamos a volver al antiguo régimen. Desde luego los mecenas de mañana serán distintos, más corporativos y multinacionales, pero volverán a reservarse la exclusiva de los artistas empujados a su protección por la necesidad.