1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Notablemente impertinente

1 de febrero de 2010

Si de algo necesita este país, como tantos otros, es cimentar su futuro en una educación en valores y encuentro que inmiscuir a la juventud en la guerra urbana de ninguna manera asegura el logro de ese vital propósito.

Las fallas en la inteligencia estatal, la escasez cuantitativa y cualitativa de policía judicial, la lenta e incumplida justicia, no pueden remediarse con iniciativa tan gravemente perjudicial y dañosa. A las injusticias que sufren las poblaciones vulneradas de las comunas no se le debe agregar esta otra de mandar sus muchachos a cumplir azarosas tareas, extrañas por entero a su misión de formarse para la vida y no para la muerte, según lo manda la ortodoxia.

Dijo Willy Brandt, que “permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen”. Y esta es una de ellas, por lo que debemos ponernos de lado de los jóvenes para incitarlos a repudiar semejante apurada convocatoria, porque no tiene nada de patriótica, ni por mucho que denote el genuino interés del presidente por poner orden en la ciudad.

Parte del problema está radicada al interior del estado nacional, no estando la cuestión en cobrar cabezas, sino en darse la pela de mirar con conciencia abierta y desprevenida cómo es que están funcionando las instituciones encargadas de velar por la tranquilidad pública.

La policía nacional acusa en grave problema estructural, no se han dado cuenta, consistente en su crecimiento desmesurado dentro de un sistema organizacional anacrónico, llevándola en la práctica a un indeseado nivel de incompetencia. Al menos eso es lo que dicen las estadísticas sobre lo que sucede en las calles. Acaso, ¿no será este el momento de repensar la institución, de descentralizarla efectivamente?

Hay que comenzar por superar esa farsa legal que manda a los gobernadores y alcaldes ser los jefes de la policía en sus jurisdicciones, cuando de hecho a muchos de ellos solo les falta ponerse firmes ante los comandantes policiales para consumar el sainete.

De modo que la fiebre no está en las sábanas. El asunto es más profundo y preocupante de lo que podrán pensar detrás de los escritorios capitalinos, allá en la Bogotá ausente de los tozudos fenómenos que se viven en las distantes provincias.

Tiro al aire: de veras, mil gracias señor presidente. Pero con los jóvenes, no. ¡Nunca, jamás!

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