27 de enero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Los jóvenes del no futuro.

18 de febrero de 2010

Parece que fuera parte del pasado el poder contar con una vida personal y laboral que avanza ordenada y progresivamente hasta desembocar, 40 años después, en la seguridad de una pensión o al menos del amparo de una familia amplia donde sus miembros más jóvenes han iniciado su vida laboral, en condiciones semejantes a como lo hicieron sus mayores. Forman parte del pasado los planes de largo plazo, soñados con el propósito de hacerlos realidad en un mundo que aunque cambiaba – la vida es cambio –, sin embargo conservaba estructuras, referentes, ritos y actividades socialmente valorados que les daban viabilidad a los proyectos personales.

Son millones los jóvenes de todas las condiciones sociales y culturales, habitantes de los cuatro rincones de un mundo cableado, interconectado en tiempo real. Sumidos en el presente, inmersos en la inmediatez de los hechos de la cotidianidad y de los deseos personales con los que tratan de llenar el vacío vital dejado por la ausencia de una visión de futuro. Comamos y bebamos que mañana moriremos, parece ser la marca de los tiempos. No hay afán de acumulación de nada sino necesidad del disfrute ya, en un hedonismo inmediatista en donde la inseguridad de un futuro brumoso es ahogada con la explosión de vivir el momento, sin límites ni reglas diferentes a los propios deseos. Ser libre para disponer del tiempo de la vida. Ser libre para viajar, para experimentar, para conectarse con amigos y compinches virtuales, para compartir con ellos, la música sobretodo. Ser independiente ya no es irse de la casa paterna, es estar conectado, vivir con pocas aspiraciones, pasarla bien aquí y ahora.

Es, sin duda, un mundo menos neurótico, más suelto, más libre que el de los mayores. Los jóvenes del no futuro son una aberración social. La sociedad no puede permitírselo. Es una obligación darles alternativas. Más allá del Estado mismo – en su economía, instituciones, cultura y valores – la sociedad debe facilitarles a estos jóvenes las condiciones para que logren el equilibrio vital entre el legítimo derecho a vivir en libertad y la necesaria seguridad del futuro.

Una seguridad basada en la autonomía económica a partir de una política integral y creativa de empleo y emprendimiento que vea en el joven mucho más que mano de obra barata y explotable. Sin ello, esa libertad se transforma en grito angustioso de quien solo le queda evitar que le roben su precario minuto de presente.

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