2 de febrero de 2023
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Faltan todavía dos semanas

27 de febrero de 2010

Hablar y especular desde ahora sobre alianzas, coaliciones, uniones de unos y otros grupos o partidos, no pasa de ser un ejercicio sin fundamento alguno, porque una cosa habrían sido las elecciones para el Congreso con Uribe como potencial candidato, y otras sin el poder arrasador de su figura.

Para iniciar un somero análisis de lo que será el panorama político colombiano después del 14 de marzo, hay que comenzar por definir el candidato conservador: una cosa es con Andrés Felipe Arias triunfador – proclive como se ha mostrado a formar una coalición con uribistas — y otra con Noemí Sanín, quien había  dicho, inclusive, que iría a la primera vuelta aún contra Uribe.

Queda por establecer, sin embargo, si en caso de ganar Arias la consulta, su partido lo secundará en la que algunos consideran entrega al uribismo, o le exigirán ir como candidato propio al menos hasta la primera vuelta.

De modo que la tan mentada y anhelada por algunos, coalición entre uribistas, desaparecería como por encanto, al menos con el partido conservador, si la triunfadora de la consulta es la ex canciller y perpetua embajadora.  

Y como al enemigo hay que disminuirlo por todos los medios, los seguidores del Polo y del partido liberal ya deben tener definida como estrategia, ellos que no necesitan votos de consulta, depositar los suyos por Noemí para minimizar a Arias y descartar, de entrada, una unión que podría ser peligrosa para sus intereses en una confrontación futura.

De manera, pues, que hasta después de las elecciones de marzo y la consulta conservadora, es irreal hablar de arreglos y coaliciones, las cuales aparentemente sólo obedecen a pensar con el deseo.

Y un apunte adicional para que los llamados uribistas no se llamen a engaño: una cosa es Uribe en la reelección del 2006 con más de siete millones de votos, y otra muy distinta un Uribe con el sol a las espaldas, y quemándole bastante. Sus votos no son endosables y por más guiños que haga, algo va de ese Uribe triunfador del 2006 al Juan Manuel Santos de hoy con los falsos positivos encima, o a Andrés Felipe Arias con ese Agro Ingreso Seguro que lo quiere aplastar.

Queda todavía el punto más difícil de manejar para una eventual alianza o coalición entre candidatos o sectores a lo que se conoce como uribismo, y es el agrandado ego de quienes ahora fungen y se presentan como los verdaderos sucesores de Alvaro Uribe: Santos, Vargas Lleras y Noemí.

Recordemos antes de entrar en detalles, que el fallo de la Corte Constitucional dejó establecido que sólo puede haber una reelección, es decir, que descartó a Uribe para volver a la presidencia en cualquier época, pero les recordó a los actuales candidatos que podrán aspirar a otro mandato — 1914-1918 —  y cuesta creer que cualquier que sea el Jefe del Estado a partir del 7 de agosto de este año, no piense y aliente desde ahora esa muy cierta posibilidad de reelección, máxime cuando se tiene tan vivo y cercano el ejemplo, bueno o malo según cada quien lo estime.

Se imagina alguien a Juan Manuel Santos trabajando y cuidándole el puesto por ocho años a Germán Vargas Lleras ? O a éste haciendo lo mismo con Juan Manuel ? Y que tal Noemí, quien se siente predestinada y ya habla como presidenta, en el mismo plan ? Los tres saben que el que acceda a la jefatura del estado muy bien podría quedarse allí por ocho años. Y en esas condiciones, los otros dos jamás llegarían a ser presidentes de Colombia porque el tiempo pasa y va cobrando, aunque cada uno de ellos se sienta parido por el sobaco de la Virgen y predestinado a mandar en este país. De modo pues que resulta bastante difícil por no decir imposible, que cualquiera de estos tres, en un gesto de grandeza y generosidad,  deponga su engrandecido ego a favor de otro.

Así las cosas y dando por sentado que Noemí Sanín sea la candidata del conservatismo, en la primera vuelta el 30 de mayo estarían Noemí, Santos, Fajardo, Vargas, Petro y uno de los ex alcaldes Mokus, Garzón o Peñalosa, casi que en igualdad de condiciones. Mejor dicho, como dice el vulgo, que entre el diablo y escoja, y ahí sí, a pensar en alianzas y en coaliciones para la segunda vuelta.