3 de febrero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Un olvido imperdonable, injustificable y vergonzoso

29 de enero de 2010

La democracia como sistema de gobierno, y atendiendo a su significado etimológico, no puede ser excluyente y, ante todo, debe facilitar los mecanismos de participación, elegir y ser elegido, cuidando en mantener una igualdad generalizada entre sus asociados sin incurrir en exigencias que puedan tornarse como discriminatorias que impidan o dificulten su acceso a la participación, no queriendo con esto decir que no tengamos una responsabilidad y un deber ineludibles en la escogencia de los mejores representantes de la sociedad en los cargos de elección popular (ejecutivo y legislativo), los cuales deben ser portadores de una hoja de vida impoluta, sin mácula, de reconocida idoneidad y de solvencia moral, o sea, que  se pueda ejercer una especie de asepsia a los candidatos antes de depositar el voto, fortaleciendo así la democracia y, sobre todo, las instituciones. Mientras en Colombia no se depure el sistema electoral y los candidatos a ser elegidos, no se saldrá jamás del subdesarrollo, ni se ganará la batalla contra la corrupción y la violencia, las medidas que se tomen serán inocuas así se eleve a canon constitucional y como política de Estado, aún la “encantadora” Seguridad Democrática.
El diario El Espectador en el año 1990, marzo, días antes de las elecciones, publicó un artículo que tituló “De los nombres en mayúsculas y en minúsculas”, el cual queda como anillo al dedo en estos días que se avecina la elección presidencial y la de senado y cámara, nos aconsejaba el artículo en mención que: “los que están en mayúsculas son los candidatos al Senado que merecen su recomendación. En cambio, define así a los que están en minúsculas: "Entre los muchos que antepusieron sus personales ambiciones a los intereses de la nación. Abusaron del turismo, los viáticos y los auxilios parlamentarios. Hicieron alianzas torticeras y se lucraron de los dineros del narcotráfico o por lo menos oficiaron de voceros del chantaje del narcoterrorismo, están los siguientes: norberto morales ballesteros, maría izquierdo, jairo ortega, alberto santofimio botero, ricardo rosales zambrano, mario uribe escobar, ernesto lucena quevedo, álvaro uribe vélez, germán huertas combariza, jaime arizabaleta calderón, fabio salazar gómez, césar pérez garcía, fernando carvajalino cabrales, darío martínez, tiberio villarreal, elmo cruz, carlos pineda chillán, otto ortiz, luis vicente serrano silva, carlos muñoz paz, enrique barco guerrero, luis eduardo córdoba barahona, jorge eliseo cabrera, alfonso salamanca, lucio pabón, rodolfo rivera staffer, rafael cely, ricaurte lozada, rafael forero fetecua, josé name terán, juan slebi y varios miles de nombres más". Consejo sabio y de buena fe que se daba por el bien de Colombia y que acogimos muy pocos. Todos estos honorables próceres salieron triunfantes en la contienda electoral del año 90.
En el cuatrienio del gobierno del presidente Samper se destapó el primer gran escándalo político en Colombia conocido como el proceso 8.000, que consistió en la financiación de la campaña presidencial y parlamentaria por cuenta del narcotráfico; en el cuatrienio del presidente Uribe salió a la luz publica el campeón de todos los desafueros políticos: la tenebrosa y fatídica era del ‘paramilitarismo’ que descansaba en el contubernio macabro entre los más granado de la criminalidad y la mayoría de la dirigencia política de este país, en ambos casos quedaron incursos, investigados y condenados, y otros tantos más, los señalados en el artículo mencionado, con excepción de uno que está de Presidente de la República, a lo dicho no se le prestó la más mínima atención por parte del “inepto vulgo” y de algunos de cuello blanco, permitiendo así la llegada de estos maleantes al escenario de la democracia: el Congreso Nacional.
Como consecuencia de estos “maremagnum” en la política empezó el éxodo en los Partidos tradicionales, cual roedor abandona la nave ante posible naufragio, aflorando unos partidos o movimientos políticos de garaje o cajón, sin plataforma ideológica, que sólo sirven para albergar y camuflar a cierta clientela politiquera indeseable, en muchos casos aupada por el Consejo Nacional Electoral, como viene sucediendo con el tal PIN ( sigla que pareciera ser: Pulgas de Integración Nociva.) o el ADN ( sigla que pareciera ser: Agrupación de Delincuentes Nacionales.), movimientos estos con la impronta de Luís Alberto Gil y de Mario Uribe, respectivamente, quienes no necesitan carta de presentación por ser notoriamente conocidos de autos; y de la montonera del partido de ‘La U’, ni hablar, la mayoría de sus adeptos fueron auxiliadores y simpatizantes de las AUC, y el resto, conforman la jauría de los “felones”, sus directivos se han dedicado a la caza de votos a cualquier precio con sus nocivos y descarados avales ‘condicionales’ a miembros vinculados a ese grupo ilegal, y otros que se encuentran incursos en procesos penales, como ha ocurrido en varias poblaciones, entre ellas unas del departamento de Caldas.
La corrupción campea por los cinco continentes como una pandemia exterminadora. Colombia ocupa el puesto 70 a nivel mundial en un muestreo estadístico de varios factores y en su conjunto general, pero si se analizara la corrupción únicamente en una institución como la Legislativa, sin duda alguna seria el campeón mundial. En todos los Parlamentos del mundo se han dado casos de corrupción aislados tanto en sus hechos como en sus protagonistas, pero que la delincuencia organizada, narcotráfico y paramilitarismo, haya permeado a la casi totalidad de sus miembros es un caso sui géneris, inconcebible e inaudito que no se puede aceptar ni en una república bananera.
Los colombianos somos muy dados al facilismo y a la apatía y se termina como plañidera rasgándose las vestiduras en medio de los lamentos, todo por dejarnos invadir por una amnesia pasajera producto de una pereza mental y de irresponsabilidad extrema para ejercer a cabalidad uno de los deberes y derechos mas sagrados como lo es el de elegir y ser elegido. Las fallas coyunturales de las instituciones del Estado, respecto a las de elección popular de sus miembros, sólo serán de responsabilidad exclusiva del Pueblo, olvidar esto es imperdonable, injustificable y, ante todo, vergonzoso.
Ya que tocamos este tema y estamos en vísperas de elecciones, recordé al periodista, paladín y mártir don Guillermo Cano, quien días antes de su muerte escribió este legado, "El Estado no puede entregárseles a quienes actúan al margen de la ley, contra la ley y a pesar del rigor de la ley.”

Apostilla: La determinación del Consejo Nacional Electoral de suspender de manera provisional la personería jurídica a ADN, aunque muy blanda, es buenísima y reconfortante para la democracia. La próxima vez que irrumpa en esas instalaciones Moreno de Caro, llamen a Seguridad Privada no se les ocurra llamar a los agentes estatales porque de pronto ordenan el desalojo, pero de los magistrados de esa corporación.

Manizales, Enero 30 de 2010.