5 de julio de 2022
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Sí a los estudiantes informantes

24 de enero de 2010

A comienzos de este año, varios influyentes medios de comunicación de países extranjeros, con pleno desconocimiento del pasado y el presente que vive Colombia, se aventuraron a criticar una posible re-re-elección del presidente Álvaro Uribe Vélez.

The Economist, en Estados Unidos, y El País, de España, publicaron columnas editoriales en las que le sugerían al mandatario no presentarse nuevamente como candidato a la primera magistratura de Colombia.

Pues bien, mayúsculo fue mi asombro, y seguramente el de muchos que se sentaron con juicio a analizar el contexto histórico que rodeaba dichas declaraciones.

Esos medios de comunicación, que durante las décadas que nuestro país se desangraba por culpa de las balas, las pipas de gas rellenas de metralla y estiércol y las minas antipersonal, nunca se manifestaron en contra del horror y la barbarie de los grupos armados ilegales. Cuando miles de campesinos, ganaderos, finqueros, empresarios y ciudadanos del común sufrían toda la desidia, y no había quien se preocupara por recuperar definitivamente la seguridad de Colombia, guardaron un incomodo silencio, que rayaba con la complicidad.

Pues bien, hoy ocurre lo mismo, cuando el tema de seguridad vuelve a ser prioritario en ciudades en donde la percepción de la confianza se ha ido deteriorando y los niveles de homicidios se ha elevado de forma preocupante.

En Medellín y con el ánimo de acabar con los grupos sicariales que nuevamente intentan sembrar de miedo y muerte una de las ciudades más bellas y prosperas del país, el Presidente, lanzó una polémica pero efectiva propuesta. Vincular a los estudiantes como informantes de la fuerza pública.

Muchos se han lanzado a rasgarse las vestiduras por la idea del mandatario. Lo que me ha sorprendido es que no he escuchado el primer argumento de peso. Los que critican la medida solo se limitan a decir que “no podemos convertir a nuestros jóvenes en sapos”.

Por Dios!!!. Si la inseguridad nos afecta a todos, es porque precisamente entre todos debemos buscarle una solución, rápida y efectiva.

La seguridad es un imaginario colectivo que nos pertenece legítimamente. No podemos creer que el atrapar ladrones, encontrar matones y evitar asaltos sea labor exclusiva de las autoridades. Es de todos.

Además, esos mismo que hoy critican sin pasión esta propuesta, porque no hicieron lo mismo cuando se lanzó el proyecto de Red de Cooperantes en las carreteras, el 8 de agosto de 2002, en Valledupar, para defender los ejes viales. No quiero pensar que porque los informantes eran campesinos, y como este país es de elites, entonces no nos importaban los pobres labriegos. “Que los maten por sapos”, dirían o pensarían muchos.

Cuando la violencia crece y se desborda muchos se quedan callados y no actúan. Se limitan a ver como el caos y la inseguridad se apoderan de su entorno para luego salir a decir que las autoridades dejaron perder una zona de tranquilidad.

La medida no busca que asesinen estudiantes, ni estigmatizarlos. Se busca lo contrario. Reducir los preocupantes índices de criminalidad de Medellín. Además, nadie está obligado a hacer parte de esta Red. Los 100 mil pesos,  finalmente son algo simbólico. El colaborar con las autoridades, el denunciar expendios de droga, caletas de armas, sicarios, ladrones (hasta los de cuellos blanco) es un deber ciudadano. Una obligación moral.

Respeto mucho la postura que han asumido alcaldes como el de Bogotá y Medellín, y algunos Secretarios de despacho de algunas ciudades, que han manifestado su desacuerdo con tener una red de informantes estudiantiles, pero no se puede echar por la borda y de un plumazo una iniciativa que ni si quiera ha comenzado. Debemos ser sinceros y abonarle a esa Red que ya dio buenos resultados en las carreteras y algunas poblaciones. La historia respalda la idea, quiéranlo o no.

De Carambola: Cumplen 1 año al servicio de todos los caldenses, los combos de maquinaria, comprados por la actual administración departamental. Entre enero del 2009 y enero del 2010, se les efectuó mantenimiento, y hasta reconstrucción en algunos casos, a mil 100 de los mil 300 kilómetros de carreteras aún destapadas que están a cargo de la Gobernación. Lo Los pobladores de los corregimientos de Arboleda y Pueblo Nuevo, por citar un ejemplo, han visto como la carretera que los une con Pensilvania ha mejorado significativamente. Ellos acostumbrados a observar maquinaria solo por época de elecciones y echados a la pena cuando un derrumbe obstaculizaba el paso, hoy ven en los combos una excelente ayuda.