26 de septiembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

LA ETICA

27 de enero de 2010

En Colombia existe una ética de plastilina, moldeable, manipulable y ajustable a los intereses de cada uno, exigible ciento por ciento a todos, pero aplicable en cada caso particular según las conveniencias e intereses de cada quien.

En el campo periodístico, por ejemplo, desde profesores y alumnos hasta aquellos que ejercen el que Camus llamó “el oficio más bello del mundo”, hablan y se llenan la boca con la ética que  todos creen tener en grado superlativo, pero cuya tenencia y observancia niegan en el más mínimo grado a los demás.

Hay muchos que pregonan comportamientos dignos, decorosos y ejemplares, pero en sus noticias diarias sobre un tema especializado borran con el codo lo que escriben con la mano, al apelar sin rubor alguno a la lisonja desmedida, a agrandar hechos nimios por oscuros intereses y a convertirse en amanuenses y relacionistas no tan gratuitos de empresas o personajes.

Hay otros y otras que tal parece sólo tuvieran el periodismo como instrumento facilitador de los comúnmente llamados tres golpes diarios, pues solo tienen interés en saber donde hay comidas, desayunos o almuerzos, los cuales a manera de contraprestación para el oferente, se esmeran en describir con los más mínimos y estúpidos detalles.

Y los hay que no pueden dormir tranquilos si durante el día no estuvieron detrás de concejales, diputados y politiqueros de todos los pelambres escuchando sus sandeces, dejándose utilizar como cajas de resonancia de chismes, odios y revanchismos, y algunos recibiendo unos miserables pesos para mantener al aire o en la prensa los nombres de estos personajillos.

Como se puede apreciar hasta ahora con los ejemplos citados, la ética es tan inexistente como Aladino.

Y para rematar esta nota, debe recordarse que en la pasada campaña presidencial varias entidades y organizaciones periodísticas definieron la que podría ser norma de conducta de los periodistas para garantizar su neutralidad e independencia, y uno de los puntos centrales tenía que ver con que ninguno debería ser comunicador o relacionista de un grupo político, y al mismo tiempo director de un espacio informativo.

Esto en Medellín no tiene ninguna aplicación, y nadie se da por aludido o cuestionado. Aquí no pasa nada porque la ética que se tiene y aplica es de plastilina, maleable y moldeable al gusto y albedrío de cada quien.

Aunque lo que se va a transcribir enseguida pertenece a la ficción, como que corresponde al novelista sueco Stieg Larsson que lo pone en boca del protagonista de una de sus obras, el periodista Mikael Blomkvist, guardadas proporciones es lo que acontece en Colombia:

“En el mundo del periodismo económico, sin embargo, la regla de oro de la profesión – hacer un análisis crítico e informar objetivamente del resultado a sus lectores – no parece tener validez. En su lugar, aquí se le rinde homenaje al sinvergüenza de más éxito. Así se crea también la Suecia  del futuro y se mina la última confianza que la gente ha depositado en el gremio periodístico”.

Cualquier parecido con lo que sucede en este país, no sólo en la esfera económica sino también en la política y la deportiva, por ejemplo, es pura coincidencia.

Para volver al principio hay que repetir que la ética es el vocablo más pervertido en Colombia, sobre todo por estos días en que se conmemora una de las dos efemérides dedicadas al periodismo.

No sobra advertir también que si una mujer es llamada a pontificar sobre la castidad, debe al menos ser virgen y no una meretriz arrepentida. Como dice el Paspis, el que entendió entendió.