27 de enero de 2023
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El Congreso Cafetero: ¿regreso a viejos esquemas?*

17 de enero de 2010
17 de enero de 2010

congreso cafetero

Aunque esta vez los medios no le prestaron la atención que acostumbran -y aunque todavía  no han sido publicadas las conclusiones del LXIII° Congreso Cafetero- esta industria vital para Colombia atraviesa una etapa difícil y por eso es importante examinar lo que ocurrió -y lo que no ocurrió- durante el pasado encuentro anual del gremio cafetero.

La gran caída del 2009 

Para apreciar lo que ocurrió -o no ocurrió- en el Congreso, hay que empezar por el hecho de que el año pasado se produjo una caída de 30% en la producción con respecto al  nivel de los últimos años y a los pronósticos de la Federación Nacional de Cafeteros. Entre comienzos de enero y fin de octubre de 2009 las cosechas ascendieron a 6,2 millones de sacos – ¡el nivel que había alcanzado la producción cafetera hace 30 años!

Colombia ha sido desplazada del tercer puesto entre los países productores, pero por razones distintas de las que, en la década pasada, hicieron que Vietnam nos reemplazara como segundo productor del grano. En esa ocasión no fue por el desplome de la producción interna, sino por el surgimiento de Vietnam como potencia cafetera mundial, gracias al apoyo técnico y financiero que recibió de agencias internacionales y de los Estados Unidos, principal país consumidor de café.

Cuentas alegres

Pese a las malas noticias, el Congreso Cafetero de diciembre ratificó las metas optimistas que desde tiempo atrás se venían anunciando, en materia de producción, renovación y consumo interno.

Las autoridades cafeteras anunciaron el propósito de aumentar el consumo interno en un 30% y duplicar, en cinco años, la producción obtenida en el año cafetero que acaba de pasar (8,7 millones de sacos entre el primero de octubre de 2008 y el 30 de septiembre de 2009) y aumentar en un 50% la cosecha prevista para el año cafetero 2009-2010 (11 millones de sacos). La meta es llegar a 17 millones de sacos en el 2014, es decir, 43% más que la producción anual promedio registrada en el período 2004-2008. Con  esa meta se busca devolverle a Colombia la importancia que tuvo en el mercado mundial de café y fortalecer las exportaciones del grano en un momento en el que la demanda internacional está creciendo ligeramente por encima de la oferta.

Una mayor producción permitiría aprovechar los encadenamientos que tienen el cultivo, el beneficio húmedo y seco, la industrialización parcial que se hace en Colombia y la comercialización del producto. En términos de empleo, por ejemplo, los seis millones de sacos, adicionales a la producción prevista para el 2010, pueden generar, sólo en el cultivo, más de 100.000 empleos adicionales directos y permanentes, en el contexto de una productividad alta de 200 arrobas de pergamino seco por hectárea año, que la caficultura colombiana aún está lejos de alcanzar.

¿Pero será posible alcanzar estas metas?

Los porqués de la caída 

Sobre las causas del debacle cafetero del 2009,  la mayoría de las opiniones coincide en señalar: (1) Al invierno y sus efectos sobre la florescencia; (2) A la disminución de las áreas en producción como efecto de los programas de renovación; (3) A la baja fertilización de los cafetales asociada con los precios imposibles que alcanzaron la urea, el cloruro de potasio y los demás fertilizantes, como consecuencia de la coyuntura petrolera, y (4) A la misma fragilidad económica de los productores, en su gran mayoría (80% de las 550.000 familias caficultoras) con parcelas no superiores a una hectárea.

Fallas de la Federación

Pero con la merma de la producción cafetera hay que asociar otros fenómenos que, aparentemente, no recibieron mucha atención durante el Congreso.  Ojalá no sea porque están asociados con fallas protuberantes de la Federación en cuanto a tres funciones importantes para el logro de las metas anunciadas, a saber:

(1) Fallaron los programas de  la investigación y asesoría para atender el problema de caída de la flor del café en época de lluvias, que también existe y ya ha sido resuelto en otros cultivos.

(2) Fue palpable la incapacidad de las cooperativas de caficultores para anticiparse al aumento del precio de los fertilizantes o para adelantar procesos de arbitraje a favor de los caficultores, sin incurrir en pérdidas en sus estados financieros.

(3) Pero la falla más protuberante, por sus graves consecuencias sobre el mercado, fue el inexplicable desacierto en los pronósticos de cosecha. La Federación se equivocó en los estimativos de la producción, como muy raras veces lo habían hecho antes. Hasta muy entrado el segundo semestre del año pasado, los directivos del gremio insistían en que se lograría una cosecha superior a los 11 millones de sacos, a pesar de que tanto los métodos más elementales de conteo muestral de frutos, como los modelos más sofisticados, debían anunciar lo que se venía. Y sobre la base de ese estimativo se programaron y se hicieron ventas a futuro que no podían  cumplirse. Colombia incumplió compromisos de suministro de café en los mercados del mundo, con las muy negativas consecuencias que eso tiene sobre la imagen de seriedad que con tantos costos y por tanto tiempo ha construido el país.

El mercado, sin embargo, desde muy temprano en el año, empezó a señalar la escasez del café colombiano, con una prima creciente (hasta 90 centavos de dólar por encima del precio) que, si bien compensó, en el ingreso imaginario del caficultor, la reducción en las cantidades, tuvo que haber desplazado buena parte del mercado colombiano hacia otros países productores. Aparentemente no se habló en el Congreso Cafetero de la necesidad de recuperar, en los próximos años, la imagen perdida por los incumplimientos en el mercado de futuros y la participación perdida en el mercado mundial del grano por la baja producción y las elevadas primas durante el presente año.

Más competitividad en vez de más subsidios

De la mano de la Federación, la caficultura colombiana se ha modernizado significativamente y está en capacidad de alcanzar las metas propuestas con algo de flexibilidad en los plazos (cinco años parece un plazo demasiado  corto para aumentar la producción actual en 50%). Pero el deseo de mantener a Colombia como uno de los principales países productores no puede llevar a políticas ya superadas, como las que alcanzaron a discutirse durante el Congreso: subsidios, condonación de deudas y otras prácticas que debiliten la actitud empresarial de los caficultores.

La participación perdurable de cada país en el mercado mundial depende hoy, principalmente, de la eficiencia para producirlo y comercializarlo. Lo que  cuenta no es la cantidad de sacos producidos y exportados sino la capacidad de los productores, como empresarios individuales, como cooperados  y como gremio, para competir en una economía global. La producción de 10 o 20 millones de sacos y su comercialización exitosa deben ser en realidad el resultado de las decisiones de los caficultores, como individuos en el cultivo, y como gremio en la investigación, la asistencia técnica, la anticipación a las coyunturas y la comercialización, en el actual contexto y en presencia de las alternativas que ofrece la economía colombiana.

Nuevas tecnologías

El Centro Nacional de Investigaciones sobre el Café (CENICAFÉ) ha desarrollado paquetes tecnológicos que permiten aumentar significativamente las productividades actuales (semilla seleccionada, mayor densidad de siembra, libre exposición solar, fertilización con base en análisis de suelos, renovación oportuna) y mejorar significativamente las prácticas de beneficio húmedo en las fincas cafeteras o en centrales de beneficio (despulpadoras con bajo consumo de agua, silos para el secado), con efectos positivos muy notables sobre los factores de conversión de café cereza a café pergamino y de éste a café verde, y sobre la calidad del café, comprobada en pruebas de taza que empiezan a difundirse en los puestos de compra.

En la actualidad el 83% del área sembrada está en café “tecnificado”, con un rendimiento promedio de 91 arrobas por hectárea/año, menos de la mitad de lo que puede lograrse si se aplica bien el paquete tecnológico, y el 17% se cultiva con prácticas “tradicionales”, con un rendimiento de apenas 30 arrobas /hectárea/año. Para lograr la meta de 17 millones de sacos en el 2014, es necesario aumentar significativamente la productividad del cultivo.

Con ese propósito la Federación ha venido estimulando la renovación oportuna de los cafetales, una de las prácticas que más incide en la productividad, para aprovechar mejor la edad productiva de los árboles (entre cuatro y cinco años), y las mayores densidades del cultivo (superiores a 5000 plantas por hectárea).  En el 2006, la edad promedio de la caficultura colombiana tecnificada era demasiado elevada (entre 10 y 12 años).

Las nuevas tecnologías y la mejor calidad del café han facilitado la diversificación de la oferta con cafés especiales, orgánicos y con sello de origen, y la adopción de nuevas formas de comercialización: cada día aumentan los caficultores que venden su café a futuro, y se protegen de la volatilidad en los precios. Con el incentivo de sellos de certificación y mejores precios, se empieza también a mejorar las condiciones de trabajo y alojamiento de las personas vinculadas al cultivo, así como el cuidado del medio ambiente, el orden y la higiene en las fincas cafeteras.

El mapa de navegación está definido. La nueva caficultura colombiana puede y debe ser más tecnificada y productiva; ofrecer al mercado nuevas modalidades de café y un mayor valor agregado; profundizar en la certificación de calidad, en la exploración de nuevos nichos de mercado y en modalidades más sofisticadas de comercialización.

Más y mejores empresarios

Hay, sin embargo, dos restricciones que es necesario superar y que, a juzgar por las noticias de prensa, no recibieron suficiente atención en el Congreso Cafetero.  La primera tiene que ver con la capacitación de los caficultores y su formación como empresarios. Porque hoy por hoy el éxito, como dijimos, depende de la eficiencia y el espíritu empresarial, no de subsidios que tienden a adormecerlo.

Criterio empresarial en todas las etapas del proceso: desde la provisión de insumos, el cultivo y el beneficio, hasta la compra al productor, la industrialización y comercialización de los productos, con un apoyo oportuno y eficaz del gremio en investigación, asistencia técnica, y capacitación orientada a la formación de empresarios. A través de la Fundación Manuel Mejía, la Federación ha venido haciendo un esfuerzo encomiable para incorporar nuevas tecnologías a sus procesos de capacitación, propiciando el acceso a internet y el uso de computadores por parte de los caficultores, en las cabeceras municipales.

Faltan trabajadores  

La segunda restricción tiene que ver con la escasez y el costo creciente de la mano de obra en las regiones tradicionalmente cafeteras. La elevada  demanda del factor trabajo, característica de la caficultura colombiana, ha aumentado aún más con la tecnificación de los cultivos (mientras el cultivo tradicional demanda 100 jornales por hectárea/año, el moderno requiere alrededor de 150).

Esa tendencia va en contravía de la inercia demográfica y del proceso de urbanización en Colombia, donde la tasa de crecimiento de la población rural es baja o negativa en la mayoría de las regiones. Como lo revela un estudio reciente del Centro de Estudios Regionales, Cafeteros y Empresariales  (CRECE) que analiza este fenómeno por departamentos y municipios cafeteros, numerosos municipios (124 en 2005) han venido mostrando una escasez crónica de mano de obra, especialmente en las subregiones cafeteras más importantes de los departamentos del occidente y en el Huila[1]. Las costumbres de la población urbana y la precariedad de las condiciones que todavía imperan en muchas fincas cafeteras hacen cada vez menos probable que la escasez de mano de obra rural sea cubierta por trabajadores urbanos no calificados, incluso en labores temporales como la recolección de la cosecha.

Nueva geografía del café, una oportunidad para la “Otra Colombia”  

Como respuesta a este fenómeno de escasez y mayor costo de la mano de obra, la Federación ha venido adelantando investigaciones y desarrollos tecnológicos tendientes a remplazar mano de obra por capital en algunas labores del cultivo.

Pero más importante que eso, la caficultura ha ido desplazando su “centro de gravedad” hacia el sur del país. Como sucedió entre fines del siglo XIX y el siglo XX, cuando el occidente (Antioquia, antiguo Caldas, Tolima  y Valle) desplazó al “oriente” (Santander, sur y norte, Cundinamarca y oriente del Tolima) en la producción de café, en la actualidad es el suroccidente (Cauca, Huila y Nariño) el que está desplazando al centro occidente (suroeste antioqueño, antiguo Caldas, Valle y Tolima) de su condición de principal región productora del grano. Entre 1993/97 y 2005 el primer grupo aumentó el área cultivada en 32 mil hectáreas (20%) mientras el segundo la redujo en 21 mil hectáreas (4%). En términos de volumen el cambio fue aún mayor: el primer grupo aumentó su producción en 7% y el segundo la contrajo en 18% [2].

Productos intensivos en mano de obra encuentran espacios propicios en las regiones con menor desarrollo relativo. El café, en particular, ha demostrado ser una punta de lanza exitosa para una estrategia de recuperación económica en regiones con menores niveles de desarrollo y de ingresos, donde los menores costos de la mano de obra logran condiciones de rentabilidad competitiva, cuando no romper las barreras del comercio y aumentar significativamente la participación en el mercado, como fue el caso del Vietnam, incluso con un producto de menor calidad (muy distinto en ese aspecto al café que produce el suroccidente colombiano, que es de excelente calidad). No falta quien vea en los llanos orientales, en el pie de monte y en la altillanura, una oportunidad futura para el cultivo de café, con tecnología y variedades como las que Brasil ha implantado exitosamente en la región del cerrado, muy similar al llano colombiano.

En conclusión

La competitividad y el logro de las metas que se ha propuesto el gremio cafetero no pasa por subsidios monetarios, crediticios o cambiarios, ni por prácticas de incubadora que desincentivan el esfuerzo y frenan la dinámica empresarial, sino por el aprovechamiento de los notables avances y la transformación que ha tenido la caficultura colombiana en las últimas décadas, en el cultivo, el beneficio, la diversificación del producto, la industrialización y el mayor valor agregado, la comercialización y las mejores condiciones de trabajo y bienestar que se deben propiciar a las personas vinculadas con la actividad.

Para ello se requiere el apoyo inteligente del gremio que, como ningún otro está en capacidad de ofrecer, en las tareas que rebasan las posibilidades del pequeño caficultor, en la solución de problemas que dependen de variables que están por fuera de su alcance (investigación, acceso oportuno a insumos, comercialización internacional) y, sobre todo, en la capacitación y formación de los caficultores como empresarios.

* César Vallejo es hoy Codirector del Banco de la República, y  Jaime Vallecilla es investigador del Centro de Estudios  Regionales, Cafeteros y Empresariales CRECE; las opiniones aquí expresadas son exclusivamente personales y no representan las de las instituciones mencionadas.

Notas de pie de página


[1] J. Leibovich y Silvia Botello. 2009. Análisis de los cambios demográficos en los municipios cafeteros y su relación con los cambios en la caficultura colombiana (1993-2005). CRECE.

[2] Algunos municipios del sur del Tolima (Ataco, Planadas y Alpujarra) podrían  incluirse dentro del grupo suroccidental.