25 de septiembre de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Debilidades y fracasos de los partidos políticos colombianos

31 de enero de 2010
31 de enero de 2010

partidos

Pero al lado de esta razón coyuntural -y asociada con ella- hay otra explicación de la abundancia de candidatos, y es la gran debilidad de los partidos políticos,   o su incapacidad de aglutinar a grandes grupos de electores. Veamos:

El Uribismo ¿momento de una evolución?

La coalición de partidos que apoya al presidente Uribe ha sufrido un considerable desgaste a la espera de su decisión de buscar un tercer mandato. La posibilidad de acudir a las elecciones con otro candidato ha mostrado carencias y debilidades en cuanto a la organización y la doctrina del uribismo.

Si caracterizamos a los partidos políticos como asociaciones voluntarias de ciudadanos alrededor de unos valores, intereses e ideología comunes, que se dotan de una organización estable y jerárquica para asegurar su durabilidad, con el fin de contribuir de una forma democrática a la determinación de las políticas públicas -mediante la presentación de candidatos y programas en los diferentes procesos electorales-, debemos concluir que el uribismo no ha trascendido su carácter originario de movimiento político que gravita alrededor de la estrella del presidente.

La incertidumbre surgida en la coalición oficialista demuestra que desde 2002 no se ha avanzado en la identificación y definición de los ejes de un proyecto a largo plazo para Colombia. No hay claridad en lo ideológico ni en los mecanismos para ordenar la actividad cotidiana. Tras estos años, los seguidores del presidente han perdido la ocasión de contar con un aparato potente, moderno y sólido, que dotase a la acción política de orden interno y criterio unificador. Las direcciones de los distintos grupos uribistas han actuado más protegiendo las cuotas de poder de sus dirigencias que articulando estructuras territoriales, reglas de promoción interna y criterios para la selección de candidatos a los distintos cargos de elección popular. Esas deficiencias en la presente coyuntura han causado tensiones y desafecciones entre aquellos que albergan legítimas aspiraciones de llegar a la Casa de Nariño y, por tanto, han debilitado al conjunto.

Otro elemento para la reflexión del uribismo es el futuro de su relación con el Partido Conservador, que hasta la fecha ha sido una mera alianza táctica, debida en parte a una desigual correlación de fuerzas. Será necesario evaluar si hay suficientes votantes para que estas dos opciones coexistan separadamente, si es necesario formar una coalición o si ambas entidades deben integrarse en una sola.

Se antoja necesario afrontar un debate interno que acabe con especulaciones acerca de la volatilidad del uribismo como proyecto político y conduzca a su refundación, ahora sí, como partido político totalmente definido. Este proceso necesita un tiempo que la cronología electoral no ofrece, así que la tarea quedará, de nuevo, relegada por las elecciones.

Partido Liberal: estructura fuerte, liderazgo débil y programa impreciso

El Partido Liberal sufrió en las elecciones presidenciales de 2006 una debacle sin precedentes al quedar fuera de la segunda vuelta, desplazado por el Polo Democrático Alternativo. Ese fracaso llevó a César Gaviria a asumir la dirección del partido, presumiblemente  para renovarlo. Sombras y luces acompañaron esa labor, porque si bien se fortaleció la maquinaria territorial de los liberales no se produjo una clarificación programática ni hay liderazgos fuertes que transmitan la modernización del liberalismo colombiano. Gaviria construyó un genuino catch-all party, ante el que no cabe más que preguntarse: ¿qué valores representa el liberalismo en Colombia?

Gaviria puso su empeño en restañar la autoestima de las bases liberales, para lo cual avivó la llama de la tradición, pero sin emprender la concienzuda renovación y modernización de cuadros y proyectos ante los desafíos de Colombia en nuestros días. En ese proceso se optó por borrar los perfiles ideológicos, abriéndose simultáneamente a la izquierda y a la derecha y sin fijar un núcleo de principios sólidos, claros y, sobre todo, atractivos. Las encuestas y la participación en la consulta interna para buscar candidato para 2010, resuelta a favor de Rafael Pardo, parecen corroboran esta impresión.

De cara a la opinión pública la división, casi escisión, ideológica del liberalismo está encarnada en algunas de sus figuras más relevantes. Piedad Córdoba y Rafael Pardo representan dos polos opuestos de la misma tolda:

– Piedad Córdoba es la cara más controversial del Partido Liberal. La senadora ha ganado su prestigio como defensora de minorías y activista en pro del Acuerdo Humanitario. Ella representa el ala izquierda del liberalismo, "el liberalismo de avanzada", próxima al Polo Democrático Alternativo, incluso a la izquierda bolivariana continental. En múltiples declaraciones la senadora Córdoba ha puesto de manifiesto sus desavenencias con la dirección del Partido, cuestionando incluso la permanencia en sus filas.

– Rafael Pardo es conocido por su trabajo en el gobierno de César Gaviria -el primer civil en asumir la dirección del Ministerio de Defensa en 40 años-.  Tras el fin del gobierno liberal se acercó al uribismo, participando en la elaboración de la Ley de Justicia y Paz (aunque se mostró inconforme con su forma final) y en la primera reelección del presidente Uribe. Regresó al liberalismo de la mano de Gaviria, su máximo valedor. Representa el centro-derecha del Partido Liberal y, de algún modo, el más próximo a la política de Seguridad Democrática.

¿Cuál es el proyecto liberal que encaja en desavenencias tan profundas? Muchos ciudadanos se cuestionan qué ofrece el Partido Liberal, con almas escindidas y profundas contradicciones. De cómo se resuelvan dependerá el futuro electoral y social del partido.

Polo Democrático: dificultades para una izquierda realmente democrática

Al alcanzar la segunda vuelta el Polo Democrático Alternativo fue la gran sorpresa de las elecciones de 2006. Y lo fue por su novedad (resultado de la fusión de dos formaciones políticas, el Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática) y por su vocación democrática e independencia de las guerrillas de las FARC y ELN, que en el pasado han vampirizado y usurpado la representatividad de las organizaciones de izquierdas.

Lamentablemente la frescura que apuntaba ha durado poco, mostrando problemas parecidos a los de las otras estructuras políticas colombianas.

El principal inconveniente ha sido no definirse claramente, incapaz de decidir a qué izquierda pertenece: si a la moderada socialdemócrata -según el modelo chileno representado por Gustavo Petro y en su momento por Lucho Garzón, María Emma Mejía- o a una más radical -de un estilo más dogmático, personificada por Carlos Gaviria, presidente del partido y candidato en 2006-, o a una más posibilista y acomodaticia -cuya figura más importante es el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno-.

En la pugna que resultó de la combinación de egos y posturas enfrentados, al principio el ala más moderada fue marginada, para, tras el sorprendente resultado de la consulta interna para la elección de su candidato presidencial, recibir un fuerte espaldarazo con la victoria de Petro.

Pero la cuestión de fondo sigue abierta, porque la pugna personalista revela formas muy distintas de entender las principales cuestiones colombianas, sobre todo, cómo terminar con el conflicto interno y cómo enfrentar a la guerrilla. Y sin haber aclarado esta densa cuestión, cómo pretende el Polo ser tomado como una alternativa viable al gobierno. Las políticas creíbles se basan en la confianza.

Independientes: ¿nuevas sorpresas?

La primera elección del presidente Uribe se enmarcó dentro de la crisis de los grandes partidos por toda Latinoamérica. Como estamos viendo el tejido político todavía está ajustándose, adaptándose a las consecuencias de aquellos cambios y al nuevo escenario. Entonces ¿sería descabellado considerar la victoria de un nuevo independiente?

Los candidatos independientes suelen tener a favor que la opinión pública los percibe como opciones renovadoras y frescas, pero carentes de experiencia y de estructuras de apoyo masivas, lo cual limita la difusión de sus propuestas a nivel nacional.

Para 2010 los independientes provienen de la administración municipal. Por un lado emerge la figura de Sergio Fajardo y, por otro, los llamados "tres tenores" Garzón, Mockus y Peñalosa.

El impulso que están tomando las agrupaciones con más maquinarias institucionalizadas -con motivo del referendo o las consultas internas, según el caso- parece haberle quitado aire a Fajardo, que en su búsqueda de proyección quizá está mirando más al exterior del país que al interior, donde su programa sigue siendo un enigma.

La presencia de los tres antiguos regidores de Bogotá parece testimonial en esta contienda. La dificultad con la que están dando forma a su proyecto, plagado de vaguedad, no permite hacer muchas interpretaciones sobre su sitio en el espectro político colombiano.

Conclusión

De lo dicho se desprende que hay mucha inestabilidad en las formaciones políticas colombianas, en parte generada desde dentro de cada una, pero también por la legislación que rige el sistema político colombiano. La consolidación de un sistema de partidos políticos, capaz de otorgar estabilidad y confianza, es una pretensión imposible mientras el actual marco legal permita, acepte y reconozca el transfuguismo político. La posibilidad de cambiar de adscripción política a voluntad y según la conveniencia, es un caldo de cultivo óptimo para la corrupción y privilegia la proliferación de pequeños partidos, casi individuales, que se deslizan de una coalición a otra en búsqueda de prebendas para sin más ideología que el ansía de poder personal.

Como se puede apreciar la política colombiana debe afrontar una serie de desafíos referidos a sus partidos políticos, claves de una futura estabilidad del sistema electoral. El robustecimiento de los partidos políticos se antoja un elemento necesario para aumentar la representatividad y legitimidad del sistema democrático de Colombia.

La estabilidad institucional colombiana, así como la tradicional separación entre las elites políticas y la ciudadanía -por razones evidentes relacionadas con la violencia y el conflicto interno- se verán probadas en 2010. Independientemente de la elección presidencial, es imprescindible para vigorizar la democracia en Colombia, que las estructuras políticas se renueven y abran a los ciudadanos y que, por fin, haya partidos políticos en Colombia que respondan a sus bases y no sólo a sus elites.

* Licenciado en Historia de la Universidad Complutense, Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales  de la Escuela Diplomática de Madrid, autor de múltiples publicaciones y columnista de Asuntos del Sur, Observatorio Sudamérica XXI y Mundo Político.