16 de junio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

De farsa en farsa o el salario del miedo

19 de diciembre de 2009

Este año no fue distinta la tramoya, aunque tuvo un ingrediente al final que no estaba en los cálculos de nadie: los trabajadores o quienes se dicen sus representantes, comieron carretera y salieron convencidos que sí, que la inflación que canta el gobierno es algo importante, que los obreros deben estar agradecidos por las cuentas oficiales y que hay que seguir aguantando hambre para que todo marche de acuerdo a como quieren el Banco de la República, el gobierno y los potentados del sector privado.

Y si no creen, vean esta perla que abrazados y muertos de la risa, suscribieron conjuntamente los llamados dirigentes sindicales y los voceros de la opulencia al término de las una vez más fracasadas conversaciones:
… “Para la sostenibilidad de la inflación los bienes regulados deben estar en el corredor determinado por el Banco de la República, de suerte que se logre la meta del índice de precios al consumidor trazada para el futuro” (?)

Mejor dicho, estos dizque avispados dirigentes del sindicalismo, se dejaron meter el dedo en la boca, sin importarles que a sus supuestos representados que se los lleve el que sabemos de Aguadas.
Queda por ver si por ese pasadizo de terror diseñado por el Banco de la República, un colombiano promedio, casado y con dos hijos apenas, que va a ganar un mínimo de $510 mil pesos en el 2010, será capaz de hacerlo rendir en la siguiente forma:
Arriendo y servicios públicos: $250.000 (Doscientos cincuenta mil pesos). Nota: estos valores son ilusorios y solo pueden hallarse en el corredor del Banco de la República. De todas maneras, del miserable mínimo apenas quedarían $260.000 (Doscientos sesenta mil pesos).

 Una bolsa de leche vale ahora $1.700 (Mil setecientos pesos). Como el lácteo, además de traer a veces bastante agua es malo para el estómago, esta familia no compra sino una bolsa cada dos días, en lo que invierte otros $25.500 (Veinticinco mil quinientos pesos). Es decir, su salario ya queda en $235.500 (Doscientos treinta y cinco mil pesos). Menos mal que con esa opulencia, los cuatro miembros de esta familia pueden ingerir un cuarto de vaso de leche en cada almuerzo y cada comida. Ni modo de pensar que en un exceso de derroche, puedan desayunar y merendar con leche.

 Viene ahora otro alimento esencial para estos cuatro colombianos: la carne, la cual consigue a $5.000 (Cinco mil pesos) la libra, ya que es muy amigo del carnicero y además éste trabaja con los famosos precios del corredor del Banco de la República. A ese costo dispone comprar diez libritas en el mes, por valor de $50.000 (Cincuenta mil pesos) y el salario del miedo queda ahora en $185.000 (Ciento ochenta y cinco mil pesos). Menos mal que esta dieta proteínica tiene la ventaja de no alterarles el ácido úrico, y quedan en plena libertad de comer – si proporcionan bien la carne y no le quitan mucha grasa o nervio – seis suculentas rodajas de 83 gramos cada una, las que por tener que dividirse entre cuatro bocas, da para una ración de veinte gramos per cápita, para decirlo en el rebuscado idioma económico de los genios del gobierno y del Emisor.

Hasta aquí todavía podía uno pensar que sí, que el colombiano promedio devenga un salario que debe ser rebajado, como cínicamente lo han sugerido, entre otros, el ex ministro de hacienda, Alberto Carrasquilla y el director de Fedesarorllo, Roberto Steiner.

Pero queda todavía más. Como los dos hijos de este potentado estudian, ni modo de mandarlos a pie con semejante dieta alimenticia. Cada pasaje el año entrante estará a $1.400 (Mil cuatrocientos pesos) porque si se le aplica el 3% de reajuste a lo que vale ahora, quedaría en $1.339 pesos, y como no hay moneda fraccionaria y la cuerda se rompe por lo más delgado, pues a subirle más bien casi el 8%. Dos hijos son cuatro pasajes diarios ida y regreso, a $1.400 cada uno, da un total en el día de $5.600 (Cinco mil seiscientos) es decir, $28.000 (Veintiocho mil pesos) a la semana, o $112.000 (Ciento doce mil) en el mes.

Recordemos que el salario del miedo, ante el extravagante, ocioso y derrochador consumo de alimentos iba en $159.500 (Ciento cincuenta y nueve mil quinientos pesos) se ve reducido de repente a tan solo $73.000 (Setenta y tres mil pesos).

Con este abrumador superávit salarial, esta familia colombiana, bien alimentada y boyante, puede todavía para satisfacer sus gustos y excesos, adquirir 30 huevos a $300 pesos cada uno,  consumir uno cada cuatro días y cargar a la cuenta otros $9.000 (Nueve mil pesos) para dejar el sueldito en $64.000 (Sesenta y cuatro mil pesos).

De este pírrico saldo han de salir el arroz, el azúcar, la sal, los fríjoles, las legumbres, las frutas, las lentejas, el aceite, algo de carnes frías, quesito, mantequilla y de pronto algo de parva,  pero eso sí, con la advertencia de aquel padre prevenido… vaya mijo traiga $100 pesos de parva revuelta pero que no le van a echar mucho pandequeso.

Mientras tanto, los congresistas ganan $21.000.000 (Veintiun millones de pesos) mensuales y están buscando elevar su pensión de jubilación de $11 a $16 millones. Muchos de los que están en el Congreso o aspiran a estar en marzo, se gastan doscientos, trescientos y hasta cuatrocientos millones de pesos, dizque para trabajar por el pueblo, y este pueblo es tan estúpido que todavía las cree. Trabajar por el pueblo, dicen ellos,  como lo hicieron este año, cuando hundieron con su voto el proyecto que buscaba restablecer las horas nocturnas y los dominicales que les fueron robados a los trabajadores para favorecer a los empresarios, hundimiento que contó con la aprobación de muchos de los políticos y políticas antioqueños que ahora vuelven a pedirles el voto, a cambio del cual les dan tamales y trago.