18 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La absolución de Arango Bacci

30 de noviembre de 2009
30 de noviembre de 2009

Procesado por los delitos de concierto para delinquir agravado, revelación de secreto, prevaricato por omisión y cohecho propio, el alto oficial de la Armada Nacional ha vivido durante dos años y medio un calvario que ningún colombiano quisiera sufrir. Primero fue la investigación interna  para establecer la veracidad de las denuncias en su contra. Luego fue retirado de la institución y, posteriormente, llamado a juicio. Días más tarde se le libró orden de captura y fue privado de la libertad. Algo humillante para un oficial de alta graduación
 
Todo parece indicar que las pruebas para incriminar al almirante Arango Bacci en los delitos que se le imputan fueron un montaje en su contra, orquestado desde la cúpula de la misma institución. Este montaje buscaba, según parece, impedir su llegada a la comandancia de la Armada Nacional. Así se desprende de la decisión tomada por la Procuraduría en el sentido de pedir que se abra una investigación contra el almirante Guillermo Barrera, el vicealmirante Alvaro Echandía y el capitán de navío Luis Tobar Neira. Los tres oficiales, en concepto del Ministerio  Público,  armaron un complot para enlodar la carrera de Arango Bacci. De comprobarse esto, deberá caer sobre ellos todo el peso de la ley

¿Por qué se inició el proceso contra el almirante Gabriel Arango Bacci? Por tres razones: su nombre apareció en un computador del narcotraficante Juan Carlos Abadía, alias Chupeta, donde según las denuncias favorecía su actividad delincuencial con el movimiento de una  fragata ubicada en el Caribe. Luego aparecieron unos recibos por elevadas sumas en dólares, con la huella dactilar del alto oficial. Después se habló de una reunión con un narcotraficante, a donde supuestamente asistió el almirante. Con este acervo probatorio, la Armada Nacional remitió la investigación a la autoridad competente. Se inició así un proceso judicial que puso su nombre en la picota pública.

¿Qué pasó luego? Que después de una investigación en donde se allegaron todo tipo de elementos procesales, el Procurador Segundo Delegado para la Investigación y el Juzgamiento Penal, Jaime González Sarmiento, pide a la Fiscalía la absolución del implicado argumentando que para poder dictar sentencia condenatoria se debe  tener certeza de la conducta punible. La Fiscalía acoge esta petición al comprobar que algunos documentos no tenían valor probatorio. Lo que quiere decir, en lenguaje llano, que las pruebas aportadas al expediente fueron fabricadas, es decir, son fruto de un montaje amañado para lograr un efecto destructor. Una infamia que deja en claro la condición humana de quienes lo idearon.

El caso del almirante Arango Bacci trae a la memoria lo que le pasó al capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, acusado de haber entregado a los alemanes secretos militares. Como el almirante Arango Bacci, durante el juicio Dreyfus alegó su inocencia. Pero sus propios compañeros de armas, integrantes del tribunal militar encargado de juzgarlo, lo condenaron a prisión perpetua teniendo como base un informe falsificado. El juicio se reabrió como consecuencia de la carta abierta publicada por Emile Zola en el periódico L‘Aurore, conocida con el título “Yo acuso”. Se comprobó entonces que quien reveló los secretos fue el mayor Ferdinand  Walsin Esterhazy. Sin embargo, en una conspiraron para protegerlo, éste fue absuelto sólo para evitarle una vergüenza al ejército francés.

A Dreyfus se le absolvió después de 12 años de pagar condena por un delito que no cometió. Fue rehabilitado en su condición de militar, y condecorado en ceremonia pública con la Legión de Honor. A Gabriel Arango Bacci lo absuelven después de año y medio de estar detenido. ¿Cómo le van a restituir su honor? ¿Cómo va a recuperar su buen nombre? El daño ya está hecho. La Corte Suprema de Justicia debe, también, absolverlo. Una vez esto se produzca, la Armada Nacional no tiene otra alternativa que reincorporarlo a sus filas. Pero ni aún así se reparará el daño hecho a un hombre que siempre alegó su inocencia. Un daño que, colateralmente, lo sufrió toda su familia.