20 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Contrapunto

18 de noviembre de 2009

No es mucho. Son cerca de ochocientas denuncias y quejas entre disciplinarias y penales que duermen allí el sueño de los justos desde tiempos inmemoriales, sin que nadie se haya ocupado de imprimirles el conveniente impulso.

Alegan estos señores maquetas que no poseen ni los recursos humanos, ni los físicos para cumplir con el deber. Si dividimos ochocientos expedientes entre quince representantes esto arroja 53.33 para cada uno de aquellos sacrificados investigadores.

¿Qué tal pues que tuviesen 1.100 o algo más a cargo como ocurre con cada  magistrado del Tribunal Administrativo de Antioquia?

De la misma manera que a estos no cabría señalarlos de presuntos prevaricadores, porque nadie está obligado a lo imposible, a aquellos quince posiblemente sí porque, digan no más, ¿a cuántos cuadernos les han metido el diente a fondo en estos casi cuatro años de vacaciones investigativas? Probablemente a ninguno.

Ah carajo, de sobremesa ¡renunciaron! Claro, no se sabe si por vergüenza o porque estén padeciendo estrés agudo o surménage de origen patriótico. De todo se ve en la viña del Señor y lo que falta por ver mientras estemos vivos.

Valdría la pena escudriñar en esa Comisión de absoluciones y prescripciones de qué está hecha la burocracia subalterna que asiste a tan ilustres instructores. ¿Habrá allí alguien con antecedentes en la investigación, o solo protegidos? Me temo que estos deben abundar. Así ¿cómo? Imposible.

Lo que impacienta es que todo el mundo en este país reclama a rabiar que se aplique justicia a los rateritos, que los hacinen y se pudran en las cárceles, pero pocos se indignan por la impunidad que campea en torno a las conductas justiciables de los altos cargos de la nación.

No señores, el caso es que debe haber justicia para todos y lo que haya de archivarse que se archive, lo que haya de precluirse que se precluya, a quien se deba acusar que se le acuse, a quién haya que condenar que se le condene y a quien se le deba absolver que se le absuelva, pero no este estado de injusticia extendido que ha entronizado la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes.

O hagamos una cosa bien práctica: reformemos la Carta Política y démosle el merecido status de investigadores a los microbios que ahora hacen su fiesta entre esa montaña de papel infecto, en lugar de los señores representantes.

Ya saben, hay que porfiar en intentar elegir unos buenos representantes a la Cámara, bien sea que algunos con entereza puedan llegar a la desdichada Comisión a cumplir con el deber de administrar justicia a los de arriba. O, si es que ellos son intocables, entonces que todos seamos intocables. En eso consistiría la igualdad.

Tiro al aire: estado de derecho quiere decir que todo ciudadano tiene un juez. Pero como los señores representantes investigadores salieron en estampida, a la sazón han dejado sin juez al presidente, a los magistrados, al fiscal y a merced de la CPI. Estamos sin estado de derecho. ¡Asombroso!

* Candidato a la Cámara de Representantes por el conservatismo de Antioquia.