16 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Crecimiento negativo, visionar, cibermensaje

22 de octubre de 2009
22 de octubre de 2009

Por ejemplo, el 28 de septiembre escribió en LA PATRIA: “Completamos tres trimestres de crecimiento negativo”. Desde el punto de vista de un lego en la materia, tal expresión es un dislate, parecido a un ‘avance hacia atrás’. ‘Crecimiento’ es “Acción y efecto de crecer”; ‘crecer’, “2. Dicho de una cosa: Recibir aumento por añadírsele nueva materia”. Y ‘negativo’, “7. Mat. Que tiene valor menor que cero o está precedido por el signo (-)” (El Diccionario). Según estas definiciones, los dos términos se excluyen. En mis lecturas acerca de esto, alguien califica la expresión como ‘eufemismo’. No hay tal eufemismo. Es una contradicción. Inclusive, según mi raciocinio, dentro de lo que pueda abarcar el signo matemático (-) todo crecimiento debe ser positivo. Hay quienes relacionan la expresión con la recesión económica, que es una “depresión de las actividades económicas en general que tiende a ser pasajera” (El Diccionario). También, dentro de una recesión económica, si hay mejoría, hay crecimiento, lo que es muy ‘positivo’.

Tal vez el doctor Luis Alfonso Arias A. pueda explicarnos, con palabras comunes y corrientes, con las que la gente les habla a sus vecinos, la lógica de lo que a mí me parece un contrasentido. Y, por ahí derecho, me ayuda a salir sin daño de este predio ajeno.
Creo que esto nos sucede a todos: pensar que una palabra quiere decir lo que no significa. De este fenómeno fue víctima el señor Álvaro Segura López, quien así se expresó: “…sino los que tienen la capacidad de visionar y estructurar proyectos futuristas, sin personalismos ni intereses de por medio” (LA PATRIA, X-4-09). El verbo ‘visionar’, don Álvaro, tiene sólo dos acepciones: “1 tr. Cine, Telev. Ver imágenes filmadas para examinarlas desde el punto de vista técnico o crítico. 2 Creer que es real lo que es fruto de la imaginación”. Su frase -me parece, y si la entendí acertadamente- debió ser redactada de esta manera: “…los que tienen la capacidad de planear (o programar, diseñar) y estructurar proyectos para el futuro…”. O ¿se refería usted a los ‘soñadores, fantasiosos, quiméricos o visionarios? Porque son éstos los que ‘visionan’.

Por ejemplo, quienes prometen en campaña que con ellos en la presidencia de esta República sale ella del berenjenal en que ahora se encuentra.
“Por eso, quiero compartir un mail donde se destacaban las bondades de Suiza…”. Así escribió para LA PATRIA Jorge Iván Gómez Osorio el 7 de octubre. De este término -mail- dice la Academia en su “Diccionario panhispánico de dudas”: “E-mail. Término inglés que significa ‘sistema de transmisión de mensajes o archivos de un terminal a otro a través de redes informáticas’, ‘dirección para la recepción de mensajes enviados mediante este sistema’, y ‘mensaje así enviado’. Su uso -así como el de su abreviación ‘mail’- es innecesario, por existir alternativas en español en todos estos casos”. Lo que siempre he dicho: Si el castellano tiene la palabra correspondiente, ¿por qué usar extranjerismos? “La más frecuente en el uso -el libro citado continúa, y continúo yo descansando- es el calco de ‘correo electrónico’, válido para los sentidos señalados (…). Para referirse a la dirección, pueden emplearse también las expresiones ‘dirección electrónica’ o ‘dirección de correo electrónico’; y, para el mensaje, ‘mensaje electrónico’.

También son válidos los términos ‘cibercorreo’, ‘ciberdirección’ y ‘cibermensaje’. Términos, estos tres últimos, bien formados, pues nacieron de la unión de tres palabras conocidas y el prefijo ‘ciber-‘, nuevo en la gramática, definido así por la Academia: “(De ‘cibernética’). Elemento compositivo. Significa ‘cibernético’: Ciberespacio, cibernauta”. ‘Cibernética’, para que la nota quede completa, procede del griego ‘cubernetiqué’ (arte de gobernar una nave), a través del francés ‘cybernétique’ y del inglés ‘cybernetics’, y significa: “F. Estudio de las analogías entre los sistemas de control y comunicación de los seres vivos y de las máquinas; y en particular, el de las aplicaciones de los mecanismos de regulación biológica a la tecnología” (El Diccionario). Tome, pues, atenta nota de esta norma, don Jorge Iván, y practíquela, para la buena salud de su redacción; y difúndala, para provecho del castellano. ¡Así sea!