24 de julio de 2021
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El fantasma de la segregación

20 de septiembre de 2009
20 de septiembre de 2009

Empecemos por casa: Si viviera el inolvidable gobernador Fabio Trujillo Agudelo, no habría vacilado en calificar de mala hija de Caldas a la alcaldesa de Chinchiná, María Magdalena Builes, y en enfilar baterías contra la abortada cruzada para que su municipio, erigido en 1888, fuese anexado al departamento de Risaralda con sus 90.000 habitantes; sus 114 kilómetros cuadrados; los lagos de Balsora y La Esmeralda y la Colina del Sol.

Este pasajero achaque segregacionista fue comparado en bares y cafés de la vieja villa de San Francisco -que está a 22 kilómetros de Manizales y genera a raudales energía eléctrica y café del mejor sabor- con el berrinche armado por un hijo de papi que amenaza con abandonar el hogar y pedir admisión en casa de una familia vecina, si no le dan unos buenos auxilios se marcha, aunque sean en devaluados pesos colombianos, para irse de rumba, pese a que en la familia elegida inconsultamente para su adopción tienen que sostener catorce muchachos heredados de la desmembración ordenada por la Ley 70 de 1966.

Si se hubiera tomado la molestia de revisar la historia reciente de la comarca, habría descubierto la tardía discípula de los separatistas históricos Camilo Mejía Duque y Ancízar López López que en un empeño tan descabellado como el suyo fracasó en el 2006 el entonces alcalde de Sevilla, Óscar Salazar Henao, quien pretendía trastear su municipio del Valle del Cauca al Quindío por una supuesta desatención del poder público concentrado en La Sultana.

Como la epidemia se pone de moda por épocas, en la región nortevallecaucana quedó en tablas una propuesta lanzada al desgaire, en enero, por concejales de Cartago deseosos de tener por capital a la cercana Pereira, en vez de la lejana Cali, cuando ya se le adormecieron las mismas ganas a la clase dirigente de la Sevilla natal de nuestro eximio acuarelista Jesús Franco Ospina.

En el pasado tampoco fructificaron esfuerzos realizados por los habitantes de un manojo de municipios del norte tolimense -encabezados por Herveo, Murillo y Casabianca, críticos pertinaces de un supuesto centralismo ibaguereño- que luchaban por salirse del mapa original y quedarse en Caldas, departamento que después de haber padecido una doble segregación, en 1966, no demuestra el menor entusiasmo ante esta clase de movimientos secesionistas.  

Si de pronto la alcaldesa (que ha negado una y otra vez haber dicho lo que dijeron que dijo) vuelve a sentir antojos segregacionistas, podría pensar en contratar previamente una encuesta para que los chinchinenses digan si quieren dejar de ser caldenses; convertirse en risaraldenses; cambiar de mapa en el Atlas del Instituto Geográfico Agustín Codazzi y cederles a cambio de nada, al vecindario, las instalaciones de la Central Hidroeléctrica de Caldas y de la Planta de Café Liofilizado. Lástima que en este sondeo no puedan participar los fundadores del pueblo: Candelario Rodríguez, Marcos Cardona, Gregorio Restrepo y Luis María Silva, quienes hicieron su arribo al futuro poblado en 1857.

El amago separatista de doña María Magdalena tenía connotaciones meramente políticas. Ella misma lo admitió cuando declaró que se mantiene a Chinchiná en el olvido, pero abriga la esperanza de que en el marco del debate -cancelado antes de lo previsto- el departamento de Caldas mejore el tratamiento que le da al municipio insignia en el sur y el tercero en importancia, después de Manizales y La Dorada.

Para desestimar la reaparición del fantasma separatista en su territorio, el gobernador Mario Aristizábal Muñoz planteó -mientras el tema estuvo en primer plano- que no había argumentos de peso para la separación. Recordó que en Palestina –municipio situado a 10 minutos de Chinchiná- se está construyendo el Aeropuerto del Café y se ejecutará el Anillo Vial de la zona centro-sur, obras que generan progreso y empleo para estos dos municipios de Caldas.

El abogado chinchinense Wesner Molina Usma atribuyó estos brotes divisionistas a la trashumancia electoral; a la ineficacia de las últimas administraciones municipales de su patria chica y a las dificultades fiscales que no contribuye a resolver el ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, pese a ser el mentor político de la alcaldesa que armó el rifirrafe de la semana en el Eje Cafetero.

La apostilla: Contrastan estos inútiles conatos separatistas, en el Eje Cafetero, con la lealtad de Aguadas y Marmato, dos municipios caldenses que están pegados umbilical y geográficamente a Antioquia, y jamás se les ha ocurrido proponer que en los revolcones territoriales se les cambie a Manizales por Medellín como capital político-administrativa.