16 de septiembre de 2021
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Quindío, la tentación ecológica del turismo en Colombia

19 de julio de 2009
19 de julio de 2009

Quindío es un fecundo jardín botánico ecuatorial que quiere mostrar al mundo sus riquezas turísticas ecológicas concentradas en solo 1,947 kilómetros cuadrados de tierras que se sitúan desde los 900 hasta los 4,500 metros sobre el nivel del mar.

En este reducido estuche de la naturaleza de Colombia se encuentran cerca de 8,000 especies nativas de flora y una de ellas, la Palma de Cera, es el árbol nacional. Otra, la Cattleya, es un género de orquídea reconocido oficialmente como la flor insignia de este país.

Quindío solamente ocupa 0.2 por ciento de la superficie colombiana pero posee al menos 500 de las 4,000 especies de los insectos lepidópteros diurnos registrados en todo el territorio nacional, incluido el gusano de cera, y sus bosques albergan 380 especies de aves de las 1,871 catalogadas en toda Colombia que lo hacen, por lo demás, el país más diverso del mundo en ese aspecto.

pajaritos''Si de algo podemos alardear los quindianos es nuestra condición biodiversa. Somos mezcla, mortero, combinación. Y esa alquimia cultural amasada históricamente es justamente la traza que nos identifica'', escribió Marta Lucía Usaquén en libro de impresionantes fotografías de Cesar Duque, El Camino del Quindío.

En sus ríos y lagunas este departamento alberga cerca de 29 especies de peces fluviales de las 451 de Colombia y su territorio ha sido en todos los tiempos un cruce estratégico de caminos que ha marcado el paso y algunas veces el curso de la historia colombiana.

En Quindío es posible improvisar un observatorio de aves y de vegetación desde casi cualquier puesto de su montañosa geografía.

Su magnificencia natural lo ha ido convirtiendo en uno de los más atractivos destinos para ecoturismo en Suramérica y es revelado como un secreto andino guardado por años en un país habitualmente reconocido apenas por sus costas en el Caribe.

El departamento ha transformado sus costumbres, sus paisajes y sus riqueza, en materia prima del turismo, sin perder su originalidad ni espontaneidad.

Las andanzas campesinas de a caballo y las rutinas de las haciendas se convirtieron en inusitado atractivo. Cada casa solariega de los viejos tiempos del café es hoy, sin cambiar de aspecto, una empresa turística que aloja visitantes y los alimenta con los platos de la cocina de siempre, basada en carnes de cerdo y de res, papa y yuca y granos de maíz.

trenUna pasión agropecuaria hasta entonces desconocida le dio paso a la construcción del Parque Nacional del Café, en Montenegro, uno de los 12 municipios de Quindío. Sobre 60 hectáreas de montaña, visitantes de todo el país y cada vez más extranjeros liberan adrenalina en multitud de juegos mecánicos asociados a la cultura regional y admiran exhibiciones permanentes de costumbres, mitos, arquitectura, música y arte del mundo cafetero colombiano.

 El entusiasmo por saborear el ambiente agrario y su entorno natural más tarde le dio luces al empresario Jorge Ballén para convertir su antigua hacienda cafetera, ganadera y frutícola en el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria, PANACA. Se basó en un refrán de su cosecha según el cual «no hay niño en el mundo que no sea feliz en una finca''.

Todavía más agropecuario que el Parque del Café, PANACA es en esencia una hacienda a disposición de cada uno de los visitantes con guías especializados. Su éxito en 10 años de vida ha sido tal que ya ha vendido franquicias en Bogotá y México mientras negocia otras con inversionistas de Centroamérica y Colombia.

El parque primigenio ahora tiene un hotel de cinco estrellas con caballos y cabras en el propio vestíbulo de entrada y un área de casas de recreo para venta y alquiler.

Pronto estará listo un anexo de pequeñas casas de hacienda con sendas áreas de huerta diseñado para jubilados que quieran consagrar al campo el final de sus días y al mismo tiempo tener a la mano las comodidades y los cuidados que necesitan debido a su edad.

Dentro de la misma línea de parques temáticos, el gobernador de Quindío, Julio César López, está impulsado la creación del gigantesco Parque del Agua, basado en la cuenca baja del río Quindío, desde el final de valle del Cocora hasta el comienzo del valle de Maravele, lo que incluye también el río Santo Domingo y las quebradas orientales del municipio de Armenia.

Este proyecto mostrará ''el milagro de las aguas'', según López, desde las lluvias y las nieves perpetuas aledañas pasando por su utilización en la caficultura y la agricultura hasta la recuperación de las fuentes naturales.

Otro proyecto en marcha es un parque de la salud que aglutinaría hospitales y centros de recuperación para tratamientos de salud en medio de la naturaleza que basa su estabilidad en la conservación de los dos recursos básicos: el suelo y el agua.

Después del archipiélago caribeño de San Andrés y Providencia, Quindío es el más pequeño de los 32 departamentos de Colombia y en la era prehispánica fue tierra de la desaparecida civilización Quimbaya.

La colonización del Quindío y en general de la comarca conocida como Eje Cafetero, que incluye el norte del Valle del Cauca, el norte de Tolima, Caldas y Risaralda, comenzó al final del siglo XVIII con movimientos de población emprendidos por habitantes de las regiones de Antioquia, Cauca y los altiplanos andinos de Cundinamarca y Boyacá.

Los movimientos colonizadores levantaron villorrios en medio de bosques devastados que con el tiempo habrían de convertirse en ciudades principales como Armenia, capital de Quindío, fundada el 14 de octubre de 1889. Hoy tiene alrededor de 350 mil habitantes.

cafeLa colonización implantó cultivos extensivos de café que fueron hasta hace poco la base de la economía colombiana. El país alcanzó a ser el primer productor del grano en el mundo, junto con Brasil, y todavía se precia de cultivar la variedad con la mejor combinación aroma y sabor suave.

 En 1966 Quindío fue fundado a partir de la división territorial del departamento de Caldas que también le dio origen a Risaralda.

El auge del comercio mundial del grano convirtió a la región cafetera en la que era descrita como ''la Suiza colombiana'' por la expansión de servicios públicos básicos de primera calidad, el mejor estado de las carreteras, una red pública de asistencia en salud y otra de educación escolar que contrastaban con el atraso del resto del país.

El café proporcionaba desarrollo económico continuo y estable, garantizado por un pacto mundial de cuotas que regulaba el mercado y aseguraba los mejores precios.

El Pacto Mundial del Café, con sede en Londres, se deshizo al final el siglo XX, los precios del grano se fueron al piso en un mercado sin regulaciones y a la consiguiente desgracia colombiana se le agregó la expansión de la enfermedad cafetera de la roya y la propagación epidémica de la broca, un mosquito devastador de cafetales.

En medio de la bancarrota subsistieron intactos los bosques nativos con su fauna y su flora así como los pueblos de montaña con su arquitectura clásica de la llamada colonización antioqueña mientras en las orillas de las carreteras y en los portales de haciendas era frecuente ver expuestos para la venta enseres y valiosas antigüedades adquiridas en Europa un siglo atrás cuando el café significaba una fortuna.

Sin la eterna bonanza del café, el Quindío consiguió basar de nuevo su estabilidad en la geografía y la naturaleza así como en las propias haciendas de la desaparecida «Suiza colombiana''.

De acuerdo con el empresario Héctor Londoño, en 1992 cuatro casas de haciendas improvisadas como hostales recibieron 315 turistas interesados en conocer la cultura y la región del café, rica en bosques y fuentes de agua. Para 1996 las casonas que alojaban visitantes eran 143 y hoy llegan a 600, incluida la del propio Londoño, en el municipio de La Tebaida, sin contar una decena de hoteles construidos con la misma vieja arquitectura colonial de techos altos cubiertos con teja española de tiesto y amplios corredores envolventes.