13 de diciembre de 2018

Desacralizar los políticos

Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política.
11 de diciembre de 2018
Por Julián Andrés García Cortés
Por Julián Andrés García Cortés
Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política.
11 de diciembre de 2018

Nuestra historia ha estado enmarcada por una subyugación feroz, nuestro destino ha estado regido por los intereses de unos cuantos, ellos mismos han trazado nuestra ruta y nos han obligado a creer, en lo que para ellos supuestamente, fue y es bueno. Nuestro destino siempre ha sido conducido por los hilos e intereses de algunas familias, y nos han hecho asumir como propios sus costumbres y tradiciones, además de crear “altares paganos” a sus nombres, discursos y actuaciones. Se mostraban, aunque aún lo hacen, como mártires e indispensables en nuestras vidas, y nos han hecho creer que tenemos que agradecer por cada acción y “sacrificio” que hacen desde el Estado para con el pueblo.

Su trabajo desde lo público siempre es visto como un favor, un servicio social, una vocación, pero su forma de cobrar es apoderándose de uno que otro recurso de las mayorías. Así ha sido nuestra historia, muchos doblegados ante pocos, haciendo venias, abriendo puertas y con una incondicionalidad frente a sus órdenes que nos ha condenado a 200 años de guerra y violencia. Pocos se escapan, políticos de todas las ideologías y partidos nos han obligado a hacer lo que ellos creen que es lo “bueno” y en la mayoría de los casos las consecuencias han sido catastróficas.

Ellos no caminan, levitan, y entre más alto haya sido el cargo alcanzado ya sea por elección popular o libre nombramiento y remoción, más alto son los pasos de su vuelo. Es posible que no todo sea culpa de ellos, seguramente esto ha sido una situación heredada y que en pleno siglo XXI nosotros como sociedad seguimos permitiendo.

La falta de educación nos ha creado un minúsculo criterio que nos imposibilita entender conceptos como por ejemplo, Funcionario Público, dos palabras que garantizan que ellos trabajan para nosotros y que deben obedecer nuestros mandatos y no al contrario, pero ellos mandan como si esto fuera la sala de su casa. Esa manía cultural de agradecer de forma sobreactuada a esos funcionarios públicos que solo están cumpliendo su obligación, les hacen creer que más que su trabajo están haciendo un favor. Bendita ignorancia.

Pero ningún pueblo está condenado por siempre, pese a nuestro analfabetismo político y a la poca voluntad de esos “políticos sacros” por garantizar los mínimos vitales y una educación de calidad, poco a poco vamos despertando y viendo la nefasta realidad que nos han hecho padecer.
Y aunque en tierra de ciegos, el tuerto es rey, en este país todavía la ceguera política es más que un problema de salud pública, y en época de elecciones siempre se ven recuas de personas detrás de candidatos llevando todo tipo de caprichos y aguantando improperios, esperando que después, al quedar electos se acuerden de ellos y devuelvan los favores con puestos. Así pues, se podría decir que están allí más que por convicción por necesidad, a lo que podríamos denominar la política de la mendicidad y del aprovechamiento.

Pero paso a paso todo va cambiando, este año se han dado grandes sorpresas en términos electorales (Fajardo y Petro en primera vuelta y la Consulta Anticorrupción) y aunque no se ha logrado el triunfo, muchos de esos “dioses políticos” han caído en desgracia y su popularidad, y ojalá también, su capacidad de manejo se hayan reducido.

La tarea no es fácil y pareciera que el tiempo no fuera favorable, que pese a los hechos actuales tales como: marchas, paros, encuestas de favorabilidad, falta de liderazgo de los gobernantes y defensa férrea de los derechos fundamentales por la ciudadanía, más temprano que tarde se volviera a la alabanza de algunos políticos, pero la esperanza está latente, y ojalá que la desacralización de los políticos esté cerca. Para eso son necesarios nuevos liderazgos capaces de asumir con humildad su papel en lo público, y el 2019 es una gran oportunidad.