15 de abril de 2021
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La pandemia y la inteligencia artificial

26 de marzo de 2021
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
26 de marzo de 2021

La pandemia  aceleró el uso de las herramientas digitales asistidas de Inteligencia Artificial (IA), cuyo progreso, portentoso, alucina. Sí, para creyentes fervientes que se cumple la profecía de una mente universal que regirá nuestro destino,  materializada en un supercomputador autónomo con capacidad de neuro-programarnos. Para los más moderados,  que hemos llegado al modelo perfecto del pensamiento, al que los hombres deben ajustar su razonar y actuar.

Es corriente que el ciudadano esté provisto de una prótesis espiritual, de un teléfono inteligente, que le ofrezca soluciones que estaría lejos de alcanzar sin su ayuda.  Waze por ejemplo. Proporciona al conductor información, minuto a minuto, de lo que acontece en el kilómetro siguiente de su trayecto. Ninguna mente humana puede igualar su capacidad para  almacenar y procesar la información de  miles de usuarios que reportan datos de la vía,  y con base en ella, y para tomar  decisiones en instantes: la ruta más eficiente. Y  como regularmente acierta, muchos le han cedido el privilegio de decidir.

Recurrentemente se acude al mito del alto  precio  que el hombre que juega a ser Dios, paga por su vanidad: el ser que crea se vuelve en su contra y lo domina. Es una versión con fondo bíblico, el robot que redime el pecado de Adán que desobedeció a su Creador. Es fuente de múltiples distopías cinematográficas, donde los seres en los que se encarna la IA, violan las leyes de la robótica de Asimov.

Es solo un mito . La IA es una construcción humana,  no lo puede ser a su entera imagen,  solo de ella adopta patrones de conducta, refinadamente obtenidos de analizar  infinitud de conductas, y plasmados en  algoritmos. Es la aplicación de una lógica, de una de las lógicas, con las que puede el ser humano resuelve  sus problemas.

Waze, maneja una inmensidad de datos para resolver las preguntas que mas comúnmente se hacen quienes conducen en un vehículo. Por donde se llega mas rápido y a un menor costo. Queda por fuera aspectos como el de la seguridad personal. No la tuvo en cuenta cuando una manifestación bloqueaba la salida del centro de Bogotá por la Circunvalar, y aconsejó una ruta que terminó siendo una trampa mortal. Es posible que esto sea corregido introduciendo otras variantes, como el peligro, sobreponiendo al mapa vial, la información de la policía sobre asaltos en la vía.

¿Y si la misma herramienta se diseña para crear nuevos y propios algoritmos? La IA es un saco de ellos, los que predeterminan pasos y soluciones para resolver problemas sin equivocaciones, ahí esta su perfección. Admitamos el sinsentido que la herramienta perfecta advierta una imperfección y  cambie su naturaleza a la de ser también problemática. Los problemas que se planteara  -como Arisa en Mejores que Nosotros – solo dentro de la frontera de los parámetros humanos que le fueron insertados. Nunca con la dimensión de los que se plantea el ser vivo, fruto de una evolución biológica.

La inteligencia artificial no puede ser superior a la humana, de la que toma una de sus lógicas. Y la de la eficiencia, por ejemplo,  no es la única que cuenta. Volviendo a la ruta del automóvil, cuentan otras motivaciones, como es la de buscar la más placentera por infinitud de motivos, razonados o inconscientes, por experimentar,  por la intuición o por  agüero.

La IA nos supera en el procesamiento en breve de la big data. La secuenciación del ADN tomó solo fracciones del tiempo que hubiera demandado la manualidad humana. En la capacidad albergar, memorizar y correlacionar información. Recoge de las personas  datos de ayer y de hoy, en todas sus esferas, privadas, sociales y públicas, y crea la ilusión de que conoce más a todos y cada uno de los habitantes del planeta, mejor de lo que cada uno se conoce a si mismo, y a los demás.

Ahí surge la amenaza: la claudicación del arbitrio del ser humano ante quien, por superarnos en algo, se le trata como superior como mejor que nosotros. Se deja a la voluntad de sus algoritmos  la elección de amigos, novias y parejas. Las preferencias musicales, – ¿y si se inclina por amiguismo  por las que produzca sus congéneres de IA? La de los gobernantes, según sus proyecciones fiables y sin márgenes de error, a costos menores que los que demanda la Registraduría Nacional Electoral.

Y cuando son más perfectos los productos de la IA, estos pasan a ser  el modelo, el paradigma de cómo los humanos han de realizar sus cosas.

Se han promovido programas para la Administración de Justicia, – Pretoria se llama el de la Corte Constitucional -, que sin duda serán  auxilio poderoso para identificar la totalidad de antecedentes de una decisión, categorizarlas, y ordenarlas en contextos estadísticos.

Pretoria va a cumplir una tarea acorde con la manera muy peculiar de la actividad judicial colombiana, aquella mediante la cual, por tutela se administran al por mayor prestaciones.

En un estándar internacional, la administración de la Justicia está concebida como aquella actividad orientada a resolver los casos difíciles u oscuros, – teóricamente escasos-. La ganancia no es solo resolver el caso particular, el mayor beneficio es la luz que ofrece para casos futuros, la orientación para que los ciudadanos ajusten su comportamiento a esas indicaciones, y en esos términos cumplan pacíficamente la ley. Que el derecho fluya.

Nuestra tutela se ha especializado en conceder prestaciones, uno a uno, que no a administrar normas-. De las mas de seiscientas mil tutelas tramitadas el año 2019, más de cuatrocientos mil de ellas, dos terceras partes, se ocuparon de dar respuesta al derecho de petición, y entregar medicamentos y programar intervenciones médicas.  Esta es una labor administrativa, que  no administrar justicia.

Dentro de la labor titánica que asumió la Corte Constitucional para culturizarnos en los  derechos humanos, debió emprender labores  de emergencia, pero terminó instalado en ella, haciendo de esa excepcionalidad, una situación común y cotidiana. Atribuyó a los jueces constitucionales,  además de dictar la sentencia, encargarse de su cumplimiento. Relegó a las autoridades administrativas, las que terminaron por  declinar el tener iniciativa para conceder derechos. El expediente que no tenga  encima un sello con grandes caracteres y en rojo de Tutela, no se mueve. Sin mediación de los jueces no hay salud. Esa fue la tragedia de cuarenta días de huelga judicial. Lo que debía ser meramente pasajero, el encendido del motor de la Administración, se convirtió el mayor traslado de competencias de la Administración a los juzgados, ahora convertidos en dispensarios o en oficinas de control de correspondencia.

Así, entonces a la IA Pretoria la están ilusionado de que administra justicia, que ella estructura las sentencia y define prioridades de revisión de tutelas. Y de contera que lo que hacen los  jueces, cuando dictan verdaderas sentencias que resuelven casos difíciles, lo hacen mal, morosamente, carecen de la agilidad de Pretoria.

Bajo de principio de la colaboración armónica entre las Ramas ,la Corte debe donar ese instrumento suyo a la Procuraduría y a la Superintendencia de Salud, para que puedan cuantificar la ineficiencia en sus labores de vigilancia en el respeto al derecho de petición y al de salud.