14 de abril de 2021
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Ciberdemocracia en Colombia, altamente fraccionada

19 de marzo de 2021
19 de marzo de 2021
Las redes sociales se están convirtiendo en una rica fuente de información para analizar datos en diferentes aspectos. Foto: Unimedios.

Una investigación pionera en el país, que utiliza los grandes datos (big data) para analizar la conversación política en Twitter –ciberdemocracia– demostró que Colombia se encuentra dividido entre dos tendencias: el uribismo y el antiuribismo.

Así lo evidenció un estudio sobre el debate político en redes sociales, que aplica técnicas reales cuantitativas (uso de big data) para analizar datos de redes sociales en términos políticos, algo que en Latinoamérica solo se había hecho en Argentina.

A través de técnicas de programación en R, que es un software para obtener datos, la investigadora Diana Isabel Carreazo Rodríguez, magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, accedió a la API (Interfaz de Programación de Aplicaciones) de Twitter, en la que se conecta toda la información, accediendo a los datos de las elecciones en el periodo de segunda vuelta.

Su tesis, dirigida por el profesor Francisco Gutiérrez-Sanín, se basó en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales del país (2018) y fue laureada como meritoria, en especial por su novedad metodológica.

El primer hallazgo de la investigación fue que Colombia no estaba dividido por líderes políticos sino por tendencias políticas, lo que para la investigadora Carreazo, “es algo muy grave, porque una sola figura política se convirtió en el eje de odios y amores”.

Sobre las características y tendencias del debate político en Twitter, la investigadora tenía una hipótesis, que fue confirmada con cifras: en Colombia habría altos niveles de segmentación y difusión de posturas negativas con el propósito de dividir la opinión.

Dicha fragmentación también se debe a la “ilusión” generada por el algoritmo de las redes sociales, que muestra a los usuarios contenidos similares a los que consumen o publican con frecuencia, haciéndoles pensar que la mayoría piensa igual. Por esta ilusión y fragmentación se identifica una mayor polarización.

Petr, Duqu y Urib

Con la API se buscaron las palabras que incluían las raíces de los líderes políticos tendencia para la segunda vuelta: “petr”, “duqu” y “urib”. Uribe se incluyó porque tenía más menciones y más influencia digital que Duque: la corriente política era el uribismo, no el duquismo. Al procesar estos datos, se obtuvo un total de 6.842.967 tuits.

Después de notar que aparecían muchas palabras “basura”, la investigadora Carreazo aplicó un filtro con la técnica de tokenización. Así, identificó las palabras más frecuentes que no hacían referencia a las elecciones y las eliminó junto con las conversaciones. Este proceso redujo los tuits a 1.938.830: el corpus riguroso utilizado para el análisis.

Por último, usó la herramienta Sentiment para acceder a los mensajes de Twitter, categorizarlos en tonalidades (neutra, negativa o positiva) e identificar las emociones de los usuarios en cada publicación.

Retuits muestran tendencias

En total, a la conversación política de segunda vuelta en Colombia se sumaron más de 180 países, con muy poca participación femenina. En general, las personas participan más compartiendo los mensajes de otros: de las publicaciones generadas en este periodo, alrededor del 82 % fueron retuits. Independientemente de esto, la persona más mencionada por ambas tendencias políticas fue Gustavo Petro (estaban en contra o a favor de él).

Otro hallazgo clave en la conversación de la ola antiuribista fue que solo un 8 % de las cuentas que participaron tenían 100 seguidores o menos, mientras que –en la tendencia uribista- este valor fue del 64 %. Aunque no se puede probar por completo que sean bots (generadores de mensajes automáticos), la poca o selectiva participación pone a estas cuentas bajo la lupa. Además, la tendencia antiuribista tuvo 3.300 cuentas de 0 seguidores (creadas solo para participar), mientras que la tendencia uribista sumó 16.000.

Al categorizar el lenguaje, se encontró que de las 100 palabras más frecuentes en la tendencia antiurbista, 25 eran groserías. En cambio, en la tendencia uribista solo 5 fueron lo fueron.

También se concluyó que más de la mitad de la conversación fue negativa por parte de las dos posturas: más del 57 % de los mensajes fueron negativos y casi la mitad fueron de odio, convirtiéndose en la emoción principal (diferente al hate speech).

La investigación señala que aunque se evidenció una ciberdemocracia en el país, existió una alta segmentación, en la que los caballos de batalla fueron el castrochavismo (para uribistas) y la no corrupción (para antiuribistas). Es probable que esto se haya dicho antes someramente, pero nunca había sido comprobado con datos, como lo hace este estudio, lo que supone una gran posibilidad para entender la cultura política del país.

“Cuando desde una valoración cuantitativa logramos entender la realidad de la conversación nacional, podemos proveer una información mucho más veraz”, puntualiza la investigadora Carreazo.

Agencia de Noticias UN – Unimedios