8 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Un simpatizante de los Contraplanos

20 de febrero de 2021
Imagen El Mundo

Por Orlando Cadavid Correa

El escritor antioqueño José Alvear Sanín es un veterano seguidor del Contraplano, que alguna vez no vaciló en proponernos que nuestras columnas fuesen recogidas y publicadas en un tomo pleno de humor y vida.

Una sugerencia parecida nos formuló, tiempo ha, el escritor y crítico gramatical caldense Efraím Osorio López, autor de tratados de largo aliento que reposan en muchas bibliotecas del país.

Sin ánimo “vitrinero”, rescatamos esta columna del maestro Alvear Sanín, titulada “Capitalinos ‘provincianos’ y ‘regionales’ nacionales, publicada el 26 de Marzo de 2008 en el desaparecido diario “El Mundo”, de Medellín:

“Por haber empezado a aparecer en las páginas de opinión desde temprana juventud y por haber seguido hasta hoy con el mismo interés por Colombia, soy probablemente el columnista con el archivo personal más nutrido.

El oficio del columnista es indefinible. Como a muy pocos se les engancha, es un trabajo benévolo, cuyos réditos son de naturaleza inmaterial, entre el altruismo y el narcisismo. Además la “colaboración” generalmente es a título precario, porque en el momento menos pensado la dirección del periódico suspende la aparición de tus escritos, por mil razones, respetables desde luego. En mi caso, después de más de veinte asiduos años, mi columna salió de El Colombiano. De ahí pasé a El Tiempo, donde Hernando Santos me invitó para escribir un artículo quincenal, que apareció 98 veces. Del rotativo de Envigado me sacaron mis estudios sobre el Metro y en el bogotano dejé de caber cuando los sucesores de don Hernando se sometieron a la tutela ideológica y tanatológica de Florence Thomas. En El Mundo estoy desde el ingreso del doctor Guillermo Gaviria, quien mantiene la página de opinión más libre, abierta y pluralista de Colombia. Quien compare lo que aparece en este diario y lo que sale en varios ‘nacionales’, fácilmente puede concluir que es más ‘nacional’ el periódico de la Iguaná que el de la avenida El Dorado, cada vez más light. En los últimos años se ha presentado una creciente migración de las mejores plumas del país de la gran prensa capitalina hacia El Nuevo Siglo (que es a Bogotá lo que El Mundo es a Medellín), El Heraldo de Barranquilla, Vanguardia de Bucaramanga, El País de Cali y El Colombiano. Hay que rastrear todos esos periódicos si uno quiere encontrar ahora a Juan Manuel López Caballero, Hernando Gómez Buendía, Cecilia López Montaño, Alfonso Gómez Méndez, Juan Camilo Restrepo, Carlos Lleras de la Fuente, Aurelio Suárez, Ramiro Bejarano, María Elvira Bonilla, Horacio Serpa, Ramiro Andrade, entre otros, para no seguir con la larga lista de columnistas independientes que afortunadamente recoge el periodista Rodrigo Jaramillo, sin cuyo excelente blog nos quedaríamos sin conocer, como la generalidad de los bogotanos de ahora, las opiniones disidentes. Es muy grave, pues, lo que está ocurriendo, porque ese desplazamiento de los analistas más autorizados hacia la prensa provincial crea un vacío en la formación de la opinión pública nacional, porque la actual gran prensa bogotana da una lamentable impresión de parroquialismo, frivolidad y servilismo palaciego, que combinados, fomentan un unanimismo pernicioso y antidemocrático. La tendencia que observo está conduciendo, vale la pena reiterarlo, a una gran prensa ‘nacional’ muy provinciana, mientras que en los diarios ‘regionales’ se analizan los problemas desde una óptica nacional, sin que –por desgracia– los comentarios trasciendan hasta la capital, donde todo se determina. Bogotá siempre ha mirado a la provincia con algo de socarrona condescendencia y mucho de aparente benevolencia, lo que se refleja en la creciente superficialidad de sus páginas de opinión. El control de la mitad de la prensa nacional, en términos de circulación, por una empresa española, no va a mejorar las cosas, porque la óptica de Madrid sobre Colombia es tan vacua como la de los bogotanos sobre Dabeiba; y la mira de las transnacionales de la información está cifrada en afanes e intereses muy distintos de los nuestros, muy afines a los de las empresas transnacionales que ya controlan “las grandes superficies”, la finanza, los servicios públicos, el comercio y la minería en el país.

Apostilla: Tomos con la recopilación de efímeras páginas de prensa, casi nunca alcanzan categoría de libro. La excepción será la recolección de los estupendos Contraplanos, de Orlando Cadavid Correa, cuando aparezcan como un volúmen pleno de humor y vida”.