18 de abril de 2021
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Pesadilla en alerta roja

25 de febrero de 2021

Por Octavio Hernández Jiménez * 

Como los huracanes, todo comenzó con un viento frío y unos remolinos de hojas y basura. No nos dábamos cuenta que las cosas habían empezado a comportarse en forma atípica. El INP comunicó que Caldas, para mediados de noviembre de 2020, llevaría 16.000 contagios históricos y sucedió que, para esa fecha, llevaba 21.000. Sobrepasó a Risaralda de tal manera que, el 22 de noviembre, Caldas tenía 22.308 contagiados, Risaralda 21.760 y Quindío 15.154. El departamento más afectado, en el recorrido de los primeros 8 meses de pandemia, había sido Risaralda, pero, en noviembre, como en una etapa ciclística, Caldas lo desbancó.  A 23 de noviembre, Risaralda y Quindío mostraron un leve descenso en cifra de contagiados.  

El director de la Territorial de Salud de Caldas, Carlos Iván Heredia, comentó: “Las cifras en Caldas exceden las estimaciones de los epidemiólogos ya que nos pasamos en más de 4.000 y, como vamos, estamos ad portas de una situación crítica, en lo relacionado al número de casos nuevos, que aún siguen siendo muy superiores a los recuperados diarios” (El Tiempo, 22 de noviembre de 2020, p.4.2).  

Alerta Roja: Una de las frases que no queríamos pronunciar ni escribir. Era un abismo que, siempre, pretendimos esquivar. Y llegó la hora de asomarnos a esa cañada. El lunes 23 de noviembre de 2020, Manizales llevaba dos días en alerta roja sanitaria debido al número sostenido de ocupación de UCI, en un porcentaje superior al 80%. Según el secretario de Salud Pública, Carlos Humberto Orozco, la medida afecto no solo las camas sino a los organismos de salud, hospitales, clínicas, EPS, IPS y el talento humano. Entramos en un estado preventivo, de alistamiento; se puso al máximo la capacidad de expansión de las entidades hospitalarias.  

Manizales tuvo una ocupación de UCI, el viernes 20 de noviembre del 73,19%; el sábado 21, cerró con un 68,09%. El miércoles había tenido un 80% y el miércoles un 84,26% de ocupación. La capital caldense llegó a 14 mil 809 contagiados, 6 mil 171 recuperados (muy pocos con relación a los infectados), y 8 mil 386 activos. Iban 206 fallecidos.   

Ocho de las 12 comunas de Manizales superaron los mil contagiados y en la zona rural había 447 enfermos de covid-19. El sábado 21 de noviembre, Caldas alcanzó los 21 mil 804 infectados, con 10 mil 22 recuperados y 11 mil 97 activos. Los fallecidos eran 410. Caldas estaba en alerta naranja, con un 71,3% de ocupación en las UCI (La Patria, 23 de noviembre de 2020, p.3).  

En esa situación, el caso de Manizales alarmó tanto que el Ministerio de Salud envió más de 30 paquetes con ventiladores, monitores y bombas de infusión; equipos de respiración asistida que llegaron el domingo 22 y de inmediato distribuyeron en 3 IPS de Manizales y 4 municipios.  

Entre las medidas de la Alerta Roja, se ordenó “activar en cada IPS la capacidad de expansión de las UCI al 100%”, “reforzar los esquemas de respuesta de primera y segunda línea de atención covid”, “monitorear la disponibilidad de talento humano en salud para servicios de urgencias, hospitalización covid y unidades de cuidados críticos”, “convocar y entrenar grupos de talento humano en salud voluntario en cada IPS”, “afinar los procesos de atención a los pacientes de riesgo cardiovascular y metabólico, garantizando la atención oportuna en la consulta, paraclínicos y medicamentos”.   

Un país enfrentado cara a cara con la Muerte como en el óleo del pintor Ramiro Ramírez en que el torero lucha a brazo partido con la calavera de un toro mientras la espada y la corneta aparecen tiradas en el suelo.  

Cándida Rosa Castañeda, docente del programa de Enfermería de la Universidad de Caldas, murió el domingo 22 de noviembre, por covid-19. Se le ofrecieron sucesivos homenajes por parte de colegas, alumnos y exalumnos; hubo un acto muy sentido, con flores y velones, en el Parque del Cuidado, frente al Hospital de Caldas. Allí, unas manos de mujer van adelante portando la linterna del desvelo y la vida.  

Según la Territorial de Salud de Caldas, en este departamento iban 383 personas del servicio hospitalario contagiados de covid. De ellos se habían recuperado 231. En Manizales, 99 personas de la salud contagiadas y los recuperados eran 67. El caso de Cándida Rosa era el primer fallecimiento en el personal de salud, en Caldas.   

Dos parejas de profesores de bachillerato murieron, en Manizales, en octubre y noviembre del primer año de la pandemia. En las dos situaciones, los varones estaban jubilados y las esposas esperaban la jubilación en los años por llegar. Por la covid, nadie pudo asistir a esos sepelios que, tiempos idos, era la ocasión para emotivos discursos, bandas marciales, y alumnos con flores como homenaje a la maestra o maestro fallecido. Gustavo Adolfo Bécquer musitaría: “Ante aquel contraste/ de vida y misterios, / de luz y tinieblas, / medité un momento:/ ¡Dios mío, qué solos/ se quedan los muertos!   

El 15 de enero de 2021 se alcanzó, en el mundo, la sobrecogedora cifra de 2 millones de muertos por coronavirus, aunque los contagios, en Colombia, el 3 de febrero de 2021, fueron casi la mitad del máximo (21.000) de los que se llegó el 15 de enero del mismo año. Contagios en Colombia, ese 3 de febrero: 11.025. Contagios acumulados: 2.125.622. Muertos el 3 de febrero: 3.041. Muertos acumulados: 54.877.  

La gente escondida, con ese miedo que antes, en forma arrogante, se daba el lujo de desafiar. Por cuenta de la pandemia, se modificó el paisaje del departamento pues, aunque la alerta roja se sentía sobre todo en la capital, en los demás municipios por lo sucedido en ellos o por los informes de redes, televisión y radio, han sentido pasos de animal grande.  

En diciembre, la Gobernación de Caldas con la Policía Nacional, el Instituto de Bienestar Familiar, la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría se enfocaron en dos frentes: no permitir el uso de la pólvora y evitar las aglomeraciones. Los abusos en los dos campos generaban más ocupación de camas hospitalarias y el cupo estaba por llenarse. El gobernador de Caldas, Luis Carlos Velásquez, habló: “Recordemos que la manipulación de la pólvora no está permitida ni en adultos ni en niños. Este año se suma el coronavirus que deja muchos fallecidos y familias destruidas. Por favor, tomemos conciencia”.  

El miedo se relaciona con algo que puede amenazar nuestras vidas o causarnos algún daño. Uno no le tiene miedo a algo pasado como pasado; de tratarse de algo que ya sucedió, puede aflorar el miedo a que reaparezca. La pandemia de covid-19 no solo se convirtió en amenaza para la salud, sino que copó muchos aspectos de nuestras vidas por lo que sentimos angustia ante la incertidumbre.  

Una comentarista de prensa, organizó un sartal de miedos sin esperanzas de extinguirse: “Miedo a enfermarnos. Miedo a morirnos. Miedo a que alguien a quien amamos, muera. Mido a que nos boten del trabajo (si es que tenemos). Miedo a que las cosas nunca vuelvan a la ‘normalidad’ (e incluso a que sí lo hagan). Miedo a que no puedan sacar al mercado una vacuna. Miedo a que, si lo logran, nos haga daño” (Alexandra Pumarejo, 18 de noviembre de 2020, p.2.5).  

Los colombianos padecimos cada día y cada semana transcurridos entre noviembre de 2020 y febrero de 2021, con la peste rondando nuestras vidas mientras el miedo se intensificaba y copaba los oscuros vericuetos en donde anidan los temblores, temores y terrores que han aquejado al ser humano desde la prehistoria. 

*Octavio Hernández Jiménez. Escritor. Historiador. Ex vicerrector Académico y ex Decano de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de Caldas.