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Mauricio Cárdenas, ¿candidato del Conservatismo a la Presidencia?

7 de febrero de 2021
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
7 de febrero de 2021

 El ex ministro Mauricio Cárdenas Santamaría ya está sonando para ser candidato presidencial del Partido Conservador en las próximas elecciones de Colombia, según le confirmó el presidente de esa colectividad política, Omar Yepes Alzate, al revelar los nombres de los posibles precandidatos que estarían en juego.

Pero, ¿quién es él? ¿Y, sobre todo, qué hizo como ministro de Hacienda del presidente Juan Manuel Santos en los últimos seis años de sus dos mandatos? ¿Y es cierto que estuvo también al frente de las carteras de Minas y Energía, Desarrollo y Transporte, además de haber dirigido a Planeación Nacional y a Fedesarrollo, el centro de investigaciones económicas de mayor prestigio en nuestro país?

Sobre esto y mucho más él mismo nos habló en el libro “Protagonistas de la Economía Colombiana”, cuya nueva edición está lista para salir en Amazon. 

Vida en aroma de café

Mauricio Cárdenas Santamaría fue el primer bogotano de su familia. Porque Patricia, embajadora en Japón y México, nació en Estados Unidos, mientras Jorge Hernán, destacado académico e investigador -fue decano de Administración en la Universidad de los Andes-, llegó al mundo en la capital de Antioquia.

Nació en 1962, cuando su padre, Jorge Cárdenas Gutiérrez, tras ocupar la jefatura del Departamento administrativo de servicios generales en el gobierno de Alberto Lleras Camargo (1958-1962), ya era vicepresidente financiero de Ecopetrol, de donde dio el salto a un cargo similar en la Federación Nacional de Cafeteros, entidad de la que sería gerente general durante casi dos décadas (1983-2002).

Mauricio, entonces, vivió en aroma de café desde pequeño. Acompañó a su padre en muchas giras por la zona cafetera y, en una finca de la familia por los lados de Cajicá, los asuntos del grano eran tema obligado en las reuniones sociales de los domingos, cuando por allá desfilaban ex presidentes y ministros, empresarios y expertos, amigos y más amigos.

Esas reuniones familiares fueron decisivas en su formación. Incluso las de Medellín, donde pasaba sus vacaciones escolares en las casas de sus abuelos maternos y paternos. De ahí que en él influyera también otro pariente, Peter Santamaría, decano de la prestigiosa Escuela de  Minas.

Los Santamaría, a propósito, son descendientes directos del general Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878), dentro de un frondoso árbol genealógico por punta y punta. Por ejemplo, José Gutiérrez Gómez –Don Guti- (1910-2006) era su tío-abuelo y padrino de bautizo.

De los Andes a Fedesarrollo

En su hogar se respiraba un ambiente educativo. “Había que estudiar, no sólo botar corriente”, dice. Si hasta veían a su mamá atendiendo la casa y preparándose para un examen en la universidad, donde entró después de estar casada y con varios hijos.

A Mauricio le atrajo la Economía. Por eso cuando concluyó el bachillerato no dudó acerca de cuál sería la carrera con la que habría de ganarse la vida. En algún momento pensó estudiar Ciencia Política, pero la descartó en un abrir y cerrar de ojos.

Entró a la Universidad de los Andes, donde desde un principio se sintió a gusto en Economía, tanto por sus principios matemáticos (“Siempre me han gustado las matemáticas”, aclara) como por los problemas sociales que se abordaban en las clases respectivas.

“Es un buen matrimonio”, asegura. ¿Cuál? El análisis social -responde- con elementos propios de las ciencias exactas, o sea, una ciencia social donde, más allá de la especulación teórica, se impone el conocimiento cuantitativo, afincado en hechos concretos, objetivos.

Se graduó como economista en 1985. Y como dos de sus profesores, José Antonio Ocampo y Guillermo Perry (1945-2019), estaban al frente de Fedesarrollo -el primero como director y el segundo como investigador asociado-, fue a parar en tan prestigioso centro de investigación económica y social, el mejor de su género en nuestro país.

“Aprendí mucho en Fedesarrollo”, dice con gratitud al hablar de Ocampo, Perry y Eduardo Lara, quien por aquel entonces era director de Coyuntura, la revista institucional de esa entidad.

Ocampo fue precisamente quien lo convenció de cursar su doctorado en el exterior. Él tenía deseos, claro, y cumplía con los requisitos básicos para hacerlo. No lo pensó dos veces cuando recibió la admisión para el programa correspondiente en la Universidad de California, en Berkeley, donde habría de permanecer durante cuatro largos años.

“No soy neoliberal”

En Fedesarrollo, Ocampo y Perry, con una orientación social en el análisis económico (socialdemócratas, diríase en el plano político), eran bastante críticos de la ortodoxia y aparecían, por tanto, como heterodoxos, amigos de la expansión del gasto público y la intervención estatal en el mercado, lejos de dejarlo a la deriva, en total libertad.

Eran neokeynesianos, en verdad. Mauricio Cárdenas, por su parte, estaba en esa época más cerca de ellos, no en el neoliberalismo a ultranza donde suele ser ubicado por provenir de los Andes. “Nunca he sido dogmático”, asegura.

Lo cierto es que en Estados Unidos, al menos durante el período que hizo el doctorado, había distintos matices “en la ortodoxia”, de lo cual era una prueba la misma universidad en Berkeley, neokeynesiana en términos generales (la línea de Fedesarrollo, insistamos), aunque sin descuidar el rigor técnico, matemático.

“Por eso no me considero neoliberal, aunque algunos me califiquen así”, sentencia.

En Berkeley fue profesor asistente de varios cursos de pregrado, donde llegó a ser, al término de sus estudios, profesor titular en la cátedra de Desarrollo Económico, honor que pocos colombianos -o latinos– tienen a su haber.

Su tesis de grado giró en torno al tema cafetero, como tenía que ser. Analizó, en particular, los ciclos económicos en cuatro países productores: Colombia, Costa Rica, Kenia y Costa de Marfil, seguramente con la asesoría, a distancia, de su padre y la vasta información de organismos como la Federación Nacional de Cafeteros y la Organización Internacional del Café -OIC-.

La tesis fue divulgada en revistas especializadas de Estados Unidos, siendo éste el comienzo de publicaciones similares con amplio reconocimiento en la comunidad científica de los economistas a escala mundial.

Y, como consagración definitiva de su paso por Berkeley, su universidad lo escogió después, en el año 2.000, cuando él fungía como flamante director de Planeación Nacional, para ser orador principal en el acto de graduación, previa llamada del decano de Economía.

“Es uno de los máximos honores que he tenido”, declara con honda satisfacción.

Ministro del Revolcón

Con cartón en mano, volvió a Fedesarrollo, cuya dirección ya estaba en manos de Eduardo Lora. Se dedicó a investigar y publicar sus informes que le fueron dando la imagen de respetable analista económico, entre los mejores del país, que ha disfrutado desde entonces.

Estando allí, el recién elegido alcalde de Bogotá, Jaime Castro (a quien conoció durante una conferencia que dictó en Berkeley), le ofreció varios cargos de importancia en la administración distrital, desde la gerencia de la Empresa de Energía hasta la de Acueducto y la Secretaría de Hacienda, que no quiso aceptar en principio.

Hasta que por fin asumió el reto de entrar a la administración pública. Fue así como en 1993 se puso al frente de la Empresa de Energía de Bogotá, donde trabajó en llave con su jefe inmediato, el alcalde Castro, aún en proyectos como el estatuto orgánico y la reforma fiscal, los cuales permitieron sanear las finanzas de la capital de la república.

Andaba en tales andanzas cuando el presidente César Gaviria, en pleno revolcón institucional de su mandato (1990-1994), lo llamó para ofrecerle el Ministerio de Desarrollo, cuyo puesto estaba vacante porque su titular, Luis Alberto Moreno, había renunciado para vincularse a la campaña electoral de Andrés Pastrana Arango.

Tenía escasos 31 años de edad. Entraba, pues, a formar parte del llamado Kinder de Palacio, siguiendo las orientaciones de quien sólo había tenido ocasión de encontrarse en dos ocasiones anteriores: durante la inauguración de El Guavio y en alguna reunión del alcalde Castro en la Casa de Nariño, donde el ministro Rudolf Hommes (1990-1994) le jaló las orejas por interceder en favor del mandatario local.

En el ministerio celebró las elevadas tasas de crecimiento económico a comienzos de la apertura y el correspondiente dinamismo de la industria y la construcción, sectores que pudo conocer a profundidad, en contacto permanente con los empresarios.

Concluido el mandato presidencial, tomó otra vez el camino de regreso a casa, a Fedesarrollo, como investigador asociado y luego como director, desde donde libró una oposición racional, respetuosa, en el plano estrictamente económico y sin razones políticas, al mandato de Ernesto Samper Pizano (1994-1998) en el marco del Proceso 8000.

Fue una decisión que no dudó en calificar como acertada, dentro del más alto nivel académico, con importantes investigaciones que consolidaron el prestigio de la institución, a la que dejó en sólida situación financiera, fruto acaso de la cabal aplicación de su amplia formación económica en Berkeley.

El salto a Minhacienda

En esta oportunidad, el presidente Andrés Pastrana Arango, con cuyo grupo político de la Nueva Fuerza Democrática se había identificado, le ofreció al comienzo de su mandato (1998-2002) el Ministerio de Transporte, para sorpresa de muchos.

A su modo de ver, era necesario modernizar la infraestructura del país para hacerlo más competitivo de cara a la apertura y la globalización, tarea a la que se dedicó por entero, si bien luego dio el salto a la dirección de Planeación Nacional, cargo que le caía como anillo al dedo.

De ahí pasó a la Titularizadora Colombiana, donde de nuevo trabajó hombro a hombro con el sector privado, sorprendido gratamente por el profesionalismo de nuestros empresarios y con el manejo cuidadoso de las distintas variables económicas para que el negocio en sus manos se volviera rentable, próspero y sólido.

Consiguió ese propósito, cabe anotar. Por esto aceptó retornar a Fedesarrollo por enésima vez, a la dirección que por lo visto permanecía aferrada a su nombre. Como en la parábola del hijo pródigo, era su regreso a casa, donde estuvo hasta 2008.

En 2011 fue ministro de Minas y Energía, de donde dio el salto en 2012 al ministerio de Hacienda, acompañando allí al presidente Juan Manuel Santos hasta el fin de su segundo mandato durante seis largos años (2012-2018), lo que es un verdadero récord nacional.

Mauricio Cárdenas ha sido, pues, digno heredero de su padre, Jorge Cárdenas Gutiérrez, quien acaso nunca imaginó que él llegaría tan lejos en la vida pública, donde aún le falta mucho camino por recorrer…

(*) Ex director del diario “La República” y Magister en Economía de la Universidad Javeriana. Autor del libro “50 Protagonistas de la Economía Colombiana”