17 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Laureano contra los totalitarismos

27 de febrero de 2021
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
27 de febrero de 2021

Hasta ahora está claro que corridos tantos años de manifiestos, acciones parlamentarias, escritos y varios libros, hasta 1935, ni uno solo de los políticos que siendo universitarios se agruparon como Los Leopardos e intervinieron muy jóvenes en la vida pública, mencionaron a Mussolini, ni a Hitler en sus discursos, ni en sus publicaciones.

Quien sí lo hizo, fue el jefe del partido conservador, Laureano Gómez. En el primer número de La Revista Colombiana del 1º. de abril de 1933, que fundó  con José de La Vega, apareció su ensayo “Hitler y la enseñanza de Fitche”, que formó con otros sobre Mussolini, Stalin y Gandhi, el volumen “El Cuadrilátero” (1935), estudios detallados sobre las personalidades de esas  figuras del momento, y especialmente de sus proyecciones históricas de acuerdo a lo observado y analizado por él hasta el momento que se vive. La condena a las ideas, a los programas y sobre todo a las actitudes de los líderes europeos  a los que hermana en su tendencia dictatorial, marcó un amplio contraste con su inclinación por el ejemplo de Gandhi y por su pensamiento.

Gómez salió  con su familia a Europa en plan de estudio en 1928. En la prolongada estadía en Europa en la que fue asiduo de las pinacotecas, los teatros, los salones de lectura, las sesiones de las cámaras, las universidades, y el conocimiento de personajes enriqueció su cultura, ahondó su inclinación por la historia e incentivó su privada debilidad privada por el arte. Visitó inclusive los talleres donde se editaba la Acción Francesa a cuyos directores León Daudet y Charles  Maurras conoció. La admiración por la fortaleza combativa del  último y su densidad doctrinaria, en el momento político que vivía  Francia, donde su catolicismo tenía más sentido, si puede decirse así, es explicable.  Pero la tentación totalitaria, la fascista, la que contempló en las calles de Berlín, de Paris, de Roma, nada tenía que ver con su concepción conservadora, inspirada en la Patrística y con estructurada formación escolástica, porque constituía un peligro para su partido.

Leámoslo en sus ensayos, esbozados mientras investigaba las causas, los orígenes, y veía actuar esas nuevas fuerzas, alrededor de 1930. Sobre el Duce: – No tenía programa, ni definido propósito.- Maravilloso oportunista que pasó de un lado al otro de la barricada cuando la suerte de la lucha había empezado a decidirse.  “El Estado liberal es cobarde y un Estado cobarde no tiene derecho a vivir” “El fin supremo del fascismo parece que debe ser la destrucción del Estado liberal” (Frases de Mussolini en Il Popolo d’Italia). – El régimen constitucional murió aquel día en Italia de infame muerte silenciosa, porque las mezquinas personas que lo habían profanado y prostituido no tuvieron ni el varonil decoro de la protesta, que hubiera ennoblecido la agonía. – Esta tendencia (la de Mussolini  y sus ideólogos, sobre todo G. Gentile) se llamó totalitaria, porque según ella el fascismo se confundía con la patria y era todo: todos los derechos; todo el poder, toda la fuerza. El resto del país no era nada. Nada en cuanto a derechos. No conservaba sino la obligación de obedecer.  – La dignidad de la vida civil desaparece ante el fantasma de una mejor vida material.

Laureano Gómez desnudó los índices de la gestión fascista, y todas sus reducciones. Y como se señalaban algunas mejoras, entre ellas  la de la arquitectura, preguntó: – ¿Qué ofrece éste en cambio de los que quita? ¿Qué concede a trueque de la libertad sacrificada, de la sangre vertida, de los incendios y destrucciones, de las inauditas y perseverantes violencias?  ¿Basta ello? ¿Es Italia más poderosa y respetada que hace tres lustros? Mussolini ha declarado- escribió Gómez- que el fenómeno fascista es peculiar de Italia y no puede ser imitado, así aludió a la frase citada medio siglo más tarde por uno de sus biógrafos, con la que  pretendió enfatizar la singularidad nacional de fenómeno fascista: “No es posible que en el extranjero el fascismo pueda ser entendido, ya que allí las  circunstancias históricas, geográficas, económicas y morales, son completamente distintas”. Y concluyó: – Iguales serán siempre los métodos de la tiranía. Comparad la mazorca de Rosas, con las milicias fascistas, con las tropas de asalto hitlerianas: no encontrareis diferencias esenciales.  – El sovietismo es un fascismo de mayor grado, un fascismo robustecido por la dimensión económica. – Y es erróneo ensalzar el fascismo como remedio y escudo contra el bolcheviquismo (sic); ni a este último como la defensa contra el ímpetu reaccionario del primero.

Las últimas citas son importantes porque en la década que comenzó se involucraron realidades más dramáticas. En esos años Laureano tuvo la curiosidad de asistir a intervenciones de Hitler. Y estuvo atento al “proceso deplorable” del “avance de la arbitrariedad”. Lo calificó de un imitador de Mussolini y que las justicias preconizadas por Goering, con su repugnante moral, siguieron como las alemanas “las inicuas máximas” de Maquiavelo, y las mencionó. “Hitler no es un grande hombre… Tal como  nos lo presenta la historia contemporánea, ese hombre es un malhechor; la obra tiene los estigmas de la manera como se ha cumplido y no podrá engendrar cosa buena, dañada como está su raíz” Y  finalizó este ensayo diciendo que “por la puerta del crimen no pasará Alemania al dominio de la humanidad”.

Estas citas tienen por fin suscitar la averiguación por estos textos, que produjeron sensación al momento de su publicación en Colombia, discusiones, sospechas, sobre todo en sus tradicionales opositores. Olvidaron que condenó a las dictaduras desde su intervención juvenil contra la de Rafael Reyes. Incluyó entre los sátrapas del siglo XX a Stalin, del que describió el modo ladino como se deshizo de Trotsky para suceder a Lenin y tomarse el poder y cómo después se deshizo de los que le ayudaron a hacerlo.    Y se inclinó por la figura de Gandhi, por su vida y su “fórmula de acción civil y política desconocida antes en la historia humana”. Y rechazó como inútil la violencia como instrumento partidista. No puede negarse que este libro también debió sorprender a los jóvenes que se perfilaban como nacionalistas.

El doctor Gómez estuvo aparte de la caída del conservatismo y del cambio de régimen, porque ya había preconizado el deterioro de sus dirigentes y de algunos presidentes. Alfonso López Pumarejo,  que la había intuido casi que expresamente y que buscaba el arribo del liberalismo al poder, era su amigo desde 1911. Al subir Olaya Herrera estuvo decidido a volver, pero el nuevo presidente lo confirmó en la Legación en Alemania, de acuerdo con su plan gubernamental y un tanto para mantenerlo lejos del país. Pero el propósito de Olaya no funcionó como se esperaba, según muchos conservadores, ni tampoco era compartido por muchos liberales a quienes les parecía Olaya muy complaciente. La verdad es que López nunca lo quiso, como Benjamín Herrera lo rechazó  cuando fue canciller en el pasado. La violencia empezaba a aumentar porque los liberales querían todo el poder y los conservadores no  querían ni se resignaban a perderlo. Como siempre, pagaron las consecuencias de quedarse sin empleo los maestros de toda una vida, los empleados menores y en algunos pueblos la lucha partidista arreció. El partido conservador no tenía cabezas visibles, Laureano Gómez renunció, y se vino a dirigirlo y a oponerse a esa violencia. A esto se sumó el conflicto con el Perú.

Gómez comenzó a denunciar los atropellos contra los de su partido, funcionarios y campesinos, en los dos Santanderes, Boyacá, Montería, el Líbano, y en otros lugares, también  la destrucción de la imprenta de El Deber de Bucaramanga etc., por lo que así terminó su primer escrito: “Sin el cabal respeto a los derechos individuales no existe sociedad civilizada” según el principio conservador. Sobre los hechos que ocurrían en nuestra región, preguntó: “¿No ha sido Caldas un departamento modelo de civismo y Manizales una ciudad de la más alta cultura en el país?” A una pregunta de la entrevista en El Espectador sobre si su partido se lanza a “una revuelta armada” contra el gobierno, contestó: “El conservatismo profesa como doctrina la inutilidad de la violencia”. El resto de su partido, incluidos los nacionalistas, lo acompañaron en el parlamento y en la prensa contra “la intensidad y extensión de la violencia” y el fraude en las elecciones de mitaca, con excepción de un grupo que según él, tenía entonces contratos con el Estado. Todos sus escritos de oposición, en los que encontramos las citas de este párrafo,  los recogió Laureano Gómez en un libro titulado “Comentarios a un régimen, publicado en 1934. En uno de ellos pidió directo:  “¡Presidente Olaya, no más sangres, no más fusilamientos sin fórmula de juicio, no más incendios!”