3 de marzo de 2021
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La tragedia de los medios de comunicación

22 de febrero de 2021
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
22 de febrero de 2021

Desde hace algún tiempo la opinión desfavorable hacia los medios de comunicación superó la favorable; cayó el nivel de confianza. Muchos medios se mueven de acuerdo con la pauta y así se maneja la noticia; a esto hay que sumarle que la desinformación crece como espuma por la masificación de las redes sociales.

Ante esta realidad los medios deben enfrentar las “noticias falsas” con “noticias verdaderas”; deben tener la capacidad de ejercer el contrapoder con periodismo de calidad, que persiga a los corruptos y señale las injusticias para de este modo recuperar las audiencias. Sin periodismo no hay democracia. Sobre estos períodos de crisis veamos el siguiente caso:

El periodista Alfredo Greñas

A lo largo del siglo XIX nacían y morían centenares de periódicos y publicaciones la mayoría político-literarias. En la época de las guerras civiles y de la polarización política, aparecieron los periódicos críticos, como “El Zancudo: Periódico Cándido, Antipolítico, de Caricaturas, Costumbres y Avisos” (Santafé de Bogotá).  Para escapar de las persecuciones acudían a los seudónimos. En esta época la historia del periodismo se relaciona con la del grabado; en este punto aparece don Alfredo Greñas, director de El Zancudo, y luchador contra el régimen de la Regeneración de Núñez. Pero Greñas tenía, además, un taller de dibujo y grabado en Bogotá y se convirtió en uno de los mejores grabadores de Colombia; por esta razón lo encontramos en la historia del Papel Periódico Ilustrado, de Alberto Urdaneta. Participó en la guerra civil, como liberal, en la causa de Aquileo Parra; pero terminado el conflicto dejó el fusil y tomó la pluma, oficio más peligroso que el campo de batalla, porque escribía contra Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, considerado un riesgo mortal. Su primer periódico fue El Posta, una publicación clandestina; se editaba en una prensa de madera portátil, que él mismo fabricó. Después publicó El Demócrata, que fue multado y suspendido, y luego dio vida a dos periódicos, El Barbero y El Zancudo.

Cuando se produjeron las manifestaciones de enero de 1893 contra la administración de Miguel Antonio Caro, llegaron las persecuciones del Gobierno y se estableció la censura para la oposición. En ese momento el periodista más perseguido era Alfredo Greñas, varias veces multado y apresado, pero ahora condenado al ostracismo. Don Alfredo salió para el exilio, pero antes fue castigado en la terrible prisión de Cartagena; de aquí partió rumbo a Estados Unidos, sin embargo por el camino decidió quedarse en Costa Rica. Sobre esta odisea escribió:

“Ya me tiene usted pisando suelo extraño, pero, en fin, estoy libre; no sabe lo que esta palabra significa para quien ha estado cerca de doscientas horas sin recibir aire ni luz en el más horrible de los calabozos en la cárcel de Cartagena […] Hicieron todo lo posible para que me diera la fiebre: ese y no otro fue el objeto que tuvieron en mira al llevarme a aquella ciudad. Es increíble que los hombres que se llaman grandes tengan pasiones tan pequeñas ¿Será que solo en el mal son grandes?”.

Pero ¿Qué pasó con el periodista? Encontró refugio, hogar y amigos en Costa Rica. A los dos años ya había comprado una imprenta y, con el tiempo, se convirtió en el padre del periodismo de ese país. Medio siglo después el presidente Alberto Lleras Camargo decretó la Cruz de Boyacá para condecorar a este inmenso periodista que seguía en el exilio; y un 20 de julio en la legación colombiana, en San José, ticos y colombianos aplaudieron el merecido homenaje. Murió el 16 de septiembre de 1949 y fue un duelo nacional en Costa Rica. En Colombia nadie lo recordaba, además estábamos sumergidos en la violencia política.